Amayuelas: Escuelas campesinas

 

 Gregorio Ubierna Güemes

 El 1-2-3 de octubre se reunió el Consejo de Utopía en Amayuelas para programar los números del año 2011. Una vez más sentimos que el medio en que nos movemos puede ser tan importante como los contenidos. El espíritu que flotaba en Amayuelas nos anunciaba un mundo nuevo: sus casas, sus gentes, su paz, la solidaridad, el amor a la tierra… era como una promesa, como si los fracasos acumulados hubieran provocado una conversión en nosotros para poder proclamar nuestra fe en el “triunfo de lo pequeño”. Esa era la idea-eje a desarrollar por la Revista en 2011.

Una vez terminado nuestro trabajo nos interesamos por el medio: la experiencia de Amayuelas nos la explicó con sumo detalle Jeromo Aguado Martínez, un agricultor enamorado de la tierra y de las gentes, cargado de una humanidad y de una constancia para resistir los fracasos equiparable al Santo Job. Comparte el credo de Casaldáliga: el futuro de la humanidad está en la proximidad de la tierra; por eso defiende la recuperación de los pueblos desde su soledad y su pequeñez. La esperanza de la humanidad está en el “triunfo de lo pequeño”. Recibimos una catequesis de primera.

Por eso en Amayuelas no han querido construir grandes cooperativas o empresas agrícolas que den beneficios. La necesidad de construir alternativas es evidente, pero sobre todo quieren afianzar un proyecto de vida que, partiendo de lo rural, sirva para toda la sociedad. La prioridad es la formación, tanto de jóvenes como de mayores. El proyecto no se reduce a Amayuelas, éste es sólo un centro coordinador. Su espíritu se extiende a toda la Península y tiene incluso vocación internacional a través de Vía Campesina, a cuyos congresos acude Jeromo en representación de ese 10% masculino de color blanco (el otro 10% blanco debe ser femenino).

Jeromo Aguado inicia su andadura en la Plataforma Rural, para integrarse luego en las Escuelas Campesinas de Tierra de Campos y en la Universidad Rural Paulo Freire, donde imparte cursos de formación. Afirma que es necesario afianzar la producción con recursos locales, aprovechando los conocimientos tradicionales, y además investigar y adquirir formación. Hay que combinar la sostenibilidad con la austeridad que nos enseña la tierra, lo cual ha creado conflictos internos. Se investiga desde lo productivo (bienes, servicios, cultura) y hay experiencias en agroecología, construcción con tierra, aguas residuales, semillas, catering, Colegios Familiares Rurales, energía, etc.

Amayuelas es sobre todo un proyecto político (abierto, diverso) para la transformación de la realidad, no es un proyecto industrial ni empresarial. No queremos crecer, queremos multiplicarnos. No queremos grandes empresas, queremos muchas empresas pequeñas autónomas, porque queremos construir relaciones humanas y económicas diferentes. Queremos establecer alianzas con los consumidores que respeten la tierra y el medio ambiente (cuando a mí se me muere un pollo, se le muere también a quien me lo compra), por eso no vendemos a redes de distribución intermediarias.

Hemos hecho muchos esfuerzos y hemos tenido muchos fracasos y algunos logros, pero seguimos en el empeño derrochando vida. Las instituciones no facilitan ni recursos ni políticas de apoyo a nuestro proyecto. Una faceta nos falta: aportar más al común, potenciar más lo comunal.

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