Creamos lo que creemos

               Sólo podemos crear algo cuando creemos profundamente en ello, porque sólo se lucha conscientemente por lo que se ha soñado antes. Es cierto que los seres humanos nos dejamos llevar más veces por lo útil o por lo posible que por lo utópico. Utilidad, posibilidad y utopía no se enfrentan en la mente de las personas pasivas e indiferentes, sino en la mente de las más inquietas y críticas; es imposible trazar fronteras definitivas entre las tres. Pero si el único criterio al votar en unas elecciones o al pensar en clave política o económica es lo útil o lo posible en cada momento, difícilmente se puede soñar en un mundo mejor.

            El Partido Socialista ha ganado las últimas elecciones generales en el Estado Español. La apuesta -al menos teórica- que hace por mantener políticas sociales más abiertas y solidarias, a pesar de la crisis económica, es un signo que no puede dejar de valorarse, aunque sabemos que esas políticas van a estar condicionadas por el flujo y reflujo del mercado y por todos los poderes fácticos (incluida la jerarquía eclesiástica). Pero la victoria del Partido Socialista, acompañada de la pérdida de votos de partidos más genuinamente de izquierdas, ¿es la victoria del socialismo al que podemos aspirar? Ciertamente, no. ¿Existe o es posible creer -y crear- otro socialismo? Desde luego que sí. Pero hay que creerlo para crearlo.

            El futuro del socialismo no se termina en el programa ni en el poder de un partido que se autoproclama socialista, porque, al fin y al cabo, ese partido se ve obligado a tomar fichas en el juego del capital, ya que tiene muy poco margen de maniobra, aunque puede manejar, si quiere, ese margen mejor que la oposición conservadora. Por otra parte, colocar en el gobierno a un partido socialista (con un programa socialdemócrata que está dentro del capitalismo) no es el único modo de trabajar por el socialismo, ni mucho menos. Si estar vivo es mucho más que no estar muerto, ser socialista es mucho más que no dar el voto a un partido conservador.

            Es necesario seguir creyendo en la política -no sólo en la de partidos- para ir transformando la realidad social; la política es un instrumento necesario de lucha a favor de la igualdad y en contra de la desigualdad que produce el mercado sin control. De ahí que la búsqueda del poder moral, la formación de colectivos de organización política ciudadana que puedan ser escuchados internacionalmente, la banca solidaria, los movimientos reivindicativos de los derechos humanos, la visión de la vida en clave de mujer, el trabajo por la dignidad de los inmigrantes, las empresas cooperativas, la defensa del medio ambiente, etc. sean apuestas por otro socialismo posible.

            Nuestra revista, intentando apuntar siempre hacia la Utopía, dedica este número a reflexionar sobre otro socialismo, que tampoco será el único posible. Necesitamos que nunca desaparezca en nosotros la indignación ante el dolor de los más débiles y que utilicemos esa sabiduría de frontera (mirando siempre hacia la periferia social del mundo) que aprovecha lo útil, opta por lo posible cuando no se puede hacer otra cosa, pero, sobre todo, camina hacia lo utópico, con esa “esperanza subversiva” en la que tanto insiste Pedro Casaldáliga.

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