CONVIVENCIAS COMUNIDADES CRISTIANAS DE BASE DE MURCIA

VERANO 2008

Emilio Soriano y Alfonso Hernández

Miembros de Comunidades de Murcia

 

 Las comunidades de base de la Región de Murcia, como todos los veranos desde hace unos cuarenta años, nos hemos reunido también éste para convivir y profundizar en nuestra experiencia de vida comunitaria y de fe, comprometida con la renovación eclesial y la construcción de un mundo más justo y fraterno.

 Nuestro lugar de convivencia viene siendo, desde hace cuatro años, Sierra Espuña, un entorno natural que ayuda a la reflexión e interiorización. Este verano hemos tenido dos convivencias, de cinco días de duración cada una. Para la primera de ellas, hemos tenido con nosotros a Julio Lois, actual presidente de la Asociación de Teólogas y Teólogos JUAN XXIII, que nos ha hablado de “El Jesús de la historia” y, para la segunda, a Antonio Duato, director del portal “ATRIO” y presidente de la revista “IGLESIA VIVA”, que nos presentó “Alternativas de Iglesia y la nueva modernidad. Nuevos retos y estrategias para otra forma de ser Iglesia”.

 Vamos a intentar sintetizar en unas pocas líneas la riqueza transmitida por los ponentes.

En la primera, Julio Lois nos presentó un rápido, aunque profundo paseo por la investigación histórica sobre Jesús, destacando que el Jesús histórico no se corresponde con el Jesús real porque, por una parte, los evangelios no son libros históricos ni biografías sobre Jesús y, por otra parte, el Jesús que nos presentan los historiadores es un Jesús incompleto, ya que no se tienen datos para reconstruir una biografía suya.

 Seguimos con la relación de Jesús con el Padre y con el Reino. Jesús vivió en torno a estos dos polos de atracción. Dios se nos presenta en Jesús como el Dios del Reino. Toda la vida de Jesús es una vida confiada al servicio del Reino y, por ello, confiada sin fisuras a Dios Padre: “No se haga mi voluntad, sino la tuya”.

 La Iglesia, si es Iglesia de Jesús, tiene que estar descentrada de sí misma y centrarse en la tarea del Reino. Una forma especial de Jesús de mostrarnos el Reino es a través de los banquetes “escandalosos”: con pecadores, prostitutas, recaudadores…Jesús manifiesta una nueva forma de vivir que tiene su expresión en el banquete de fraternidad: se acabó la opresión, la marginación, la exclusión. Todos sentados a la mesa del Reino.

 La celebración de la Eucaristía nos lleva a asumir el compromiso de Jesús: “Haced esto en memoria mía”. Vivir la Eucaristía es comprometerse a vivir como vivió Jesús.

 De la Pascua a la muerte. Ninguna etapa del cristianismo se entiende si no es en relación con la cruz. La muerte de Jesús fue una muerte anunciada. La fidelidad es la causa del sufrimiento y la fidelidad de Jesús a la causa del Reino le llevó a la muerte en la cruz. La cruz, vista desde Jesús, es la expresión máxima de amor. Lo que salva no es el sufrimiento: es el inmenso amor que llevó a Jesús a ello.

 Pero, para los creyentes, el tema clave es la Resurrección. Dios es un Dios de vida, no un Dios de muerte. Somos seres mortales, pero no somos seres para la muerte sino para la vida. La Resurrección no es dar vida a un muerto: es acreditar la justicia. Dios reivindica justicia para los injustamente crucificados. A partir de la Resurrección sabemos que Dios está a favor de las víctimas.

 Respecto a la segunda convivencia, “Alternativas de Iglesia y la nueva modernidad. Nuevos retos y estrategias para otra forma de ser Iglesia”, desarrollado por Antonio Duato, podemos aportar el siguiente resumen:

            Tensión tradición-progreso o modernidad, que se da en el siglo XIX, con una particular polarización en España y los intentos de modernización que se produjeron en nuestra Iglesia: durante los últimos 100 años la historia de la Iglesia está llena de intentos fallidos por modernizarla; todas las religiones tienden a ser conservadoras. Si bien es verdad que la tradición es necesaria para situarnos en el universo y evitar la necesidad de volver a empezar, tiene el riesgo (hecho realidad frecuentemente) de legitimar instituciones de poder y situaciones “adquiridas”, por ello es necesario hacer una reflexión, un análisis crítico. El progreso hay que entenderlo como realidad y paradigma mental (evolución), considerando que en la aceleración y vértigo de la Historia “no siempre fue así”, y  que para que se produzca es inevitable un cambio exterior e interior en la persona.

            Características de la Modernidad:

Dominio de la razón crítica (secularidad), autonomía de la organización social (laicidad) y autonomía de la libertad humana (humanismo). Crítica que la posmodernidad hace de la modernidad: a) la razón se hace puramente instrumental (tecnocracia), b) la corrupción de las democracias sin ética (totalitarismos) c) la manipulación e infelicidad del hombre moderno (revival). La Nueva Modernidad replantea la Modernidad: a) La razón abierta, sabedora de sus límites y otras dimensiones, b) mundialización y ética necesarias para la democracia, c) necesidad de una espiritualidad para los individuos.

            Iglesia y modernidad:

a)      Momentos de encuentros y desencuentros al mantener la Iglesia a la filosofía como esclava de la teología. El concilio Vaticano II que convoca Juan XXIII por sorpresa en 1959, precedido por el sínodo de la diócesis de Roma y la reforma del derecho canónico, supuso el inicio de una renovación en la Iglesia que con el paso de los años se ha ido abortando. Sus novedades más importantes: el concepto de Dios Padre, de Dios amor; Iglesia pueblo de Dios; el compromiso sociopolítico; el concepto de libertad; liturgia participativa y festiva; supresión de determinadas normas, tabúes y prejuicios; una teología liberadora (nueva interpretación de las palabras del evangelio);  concepto de Reino de Dios…

b)      Análisis de la contrarreforma, estratégicamente programada, iniciada durante el pontificado de Juan Pablo II.

             Retos de la Iglesia española a los veinte años del Vaticano II.  Trabajo coordinado por Casiano Floristán y Juan José Tamayo (Ediciones  Cristiandad 1985):1. Acoger la modernización de la sociedad española como oportunidad de un mejor anuncio del evangelio. 2. Optar por un nuevo tipo de presencia evangelizadora en la sociedad. 3. Progresiva conversión de las estructuras eclesiales. 4. Retos de la Iglesia del disenso: resistencia de la base para que no se frenen los avances, la historia continua, nos corresponde el trabajo de divulgar, informar (hay mucha ignorancia y mucho fundamentalismo) hay que fomentar el espíritu crítico.

             Breve profundización en la obra (pensamiento) de Marcel Légaut, maestro espiritual laico: a) La fe en sí mismo, razón de ser: límites y creencias. b) El amor humano es la auténtica humanidad. Profundizar en el misterio propio y del otro. Amor de respeto y afirmación del otro. c) La paternidad como amor desinteresado (lo más nuestro no nos pertenece pues está llamado a ser él), d) El hombre creador de sí mismo, de su propia vida. e) Las dos opciones: o conocerse desde fuera (lo que me dicen) o conocerse así mismo desde dentro. f) separa las creencias de la fe: desde fuera es difícil llegar a la fe. g) la fe en Dios: de la fe en mi misterio y en el misterio del otro a la fe en el Misterio que nos envuelve a todos y que hemos llamado Dios.

Como complemento de las reflexiones en el gran grupo y en pequeños grupos, reunidos tras las exposiciones, tuvimos otras, en horario nocturno, para tratar del hoy de nuestras comunidades, del momento actual de la Iglesia, de los nuevos retos…

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