Colaboración: El chuletón de Pedro Sánchez

Antonio Zugasti

Es muy conocido el frívolo comentario de Pedro Sánchez al artículo de Alberto Garzón en el que  este advertía de la necesidad de reducir el consumo de productos cárnicos. La generalidad de los comentaristas señala que con esas palabras el Presidente del gobierno ha desautorizado a su ministro de consumo. Pero lo que ha hecho Pedro Sánchez es algo mucho más grave.

Se ha cargado toda la credibilidad que pudieran tener las iniciativas que su gobierno dice emprender en favor del medio ambiente, empezando por la recién aprobada Ley de Cambio Climático y Transición Energética de España. Ha manifestado que le importan más los votos de carniceros y ganaderos que el cambio climático.  Incluso sin tener en cuenta que representantes de la ganadería extensiva en nuestro país sí se han manifestado de acuerdo con Garzón. Así es que, para Sánchez, si hay dificultades, y siempre las habrá, el cuidado del medio ambiente, que se espere.

Lo que dijo Garzón no es una genialidad que se haya sacado de la manga, tiene detrás a toda la comunidad científica. Está sobradamente demostrado que la ganadería industrial contribuye muy sustancialmente al cambio climático por la emisión de gases de efecto invernadero, y también a la contaminación de los suelos y del agua producida por el estiércol y los purines de las macrogranjas.

Otra cosa a tener en cuenta es lo que dicen los nutricionistas, porque está comúnmente aceptado que la dieta mediterránea, con menos carne y más vegetales, es más sana. Igualmente la propuesta de Garzón tiene gran importancia social, porque es indudable que se necesita mucho más terreno cultivable para alimentar a una persona con un régimen fundamentalmente carnívoro, que con un régimen mucho más abundante en vegetales. Alimentar a los más de siete mil  millones de seres humanos que poblamos la tierra exige que se prioricen los cultivos que puedan alimentar a mayor cantidad de personas.

El problema es que no nos acabamos de convencer de que una capa de pintura verde sobre los problemas medioambientales no basta. Estamos metidos hasta el cuello en una demencial civilización capitalista y  es necesario un cambio real y profundo de nuestra forma de producir y consumir. Y de nuestra forma de disfrutar de la vida.

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