ACTO PÚBLICO DE LA V ASAMBLEA DE REDES CRISTIANAS

Manifiesto. Plaza Salvador Dalí

Los participantes en la V Asamblea de Redes Cristianas,  reunidos en Madrid los días 10 y 11 de octubre de 2015, salimos hoy a la escena pública para expresar nuestro compromiso con el cambio real de estructuras y de políticas en esta sociedad injusta e inmisericorde.

 

  1. Levantamos nuestra voz crítica contra las relaciones internacionales basadas en el interés económico y militar, que provocan auténticas catástrofes humanitarias y poblaciones hambrientas en los países en desarrollo, impidiendo una vida digna para esos pueblos, que se ven abocados a la guerra y al exilio imparable.

 

  1. Denunciamos sin reservas la desigualdad entre los pueblos impuesta por un sistema económico capitalista, generador de pobreza y exclusión, tanto en el denominado tercer mundo como dentro de los países desarrollados. Ésa es la fuente de injusticia fundamental que hace inviable cualquier solución planetaria sostenible para el respeto a los derechos humanos y la justicia social.

 

  1. El sistema capitalista no se limita a la mera configuración de las relaciones capital/trabajo, como ocurría en los primeros tiempos de su implantación, con las graves consecuencias sociales por todos conocidas. Hoy es el hilo conductor de todas las relaciones políticas, socioeconómicas y jurídicas, dentro y fuera del marco legal de cada país y organización internacional.

 

  1. Rechazamos sin paliativos los tratados internacionales como el EEUU-UE, porque apuntalan sin remedio un modelo económico y comercial de desigualdad y sin control democrático de los ciudadanos para garantizar los beneficios inmensos de las grandes corporaciones y, a su vez, producen bolsas inconmensurables de pobreza y miseria.

 

  1. Ese modelo que ahora se prepara en nuestro entorno geopolítico es además el instrumento elegido por la globalización capitalista neoliberal para implantar en todo el mundo, salvo que existan focos luminosos de respuesta a esa trama poderosa, como plantean algunos pueblos latinoamericanos, que son capaces de constituir fórmulas de cooperación internacionales alternativas para frenar la voracidad insaciable del capital. Esos focos son un rayo de esperanza para buscar otra forma de relación entre los pueblos más equitativa y solidaria.

 

  1. La nueva civilización neoliberal que se pretende acuñar no solo no corrige la deriva machista como lacra histórica de una humanidad injusta y discriminatoria, sino que abre nuevos modos de marginación de la mujer, despreciando sus derechos vitales y consagrando una discriminación indigna y demoledora para el futuro de una sociedad igualitaria y libre.

 

  1. Esta cultura de dominación sobre el ser humano y, en especial, sobre la mujer, inclina la expansión y cronificación de la violencia de género, que azota nuestro tiempo con secuencias inverosímiles e indeseables de brutalidad y horror. Solo desde una nueva cultura democrática y de igualdad podemos hacer frente común contra este drama insoportable.

 

  1. Mientras la opulencia de Occidente, no exento internamente de grandes capas de pobreza, provoca una llamada ficticia pero efectiva a las poblaciones insertas en la miseria y el hambre, nuestro continente europeo pone barreras infamantes a la entrada de una mano de obra joven y fuerte, capaz de solventar en un futuro cercano las grandes dificultades demográficas y productivas de Europa. Es una paradoja increíble, pero es más fuerte el egoísmo inmediato que una perspectiva coherente de mirar más allá.

 

  1. Por ello, cuando la situación se desborda y ya no estamos ante la inmigración económica, sino ante una demanda de asilo legal o, más aún, ante una llegada masiva de refugiados procedentes de países en guerra con el único propósito de salvar sus vidas de las carencias más acuciantes y de la violencia armada, no solo no somos capaces de aplicar las leyes y convenciones vigentes, sino que tampoco logramos articular un mecanismo eficaz de ayuda y protección para los refugiados. Las instituciones europeas balbucean soluciones insignificantes y los gobiernos europeos cierran el paso a la riada humana de desesperados. Europa no tiene entrañas de misericordia y solo mide su propio bienestar para permanecer indemnes ante la gran tragedia colectiva.

 

  1. Frente a este fracaso de un humanismo solidario que creíamos consecuente con nuestra democracia y nuestro nivel de vida, los cristianos de base del Estado Español y de otros muchos lugares de procedencia, os invitamos a unirnos en la lucha, pues “juntos para cambiar” supone el compromiso de una apuesta común por transformar la realidad  y explorar todos los caminos que nos lleven a un nuevo estado de cosas. No nos conformamos con lanzar un mensaje de socorro y de esperanza, queremos ser partícipes de un cambio radical del sistema económico, político y social. Con el Papa Francisco, cuyo papel hoy consideramos esencial para un nuevo estilo de evangelización y conversión, afirmamos que “este sistema es insoportable” y no decaeremos en la fe ni en la perseverancia para erradicarlo.”

 

Madrid, 11 de octubre de 2015

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