Dorothy Day y el Catholic Worker

Dorothy Day y el Catholic Worker

 Manmen Castellano

Estábamos sentados allí, hablando, cuando entró Peter Maurin.

            Estábamos sentados allí, hablando, cuando empezaron a formarse colas de personas que decían: “Queremos pan”. Nosotros no podíamos decir: “Id, que vuestra hambre será saciada”. Si había seis panes y algunos peces, teníamos que repartirlos. Siempre había pan.

            Estábamos sentados allí, hablando, y la gente se acercó a nosotros. Aquellos que lo pueden tomar, que lo tomen. Salieron algunos, y así hubo espacio para  muchos más. Y, en cierto modo, la sala se ensanchó.

Estábamos sentados allí, hablando, y alguien dijo: Vámonos todos a vivir a una granja.

A menudo pienso que fue así de fortuito. Simplemente, se produjo. Ocurrió.

Y yo, mujer estéril, me vi como madre jubilosa de hijos. No siempre es fácil mantenerse jubilosos, tener presente la obligación de la alegría.

Algunos dicen que lo más significativo del Catholic Worker es la pobreza.

Otros dicen que lo más significativo es la comunidad. Ahora ya no estamos solos.

Pero la palabra final es el amor. A veces ha sido, como decía el padre Zossima, una cosa dura y terrible, y nuestra fe en el amor ha superado la prueba del fuego.

No podemos amar a Dios si no nos amamos unos a otros, y para amar tenemos que conocernos unos a otros. A Él le conocemos en el acto de partir el pan, y unos a otros nos conocemos en el acto de partir el pan, y ya nunca más estamos solos. El cielo es un banquete y la vida también es un banquete, incluso con un mendrugo de pan, allí donde hay comunidad.

Todos hemos conocido la larga soledad y todos hemos aprendido que la única solución es el amor, y que el amor llega con la comunidad.

Todo ocurrió mientras estábamos sentados allí, hablando, y aún continúa.

 

* * *

Este texto de Dorothy Day está tomado de la última página de su relato autobiográfico La larga soledad, publicado en castellano por la editorial Sal Terrae en el año 2000. El libro narra la historia del Catholic Worker (“Trabajador Católico”), un movimiento fundado por ella misma y Peter Maurin en Nueva York, en el contexto de la crisis económica de los años 1930. A lo largo de estos ochenta años, el Catholic Worker se ha convertido en una expresión encarnada del compromiso de la Iglesia con los más pobres y a favor de la justicia, en el país más rico del mundo.

Peter Maurin falleció en 1949 y Dorothy Day en 1980, pero el Catholic Worker sigue vivo en un movimiento muy descentralizado que engloba a casi 200 casas de hospitalidad en todo el mundo y que sigue fiel a su cita regular con los lectores a través de una docena de periódicos. En el año 2008, se publicó una edición actualizada de los “Fines y Medios” del Catholic Worker, formulados inicialmente en 1940. Este texto está disponible, como otros muchos, en www.catholicworker.org, y de él tomamos los siguientes párrafos.

El objetivo del movimiento Catholic Worker es vivir de acuerdo con la justicia y la caridad de Jesucristo. Este objetivo nos obliga a comenzar a vivir de una manera diferente. Recordamos las palabras de nuestros fundadores, Dorothy Day, quien dijo: “Dios quiso que las cosas sean mucho más fáciles de lo que las hemos hecho”, y Peter Maurin, que quería construir una sociedad “donde sea más fácil que la gente sea buena.”

Cuando examinamos nuestra sociedad capitalista (debido a sus métodos de producción y control de la riqueza) y burguesa (debido a su preocupación predominante por la adquisición de bienes materiales, y su énfasis en la respetabilidad y la mediocridad), nos parece que está muy lejos de la justicia querida por Dios. Esto tiene graves consecuencia en la economía, en el mundo del trabajo, en la política, en la moral, en las relaciones sociales, en la carrera de armamentos.

En contraste con lo que vemos a nuestro alrededor, y dentro de nosotros mismos, se encuentra la doctrina del bien común de Santo Tomás de Aquino, una visión de una sociedad donde el bien de cada miembro está vinculado al bien de todos, en el servicio de Dios.

Por ello, defendemos:

– El personalismo, una filosofía que se refiere a la libertad y la dignidad de cada persona como la base, el enfoque y el objetivo de toda metafísica y toda moral. 

– Una sociedad descentralizada, en contraste con la gigantismo actual del gobierno, la industria, la educación, la salud y la agricultura.

– Una “revolución verde”, para que sea posible redescubrir el verdadero significado de nuestro trabajo y los verdaderos lazos con la tierra, el comunitarismo distributista, auto-suficiente a través de la agricultura, la artesanía y la tecnología apropiada; una sociedad radicalmente nueva en la que las personas dependen de los frutos de su propio trabajo, de la ayuda mutua y de un sentido de justicia para resolver conflictos.

Creemos que esta necesaria transformación personal y social debe ser buscada por los medios que Jesús reveló en su amor sacrificial. Con Cristo como nuestro Modelo, a través de la oración y de la comunión con su Cuerpo y Sangre, nos esforzamos por las prácticas de:

– La no-violencia. Sólo a través de la acción no-violenta puede tener lugar una revolución personalista, pues un mal no es transformado por otro mal. Por lo tanto, nos oponemos a la supresión deliberada de la vida humana por cualquier motivo y vemos toda opresión como una blasfemia. La negativa a pagar impuestos para la guerra, a registrarse para el reclutamiento, a no cumplir con cualquier ley injusta; la participación en huelgas no-violentas y boicots, protestas y vigilias; la retirada de nuestro apoyo a los sistemas dominantes, a la financiación de las empresas o a las prácticas usureras son medios excelentes para luchar por la paz.

Las obras de misericordia (Mt 25, 31-46) están en el corazón del Evangelio y son claros mandatos para nuestra respuesta a “los más pequeños de nuestros hermanos y hermanas.” Las casas de hospitalidad son centros para aprender a practicar el amor, para que los pobres puedan recibir lo que es suyo en justicia, la segunda capa en nuestro armario, el cuarto de huéspedes en nuestro hogar, un lugar en nuestra mesa. Cualquier cosa que supere lo que inmediatamente necesitamos, pertenece a quienes no lo tienen.

El trabajo manual, en una sociedad que lo rechaza como indigno e inferior. Además de animar a la cooperación, además de superar las barreras y establecer el espíritu de hermandad (además de simplemente hacer las cosas), el trabajo manual nos permite usar nuestro cuerpo, así como nuestras manos y nuestras mentes.

– La pobreza voluntaria. “El misterio de la pobreza es que, al participar de él, nos hacemos pobres dando a los demás, aumentamos nuestro conocimiento y nuestra creencia en el amor” (Dorothy Day). La pobreza voluntaria, nos pone en el camino para encarnar la Iglesia de la “opción preferencial por los pobres”.

Debemos estar preparados para aceptar el fracaso aparente de estos objetivos, pues el sacrificio y el sufrimiento son parte de la vida cristiana. El éxito, tal como lo entiende el mundo, no es el criterio final de discernimiento. Lo más importante es el amor de Jesucristo y cómo vivir su verdad.

 

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