Colaboración: Banca Ética y nuevo contexto económico (3): Reflexiones finales:

Los cambios económicos, sociales, tecnológicos y culturales se han acelerado mucho en los últimos años, tanto para lo bueno como para lo malo. 

3ª parte del artículo de Enrique Pañeda que figura completo en la sección «Otras publicaciones

Dificultad de perspectiva

Al estar inmersos en ese carrusel nos cuesta tener una perspectiva adecuada de las circunstancias y los retos que enfrentamos y también es difícil descubrir nuevas oportunidades, nuevas metas sociales y políticas y reunir las energías para transformar nuestras sociedades antes de que los efectos perversos de probables colapsos, desigualdades crecientes y tecnologías descontroladas nos aboquen a un retroceso civilizatorio. Al lado de la multiplicidad de iniciativas locales que trabajan para fortalecer el tejido cooperativo y la llamada economía social y solidaria donde las finanzas éticas ocupan un papel central, necesitamos también más “potencia de fuego” para una gestión macroeconómica y financiera innovadora. En la depresión de los años treinta del pasado siglo se juntaron la férrea voluntad política de Roosevelt con sus propuestas experimentales de “prueba y error” en el New Deal y la visión rompedora y “subversiva” de la economía ortodoxa a cargo de Keynes y las sociedades de aquel tiempo se articularon bajo nuevas premisas económicas y sociales en la posguerra. ¿Tenemos hoy en nuestro horizonte intelectual y material algo semejante para impulsar los cambios que necesitamos?

¿No hay alternativa?

Keynes

La tarea es de una extraordinaria dificultad porque el edificio intelectual y político construido por los conservadores a partir de los años setenta del pasado siglo se ha mostrado muy resistente y como le gustaba decir a la primera ministra Margaret Thatcher “no hay alternativa” (TINA, “there is no alternative”). Solo el enorme descrédito de esa filosofía y sus políticas, sacudida por el rescate gubernamental del sistema financiero que ha arrastrado por los suelos el mito de que el mercado libre es la solución, ha logrado empezar a “cuartear” el edificio del neoliberalismo. El incremento de las desigualdades, el crecimiento descontrolado del sistema financiero y las consecuencias innegables y devastadoras de la emergencia climática no encuentran respuestas en las soluciones de las políticas económicas tradicionales, carcomiendo su legitimidad y el apoyo a los gobiernos que las practican.

Tim Jackson

“Prosperidad sin Crecimiento”

Empiezan a señalar vías de salida, si bien todavía de manera incipiente y fragmentaria, colectivos, académicos, intelectuales e incluso instituciones venerables que no pueden cerrar los ojos ante el fracaso de los saberes convencionales. En esta lista de exploradores están los científicos sociales que cuestionan el dogma del crecimiento económico en un planeta de recursos finitos y hablan de “decrecimiento” o de “prosperidad sin crecimiento”, como el recientemente creado Centre for the Understanding of Sustainable Prosperity (CUSP) dirigido por el economista Tim Jackson, autor del influyente y multitraducido libro “Prosperidad sin Crecimiento”. O podemos mencionar la reciente iniciativa de los Bancos Centrales más importantes del mundo reconociendo que los riesgos asociados al cambio climático (es decir, las actividades y las inversiones de las industrias fósiles) son una fuente de riesgos financieros y planteando que el futuro está en las inversiones “verdes” lo que obliga a un redimensionamiento del sistema productivo y financiero de proporciones enormes. No es extraño que un concepto fundamental introducido por esas autoridades de supervisión financiera en sus estrategias sea la “incertidumbre”.

En estas circunstancias para finalizar hago mía una idea de José Luis Sampedro, uno de los hombres verdaderamente sabios que hemos tenido en los últimos tiempos. El hablaba de que toda época de crisis exige una doble estrategia para actuar razonablemente. Por una parte, aceptar lo heredado del pasado pero aprovechando la destrucción depuradora de la crisis para conservar de esa herencia sólo aquello que merece sobrevivir. Por otra, aguzar la visión para percibir la emergencia de lo nuevo y ayudarle a prosperar. Esto último es lo que debe impulsar la colaboración entre economistas, antropólogos, politólogos, sociólogos , filósofos y muchos otros, que, junto a colectivos y movimientos sociales, puedan alumbrar los paradigmas que den respuestas a los retos de nuestras sociedades.

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