Aproximación a la alternativa de Jesús desde el evangelio de Marcos

Evaristo Villar

 Pensar las cosas en forma alternativa supone siempre una novedad, al menos con referencia al orden establecido. Hablar de la alternativa de Jesús a 2000 años de distancia puede ser una temeridad. A estas alturas ¿qué no sabemos ya de Jesús de Nazaret? Y, sin embargo, vistas las cosas desde Marcos, evangelista, su utopía sigue casi inédita. ¿Podrán ser estos tiempos convulsos que estamos atravesando ocasión propicia para intentar llevarlo, en parte al menos, a la realidad? Siendo lo de Jesús parte muy sustancial de la memoria humana, ¿podrá su inspiración ser aún una alternativa válida para el futuro de la humanidad?

1. He dicho tiempos convulsos porque la psicosis general es de gran confusión. Se han quebrado muchas seguridades en todos los órdenes. No se ve fácilmente un camino de salida ni una puerta abierta a la esperanza. La crisis está causando verdaderos estragos en este superorganismo vivo que reproduce la vida y cuyos indicadores más llamativos son el cambio climático y la hambruna. Antes que sistémica, la crisis –con todas sus vertientes financiera, económica, energética, alimentaria, ecológica– es antropológica o de los valores que sustentan el proyecto humano y cósmico. Como dirá Frei Betto, se trata de una “crisis de humanidad” o de los componentes constitutivos del proyecto humano individual y colectivo. Si algo nos está gritando con fuerza esta crisis es justamente el error de estar convirtiendo los vicios privados en virtudes públicas. ¿Cómo salvar en semejante situación la libertad sin dañar la tolerancia, la igualdad sin menoscabo de la creatividad, la solidaridad sin ignorar la justicia?

Mi hipótesis es que la quiebra de valores arranca de algo previo y más profundo. Me refiero a la cultura. Antes que los mismos es el suelo cultural donde los valores se asientan y desarrollan como en su ambiente natural. Es decir, la cultura como cimiento y fundamento de la ética. Por ejemplo, no se llegaría tan fácilmente a la división política entre nacional y extranjero, que lleva frecuentemente a considerar “al otro” como enemigo, si previamente fuéramos capaces de verlo como un semejante con el que es posible normalizar relaciones de cooperación y solidaridad. No llegaríamos a violentar la tierra por la codicia y la usura, si previamente sintiéramos en propia sangre nuestra vinculación vital con la que es madre y origen de la vida. No llegaríamos, en otro orden de cosas, a considerar al religiosamente diferente o disidente como peligroso para nuestra estabilidad –hasta llegar a excomulgarlo–, si la cultura religiosa nos llevara previamente a mirarlo como alguien que con su diferencia nos enriquece individual y colectivamente.

La cultura, pues, como fuente de valores y base del comportamiento ético. Porque cuando la cultura falta –y los regímenes totalitarios de todo signo la saben muy bien para mantener en la ignorancia al simple fiel o al ciudadano– es mucho más fácil hacer pasar por paz la simple ausencia de guerra, por libertad el sometimiento al orden establecido, por justicia el cumplimiento de leyes corporativistas, por solidaridad la simple caridad. Lo dice muy acertadamente Rafael Hytlodeo –ese trotamundos portugués “tan prudente como Ulises, tan sabio como Platón”– en el primer libro de la Utopía de Tomás Moro: “lo que más conviene al rey es que sus súbditos posean muy poco o nada; el rey está más seguro en su trono cuando su pueblo no goza de demasiada riqueza y libertad, pues cuando hay estas cosas, los hombres no obedecen de buen grado las leyes duras e injustas; por otra parte, la necesidad y la pobreza abaten su audacia haciéndoles sumisos a la fuerza”.

2.El propósito de esta reflexión no es otro que el de enfrentar brevemente con esta situación –el espacio no da para más– la inspiración que late en la vida, discurso y praxis de Jesús de Nazaret. Como bien sabemos, esta inspiración se desprende fácilmente desde la memoria acumulada en los evangelios, singularmente desde el primero en el tiempo, el Evangelio de Marcos (el resto del NT es ya una “actualización” del mensaje que parece más original como el expresado en el texto de Marcos). A la luz de la nueva “hermenéutica simbólica” (cfr. Juan Mateos y L. Alonso Schökel, Nuevo testamento, Cristiandad), Marcos no pretende narrar una historia, sino transmitir una enseñanza; no relatar sucesos, sino mostrar las huellas que ellos dejaron. Sus relatos son composiciones organizadas de acuerdo a un plan pedagógico al servicio de la transmisión cultural de un mensaje fundamentalmente ético. Relatos figurados detrás de los cuales subyace la realidad histórica del hombre de Galilea. Con su peculiar forma de expresarse, Marcos concentra su plan pedagógico en la frase “Reino o Reinado de Dios” (dos sustantivos que, traduciendo la misma raíz griega, se aplican diferentemente de acuerdo al contexto: Reinado cuando se refiere al principio soberano y Reino cuando se trata de la consecuencia social y política de la aceptación de esa soberanía).

Sin entrar ahora en la metafísica que también animó la vida de Jesús y que recogió suficientemente la tradición cristiana posterior –que se ha calificado como “secreto mesiánico”–, la mayor preocupación del relato de Marcos parece centrarse en la visibilidad sociocultural del Reino de Dios, lo que en palabras más seculares podríamos llamar “sociedad alternativa”. Una forma de sociedad a la que, según se desprende del texto, se llega desde un doble movimiento: uno de salida de la sociedad montada sobre un sistema viejo y caduco y otro de entrada en la nueva sociedad levantada sobre otros valores alternativos. En este proceso no caben reformismos. La sociedad vieja se ha levantado sobre dos pilares engañosos que mutuamente se han legitimado: la propiedad privada, desde el punto de vista socio-económico, y el colaboracionismo religioso-cultural, desde el punto de vista político.

La propiedad privada, piedra angular del viejo sistema, se ha creído un derecho natural, innato, y, como tal, se ha considerado inmutable. Así entendida, la propiedad privada ha legitimado la acumulación, la desigualdad, la injusticia, autorizando a unos pocos el dominio de la tierra que, además de arruinar el planeta, ha normalizado la esclavitud y el genocidio poniendo las cosas en lugar del ser humano. De la propiedad ha nacido el mercado y el dinero, la necesidad de alambradas y de fronteras que parcializan la tierra, los ejércitos y las armas para defenderlas. Lejos de reaccionar contra esta deformación, el sistema religioso ha legitimado en nombre de Dios esta imposición sobre el ser humano y la misma tierra asumiendo la esclavitud o pérdida de libertad, la estratificación o pérdida de la igualdad radical y la apropiación o quiebra de la justa solidaridad.

Frente a todo esto el proyecto que se dibuja en Marcos apuesta por la plenitud humano/cósmica que se desprende del proyecto de Jesús, teniendo fe suficiente para dar el paso desde la sociedad vieja a la sociedad alternativa. En definitiva, mover los pies para ir saliendo del sometimiento y entrando en el ámbito de la libertad, desde la parcialidad y la estratificación a la igualdad, desde la legalidad injusta a la solidaridad cósmica y universal. En este sentido, y sin necesidad de acudir en todo a una justificación trascendente o mágica, el proyecto de Jesús presenta en Marcos una dimensión sociopolítica e histórica, oponiendo como una de las alternativas más firmes al viejo sistema.

Esta sociedad alternativa no es ninguna quimera. Se trata de una realidad que se desprende de la vida, praxis y mensaje de Jesús y que, como la semilla sembrada en la tierra, ya está germinando (4, 3-9); no viene desde fuera como algo misterioso o mágico, sino que nace desde el interior mismo del proceso humano y cósmico (4, 26-29); su enorme energía y fortaleza arranca de algo tan modesto como un grano de mostaza (4, 3-9); que sólo es un misterio escondido para quienes no han entrado en ella, pues a los de dentro “se les comunica su secreto”

(4 10.12); pero quienes llegan a entrar en ella la experimentan, como en el episodio de la tempestad sobre la barca (4, 35-41), como una magnitud absoluta sobre toda ideología y dominación.

3. El proceso pedagógico de Marcos hacia la sociedad alternativa lo dibuja Salvador Santos (Un paso, un mundo, El Almendro) con dos imágenes bien expresivas: movimiento de los pies y práctica subversiva de las manos.

El movimiento de los pies. Quizás El paralítico de Cafarnaún es el mejor ejemplo para mostrar que la fe que salva no está tanto en la cabeza (como algo mágico) cuanto en los pies que se ponen en movimiento (2, 1-13). El paralítico representa a la humanidad entera, físicamente en territorio palestino, pero excluida y desahuciada por la institución judía. Es la imagen más cercana a la muerte. El paralítico, junto a los porteadores que lo acercan a Jesús por el boquete abierto en el tejado, forma un único personaje que, superando las trabas de la institución, se pone en camino hacia su rehabilitación y hacia la vida. Al verlo, Jesús alaba “la fe de ellos”, y, superando la Ley que lo excluye y somete en nombre de Dios, reconoce su entrada en la sociedad alternativa por el movimiento de sus pies.

Si el espacio lo permitiera habría que presentar en este punto al “endemoniado de Garesa” (5, 2-17), en territorio pagano, excluido de la salvación por Israel y esclavizado por los terratenientes colaboradores de Roma, el imperio ocupante. Por el movimiento de los pies, rompiendo cadenas y grillos, se acerca a Jesús en cuyo proyecto encuentra la liberación.

La prÁctica subversiva de las manos. Tanto el leproso de Galilea (1, 39-45) como el hombre del brazo atrofiado de Cafarnaún (3,1-7) se acercan, contra la prohibición del Levítico y el precepto sabático respectivamente, y encuentran en la libertad que Jesús encarna su rehabilitación. Ambos son prototipos de la marginación religiosa y social judía contra la lepra y la enfermedad. Pero las manos de Jesús en ambos casos subvierten el orden establecido. En la sociedad alternativa lo primero es el ser humano y luego todo lo demás. Así ha sido siempre la práctica del mismo Dios. Jesús toca al leproso excluido introduciéndolo en la sociedad de iguales y restablece la actividad en la humanidad atrofiada por la discriminación. Por ambos gestos subversivos Jesús queda excomulgado, pero se introduce con ellos en la sociedad alternativa. El símbolo de esta nueva sociedad son las manos que recuperan su función esencial: su capacidad para salir hacia fuera de uno mismo y encontrarse con el otro y lo otro; su posibilidad de compartir y liberar y su capacidad para crear, transformar y cuidar la tierra, humanizándola.

En esta misma línea de autonomía y recuperación de la vida, superando el sometimiento a ideologías que matan y leyes que excluyen, se pueden traer también los impresionantes relatos de Jairo (jefe de sinagoga), de su hija que se muere y de la hemorroisa doblemente símbolo de la mujer y del pueblo sometido a una institución incapaz de dar vida. El contacto ilegal y subversivo con Jesús les devuelve las ganas de vivir (5, 21-43).

La conclusión, según Marcos, parece clara: para asumir la alternativa de Jesús se necesitan manos subversivas del orden éste y movimiento de pies que introduzcan en la sociedad alternativa o Reino de Dios.

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