Colaboración: La Iglesia Doméstica

Juan MIguel Pons Vinent

Me preguntaba mi joven párroco si tras tanta misa televisada volveríamos a la parroquia. Le contesté que echaba a faltar a los treinta y tantos que asisten a la misa dominical vespertina a los que, al iniciar su homilía, llama comunidad cristiana, aunque de algunos desconozco hasta sus caras ya que ocupan los bancos traseros y desaparecen raudos.

Los caminos inescrutables

Me escandaliza esta iglesia global, a veces más meretriz que santa, que en su ritualismo puso a la comunidad dándose la espalda, ignorando que al Abbá se va a través del amor al prójimo al que es preciso verle la cara para, al menos,  conocerle y darle la paz aun a riesgo de pillar una tortícolis.

Por esos caminos que el Misterio de Dios nos traza y cuyos de designios amorosos son inescrutables, asistí en 1970 en La Granja (SG) en el Centro Pío XII para un Mundo Mejor, al primer cursillo a nivel nacional para comunidades cristianas de base. Fue una experiencia comunitaria inolvidable en cuyos ocho días me empapé del Concilio Vaticano II y mi concepto de iglesia dio un giro de 180º.Entre otras recuerdo una frase que decía:”La parroquia o es el lugar en el que las pequeñas C.C.B., cada una con sus dones y carismas celebran la Cena del Señor o es, simplemente, el lugar del cumplimiento (cumplo y miento).”

La celebración dominical televisada…

Llevamos ya varios domingos confinados, asistiendo a misa por T.V. en la que se nos pretende obligar a comulgar espiritualmente, como cuando éramos tiernos infantes que nos preparábamos para recibir la primera comunión. Recuerdo que hará algunos años un joven clérigo de mi isla (Menorca), por cierto secularizado y que no predicó precisamente con el ejemplo… escribió en la Hoja Dominical algo parecido a un artículo en el que mostraba su preocupación por la escasez de vocaciones sacerdotales y afirmaba  que sin sacerdotes no habría Eucaristía. Jopé! me dije, ¡lo que hay que leer!.

No sé si seré tildado de heterodoxo. El caso es que desde el domingo 22 de marzo, conjuntamente con mi mujer, conectamos con IB3 T.V.  y participamos de la misa que celebra el  obispo de Mallorca, menorquín de nacimiento y buen amigo cuando era cura raso, conjuntamente con Teodor Suau, sacerdote de una gran talla intelectual a la vez que humana y también amigo que visita regularmente Menorca y nos agranda el espíritu con su palabra hecha vida.

…y concelebrada y participada

Pues bien, en tan agradable compañía televisiva colocamos en un plato sendos trozos de pan fruto de mi trabajo de panadero aficionado y un vaso de vino y recordando las palabras de Jesús de Nazaret cuando dijo:”Cuando dos o…os reunáis en mi nombre, yo estaré con vosotros”, comulgamos al tiempo que lo hace el Obispo, con la esperanza  de recibirlo como laicos sin disfraces de ropajes dorados, capas pluviales, mitras, solideos y demás. Pensamos que Jesús de Nazaret en su cena d despedida con sus apóstoles y seguramente también con María, María de Magdala y las esposas de los apóstoles, no se proveyó de caros ropajes cuando instituyó la Eucaristía.

Diez Alegría, Botey, Seguí…

Mi mujer y yo pertenecemos desde hace 34 años a un equipo de los E.N.S. y también hemos formado parte de un grupo adscrito a Cristianos por el Socialismo que con los años ha ido feneciendo con la muerte de Diez Alegría, Jaume Botey y la avanzada vejez de Josep Seguí, aunque, como suele decirse: Qué nos quiten lo bailado. Recuerdo que hará unos 20 años Teodor Suau en la inauguración de curso de los E.N.S. de Menorca nos regaló una de sus amenas charlas y entre otras cosas nos dijo: Los curas somos una raza a extinguir y dentro de no muchos años la Iglesia la llevareis los laicos con una fe más sencilla pero  auténtica. Será algo parecido a sus inicios en Galilea. Ignoro si sus palabras serán profética.

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