¿Una Constitución militarista al servicio del capitalismo?

Pedro J. Ballesteros,

Alternativa Antimilitarista-MOC, Logroño. 

El nuevo Tratado de Constitución (en adelante, TC) trata de ser nuevo a partir de lo viejo. Disfrazado con grandes principios, maquillado con una Carta de Derechos, el Tratado retoma el espíritu de los anteriores acuerdos desde Maastricht. Ya hemos vivido sus consecuencias en el mundo laboral, donde la precariedad y las desigualdades no dejan de agravarse pese a la promesa de una «Europa Social». Sabemos hoy en día a dónde nos conduce la adoración del dogma del “mercado libre”, el sometimiento de las políticas económicas al Banco Central Europeo «independiente», pero sometido de hecho a los intereses del gran capital y las transnacionales. Todos lo saben y sin embargo se ha seguido el mismo camino.

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En el nuevo marco legal, las personas y el medio ambiente quedan subordinadas a los fines de la economía. Tres cuartas partes de esta Constitución están dedicadas a fijar las reglas de juego del libre mercado, es decir, del capitalismo.

Tal y como figura en el prefacio del Tratado, uno de los objetivos que debía cumplir el proyecto es “hacer que la Unión se convierta en un factor de estabilidad y en un modelo en la nueva organización del mundo.”

Pero el modelo que actualmente se propone no es tan nuevo, ya que sigue validando y apoyándose en la defensa armada violenta como único camino de defensa y regulación de conflictos, y no contempla como salidas a un conflicto actitudes como el diálogo, el respeto, la empatía, la escucha, la justicia… Porque el concepto de PAZ sigue siendo el de ausencia de guerra, y no una PAZ conseguida desde la justicia y el justo reparto de los bienes. 

Todo el tratado constitucional avanza en la dirección del capitalismo y el neoliberalismo, produciendo cada vez mayor diferencia entre pobres y ricos, explotación en pos de un máximo beneficio, desastres ecológicos, mayor producción y consumismo… todo esto no genera PAZ, genera desigualdad e injusticia y en sí mismo es violencia estructural. Esta violencia puede ser económica (desigualdades, explotación, marginación, pobreza), medioambiental, ideológica (racismo, xenofobia, sexismo), religiosa…

 Para defender todo ese sistema la UE necesita de un brazo armado que mantenga ese orden establecido y apague las voces discordantes, europeas o extranjeras, que gritan contra esa injusticia y avasallamiento (incluso las calificará como terrorismo internacional, grupos terroristas).53 pg 31

La Unión Europea quiere asegurarse el acceso a nuevos mercados globales, a recursos energéticos y materias primas y tener áreas de influencia política exclusivas que respalden al euro en los mercados internacionales. Así, ejércitos europeos participan ya en conflictos armados como en Somalia, Kosovo, Mozambique, Congo, Afganistán, Iraq, Bosnia.

Durante la campaña previa al referéndum, el PSOE afirmaba que el TC “Refuerza las capacidades de la Unión en política exterior y defensa, consagra el multilateralismo, respeto al derecho internacional, la legitimidad de la ONU y la solución negociada de los conflictos”. Sin embargo, el TC permite a la Unión recurrir a la guerra preventiva y apuesta por el militarismo al crear una “Agencia Europea de Armamento, Investigación y Capacidades Militares” para la adquisición e investigación armamentística y obligar a los Estados miembros a incrementar el gasto militar (Art. I-41).  La UE tendrá la única constitución en el mundo donde se incluye un compromiso de “mejorar progresivamente las capacidades militares”. Es decir, invertir millones de euros en capacidad de destrucción con el consiguiente recorte de las partidas sociales y ambientales.

Así, si un Estado de la UE quisiera iniciar una política de desarme o reducción del gasto militar, podría ser acusado de “anticonstitucional”.

En los gastos previstos por el Estado para 2005 ya se vislumbran las consecuencias: el presupuesto del Ministerio de Defensa aumenta en un 4,16% respecto al año anterior, el gasto militar total será de 18.909,08 mill. de € (52 millones diarios) y representa el 6,75% de los Presupuestos Generales y el 2,24% del PIB.

El TC no menciona en ningún momento nada acerca del desarme de los países miembros, o de sus armas de destrucción masiva (nucleares, bacteriológicas, químicas). Países como el Reino Unido y Francia están desarrollando proyectos sobre armamento nuclear y de uranio empobrecido.

El tratado da un margen difuso y amplio a un organismo como la OTAN, que ni es europeo ni tampoco contempla entre sus acciones la PAZ en mayúsculas. La nueva “cláusula de solidaridad” (Art I-16, apdo 2) tiene un significado especial para los miembros que no pertenecen a la OTAN, ya que exige por parte de los Estados miembros de la UE “apoyar activamente y sin reservas la política exterior y de seguridad común de la Unión, con espíritu de lealtad y solidaridad mutua”- Y aún sigue (Art I-41, apdo 7) “ajustándose a los compromisos adquiridos en el marco de la Organización del Tratado del Atlántico Norte”. ¿Es una afiliación a la OTAN por la puerta de atrás?

Con todo esto, comprobamos que la nueva “Constitución” refuerza el papel del militarismo como un elemento más que el capitalismo necesita para mantenerse y continuar su desaforada expansión, hacia afuera con el control de nuevos mercados y zonas estratégicas y hacia adentro avanzando en la subordinación de los servicios públicos a los intereses del mercado.

www.antimilitaristas.org

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