Derecho incondicional a la alimentación

Emiliano De Tapia

No es tan obvio como parece al decirlo. Millones de seres humanos sufren la hambruna, no pueden comer dignamente cada día. Y esto que parecía que solamente se daba lejos de nosotros, sin embargo, familias, grupos, personas jóvenes, infancia o mayores nos están hablando y reclamando solidaridad y justicia, derecho a comer, desde ámbitos cercanos de los barrios o de los pueblos en la misma “rica y civilizada Europa”.

Sin duda, la negación de este derecho o el control de este derecho, se convierte en una apuesta por enfrentar en el futuro. Se está negociando con el acceso de muchas personas a la alimentación; estamos en pleno estallido por hacer de la alimentación y todo cuanto la rodea un inmenso negocio desde los propios estados, desde grupos multinacionales o desde grandes grupos de presión y control del mundo de hoy, de sus pueblos, de sus gentes y de sus poblaciones.

Estamos asistiendo a un genocidio nada silencioso y terriblemente escandaloso cuando se ha decidido hacer negocio con los alimentos, controlar los excedentes y, lo que es mucho más grave, que los Estados se estén sometiendo a la voluntad y decisiones de grupos que han decidido usurpar y robar la autonomía de los pueblos campesinos en la producción y en el reparto de estas producciones.

Ya hace algunos años, en 2009, la revista de libre pensamiento La LLetra, en uno de los artículos del mes de marzo resumía el autor de manera muy clara la causa de fondo de este reto a enfrentar sin dilación en el corto plazo: “En las últimas décadas se ha incrementado desde la OMC y desde los distintos tratados comerciales entre norte y sur la presión para industrializar aún más las producciones de los primeros y dirigirlas hacia el mercado global. La liberación del mercado agroalimentario está siendo una falacia en los países centrales, que mantienen el proteccionismo de forma encubierta. Sin embargo, en los países empobrecidos está teniendo unos resultados desastrosos, expresados en las hambrunas crónicas, la emigración masiva y la profunda degradación de los ecosistemas. Por ello, en todo el mundo diversas organizaciones agrarias y rurales se han ido oponiendo a la conversión de la alimentación en una mercancía dentro del mercado global capitalista…”

Entre los documentos aportados para la V Asamblea de Redes Cristianas en octubre de 2015, se recoge una aportación de Esther Vivas hecha en el 2014 sobre “Los Mitos del Sistema Alimentario”; y, en la línea de reflexión y pensamiento anteriormente expuesta, dice: “En el mundo hay comida para 12.000 millones de personas. No debería haber nadie sin comer. Comida hay, y mucha, pero no acaba en nuestros estómagos… más comida no significa poder comer. Pues los alimentos en el sistema agroalimentario se han convertido en una mercancía. La cadena que une el campo con la mesa está en manos de unas pocas empresas del agronegocio y de aquellos supermercados que han convertido el derecho a la alimentación en un privilegio”.

En línea de futuro quiero hacerme eco teniendo de fondo este sencillo acercamiento a la problemática de algunas de las opciones que para una alimentación de todas las personas debiéramos de cuidar utilizando herramientas adecuadas para conseguir desarrollar esas opciones.

1.- Opción por otro modelo de vivir.

El empobrecimiento, sobre todo sobrevenido en los últimos diez años, está suponiendo la imposición de una manera de vivir para una parte importante de nuestra sociedad más cercana, como resultado de haber desposeído a muchas personas y grupos de los derechos más innegociables para una vida digna. Este modelo, que entre otros derechos niega el de poder acceder dignamente a la alimentación, busca el sometimiento y la manipulación con iniciativas como la de los Bancos de Alimentos para que desde la fragilidad de su exclusión no encuentren ni sean capaces de plantearse otro camino y otra salida que la del acceso servil a estas y otras propuestas  del propio sistema.

Otro modelo de vivir requiere plantear apuestas difíciles y hasta radicales en el momento actual; las Rentas Básicas planteadas en un contexto necesariamente comunitario y de distribución de la riqueza tiene que ser pieza fundamental para otro estilo de cuidar la vida de todos y todas.

Y en los cuidados de la vida, la alimentación tiene un papel fundamental. Asegurar este derecho humano como un bien asumido con responsabilidad por toda la comunidad ha de ser una parte importante del desarrollo de esta herramienta básica para redistribuir la riqueza.

El modelo actual, que niega o condiciona este derecho y otros, no nos vale para cuanto a lo largo de 25 años hemos ido vislumbrando en el horizonte otra sociedad y otras relaciones entre las personas.

2.-Opción por la soberanía alimentaria.

La “Vía campesina”, que aglutina a más de 200 millones de campesinos y campesinas, ha definido así la Soberanía Alimentaria: “Es el derecho de los pueblos a alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles y producidos de forma sostenible y ecológica, y su derecho a decidir su propio sistema alimentario y productivo. Esto pone a aquellos que producen, distribuyen y consumen alimentos en el corazón de los sistemas y políticas alimentarias, por encima de las exigencias de mercados y empresas. Defiende los intereses de, e incluye a, las futuras generaciones”.

En uno de los documentos aportados desde Euskal Herria a la V Asamblea de Redes Cristianas ya mencionada, nos hablan de la “Soberanía Alimentaria como una estrategia para resistir y desmantelar el comercio libre y corporativo y el régimen alimentario actual, y para encauzar los sistema alimentarios, agrícolas, pastoriles y de pesca para que pasen a estar gestionados por los productores y productoras locales”.

Crear, cuidar y participar en redes de comercialización de productos cercanos y de alimentación locales en las muchas y diversas maneras en las que aparecen, es una herramienta concreta y necesaria por la que optar por favorecer la sostenibilidad ambiental y el apoyo a los pequeños campesinos y campesinas, que han optado por no entrar en las cadenas de los mercados.

Sin  lugar a dudas, desde estas redes, podremos favorecer, sobre todo en el ámbito comunitario cercano, el derecho a la alimentación en cada uno de los entornos más precarizados.

3.- Opción por la alimentación como Bien Común.

Ni la Soberanía Alimentaria ni la opción por otra manera de vivir serán opciones claras y decididas si uno de los principios básicos desde los que hagamos nuestras apuestas de futuro no pasan por el convencimiento, que por otra parte ya aparece desde el ámbito cristiano en las reflexiones de algunos Santos Padres y la propia Doctrina Social de la Iglesia, de que “la alimentación debe ser vista como un bien común, independientemente de su forma de producción y su propiedad” (Revista Soberanía Alimentaria, nº 23, 2015).

Hay otro aspecto a cuidar hablando de Bien Común, y es la responsabilidad de los Municipios como garantes del cuidado de todas las personas, del bien común y de todo lo que lleva a la comunidad a disfrutar de los bienes comunes en el contexto local.

Hay tres herramientas que hemos de ir salvando con responsabilidad, apoyados en el municipio como espacio y organización a la que le debe corresponder la mayor y más esmerada de las tareas para propiciar alimentos: las semillas, la tierra y el agua. Estas tres herramientas son fundamentales en la producción de alimentos, y en muchos lugares son bienes comunes bajo diversa gestión. Muchos están abandonados o mal gestionados, o privatizados, o…; sería una gran tarea recuperar para el bien común muchos de estos medios que tienen los municipios y empeñarse con ellos en la tarea de procurar alimentación para todos y todas en acciones comunitarias.

Otra herramienta puesta desde el municipio para procurar el derecho a la alimentación sería la puesta en marcha del Consejo Alimentario, que ya está presente en algunas ciudades y pueblos. Según Fanny García Forés, en un artículo de la Revista Soberanía Alimentaria, nº 23: “Los consejos alimentarios se trata de una aventura por la que ya han transitado muchos municipios fuera del Estado español, logrando democratizar el sistema agroalimentario local, dando poder a las voces silenciadas y cambiando las políticas agroalimentarias basándose en criterios de justicia social y medioambiental.”

4º Opción por las personas campesinas y sobre todo por la mujer campesina.

La mujer es y ha sido mayoritariamente protagonista en los pueblos campesinos del mundo; y ellas, como parte del campesinado, han hecho que la humanidad se haya alimentado. No hay alimentación sin campesinos y campesinas, como no hay campesinado sin el papel protagonista de la mujer.

En el Cuaderno 4 sobre “Soberanía alimentaria y feminismos”, publicado por el sindicato Enhebizkaia y otros en 2015, se reflexiona sobre el papel de las mujeres y se dice que “si analizamos la sostenibilidad de la vida desde la relación entre la humanidad y la naturaleza igualitaria, se tendrían que dar cambios reales en el modelo de producción, reproducción, consumo y distribución, se tendría que resignificar el concepto del trabajo, especialmente el de las mujeres, reconociendo todos los trabajos de reproducción y producción, donde el Estado y los hombres lo compartan  y sea valorado de manera igualitaria”.

Probablemente, serán muchas más las opciones y las apuestas necesarias para un futuro con alimentos para todas las personas; pero algo de razón quiero tener en las que aquí sugiero. Es ya escandaloso y vergonzoso que estemos hablando todavía de satisfacer esta necesidad tan fundamental, pero intentemos hacerlo de la mejor y más humana manera posible. Para hablar del mercado y continuar alimentándolo, ya están otras personas y otras organizaciones.

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