EL ROSTRO ACTUAL DE LA GUERRA

Manuela Mesa. Directora del CIP

 Los conflictos armados del siglo XXI  son de una naturaleza muy diferente al de hace tan sólo tres décadas. Se producen en el interior de los Estados y no entre Estados como ocurriera en el pasado. En el periodo 1989-2002, el 94% de los 116 conflictos producidos han sido intraestatales, y sólo el 6% restante, conflictos entre Estados. Aproximadamente el 42% de los conflictos armados actuales tienen más de veinte años de antiguedad, y sólo un 20% tiene un máximo de cinco años de existencia .53 pg 20

Se considera que hay conflictos armados cuando dos o más actores se enfrentan violentamente por el poder político o el territorio, y uno de esos actores se reivindica o es reconocido internacionalmente como el Estado. La gravedad de un conflicto se mide por el número de víctimas mortales, destrucción de infraestructura, impacto en el número de refugiados, entre otros factores.

Los conflictos armados modernos tienen diversas raíces. Una parte importante de ellos se producen en los llamados Estados Frágiles  o en colapso. Esa fragilidad tiene sus pilares en el sistema colonial, en el fracaso de la construcción del Estado nación en la fase poscolonial, en la integración dependiente en la economía mundial, y en la corrupción de las elites del poder local. El Estado está ausente o tiene poca capacidad reguladora sobre los conflictos cotidianos, con lo que aparecen estructuras paralelas de autoridad, dominio y control político y social, además de estructuras económicas irregulares.

Los Estados frágiles se han integrado en la economía mundial a través del comercio legal e ilegal de sus materias primas (petróleo, diamantes, uranio, oro, café, entre otros), la droga y generando complejas redes de compras y venta de armas. Aprovechan los procesos de globalización para explotar y vender recursos, comprar armas y blanquear capitales en mercados financieros desregulados.

La guerra clásica del pasado ha sido sustituída en gran parte por enfrentamientos armados protagonizados por grupos irregulares que, en su estrategia orientada hacia la población civil, violan e ignoran sistemáticamente todos los derechos y las normas básicas del Derecho Internacional Humanitario. Estos nuevos actores abarcan además de los ejércitos, las guerrillas, los narcotraficantes, las milicias armadas, grupos integristas violentos, sicarios, grupos de seguridad privados, niños soldados, traficantes de armas, entre otros. Utilizan métodos como el genocidio, la limpieza étnica, violaciones masivas de mujeres, los secuestros, las extorsiones, las mutilaciones, el terrorismo, las ejecuciones sumarias, reclutamiento forzoso de menores, etc. En estos conflictos la principal víctima es la población civil y además se convierte en objetivo en sí mismo, lo que tiene como consecuencia el aumento de personas desplazadas y refugiadas en los últimos años.

Existen múltiples factores de riesgo capaces de desencadenar el conflicto. Por ejemplo, la pobreza, la inestabilidad política, la injusticia, la apropiación de recursos,la religión etc.

53 pg 21La pobreza no está ligada automáticamente a la existencia de un conflicto armado, como lo muestra la gran cantidad de países pobres que nos sufren guerras, pero la injusticia social sumada a la represión política, a la falta de reconocimiento identitario puede conducir a la explosión de un conflicto. Más de la mitad de los conflictos armados actuales se producen en países con una renta por habitantes inferior a los 2.000 dólares.

La abundancia de recursos naturales ha contribuido a alimentar guerras en un amplio abanico de países del mundo en desarrollo: recursos como el petróleo y el gas natural, minerales y metales, piedras preciosas, madera y productos agrícolas como el café y derivados de las drogas. En casi la cuarta parte de las aproximadamente cincuenta guerras y conflictos armados activos en los últimos años, la explotación legal o ilegal de los recursos contribuyó a desencadenar o exacerbar un conflicto violento o a financiar su continuación. Naciones Unidas ha adoptado algunas medidas como los embargos sobre Angola, República Democrática del Congo, Sierra Leona y Liberia para evitar la destrucción del medio ambiente, la extracción ilegal de recursos y el tráfico de armas.

Los conflictos armados actuales están situados en Colombia, diversos países de Africa subsahariana (Angola, República Democrática del Congo, Somalia, Sudan, Costa de Marfil, Burundi, entre otros), (Israel-Palestina), Oriente Medio ,Irak , Asia Central (Chechenia, Asia suroriental (India-Pakistán), Indonesia (movimientos secesionistas), Afganistán.  Una situación importante es también la generada por la intervención de fuerzas de diversos países en guerras regionales, como es el caso de las fuerzas de Angola, Namibia, Zimbabwe y Ruanda que han estado luchando con diferentes bandos en la República Democrática del Congo.

Desde el 11 de septiembre se afirma que el terrorismo es la principal amenaza a la seguridad mundial. Se han incrementado los gastos militares y la ayuda al desarrollo se ha subordinado a objetivos militares y de seguridad. Los países más relevantes en la “guerra contra el terrorismo” reciben los mayores aumentos de la ayuda económica y alivio de la deuda. Pakistán, que dejó de recibir fondos debido a las pruebas nucleares y el régimen militar, se convirtió en 2002 en el cuarto receptor mundial de ayuda de Estados Unidos, con 600 millones de dólares. La UE y sus Estados miembros otorgaron otros 700 millones, junto con amplias preferencias comerciales. Las guerras emprendidas tras el 11-S en Afganistán e Irak exigen sumas elevadas para reconstruir lo dañado, detrayendo fondos de otros países y de necesidades de desarrollo. El argumento antiterrorista también justifica un aumento de la cooperación militar y policial. En el presupuesto 2004 la mitad de la ayuda externa total de Estados Unidos tiene objetivos de seguridad expresos, mientras que a finales de los noventa sólo era una cuarta parte.

Mientras tanto, en la mayoría de los conflictos actuales es esencial abordar las raíces de los problemas y formular propuestas que permitan una salida negociada y construir una paz estable y duradera. Esto parece cada vez más difícil cuando muchos de ellos son analizados desde claves antiterroristas.

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