¡Vamos a recuperar la alegría!

Mensaje final del encuentro-convivencia del 7 de mayo

 Iglesia de Base de Madrid, Corriente Somos Iglesia y Col.lectiu Dones en l´Esglesia

 Convocados por Iglesia de Base de Madrid, Corriente Somos Iglesia y Col.lectiu Dones en l’Esglesia con ocasión de la XV Asamblea de la Red Europea de la Iglesia por la Libertad, nos hemos reunido durante el día de hoy, 7 de mayo de 2005, 190 personas en una jornada de trabajo, en la que hemos analizado la actual situación por la que está atravesando la sociedad española y europea, los posicionamientos que ante ella están tomando las iglesias y las posibilidades que se nos ofrecen en un futuro inmediato. La jornada ha supuesto la culminación de una primera fase de trabajo por parte de varios equipos que dará paso a una última etapa de matización en las comunidades y movimientos y la posterior publicación de los documentos.

Durante este largo proceso hemos sido testigos de la muerte de Juan Pablo II (a quien deseamos un descanso feliz) y de la elección de Benedicto XVI, cuyo pontificado deseamos que sea un nuevo renacer de la esperanza en las iglesias y en el mundo. Aunque las conclusiones de este trabajo serán publicadas en breve, hoy queremos adelantar algunas constataciones y otras claves de actuación:

1 Hemos reconocido una sociedad española y europea plural y polivalente. Asentada sobre la lógica del mercado capitalista se advierten mayoritariamente en ella dos tendencias: de una parte, la que genera un sujeto individualista y competitivo, sumiso y desigual y que tiene como consecuencias más llamativas la desigualdad en la distribución de la riqueza, el corporativismo partidista e identitario, la devaluación de la democracia y la exclusión de los sectores más débiles, como son los jóvenes y la mujer, los niños, los homosexuales y los inmigrantes. De otra parte, y sin llegar a formar una firme alternativa a la lógica del sistema, hemos descubierto en todos los estamentos sociales una tendencia firme a transformar las aristas más dolientes del sistema: desde la construcción de una conciencia y cultura ciudadana de participación y respeto a la diversidad hasta el reconocimiento de la dignidad de los/as excluidos; desde el respeto al equilibrio ecológico hasta la búsqueda de otras formas de economía social y cooperativa.

2 También hemos descubierto una iglesia en España y en Europa plural y diversa, donde se advierten predominantemente dos tendencias marcadas por la forma de organizarse, la vivencia de la espiritualidad y el modo de presencia en el mundo. Ambas formas aparecen actualmente envueltas -aunque de diverso modo- en dos crisis profundas que afectan a su credibilidad y significación en el mundo. Aunque estas crisis no son exclusivas de la Iglesia católica –de algún modo alcanzan a todas las confesiones religiosas en España y en Europa-, en nuestra propia casa tienen un eco más determinante porque nos están emplazando tanto a ajustar nuestras cuentas con la modernidad (lo que ya intentó el Vaticano II) como al compromiso con la justicia en el mundo.

3 Estamos siendo testigos de un cambio de época, marcado por las transformaciones que suponen las nuevas tecnologías y la globalización. Un cambio epocal que está generando exclusión y muerte para colectivos y continentes enteros, pero que también está dejando al desnudo de toda racionalidad y de toda justicia social este sistema capitalista-imperial. Todo esto supone un gran desafío para la significación de la fe cristiana y la credibilidad de las iglesias. No obstante, existen muchas grietas que están resquebrajando el sistema, y sus amenazas están, por lo mismo, preñadas de esperanza. Por eso, como cristianos de la base eclesial, deberíamos recuperar algunas claves que, como las siguientes, hagan más creíble y significativo el mensaje cristiano:

Primera clave. Ante una Europa fortaleza y club de la abundancia y unas iglesias cómplices de la exclusión de terceros y cuartos mundos, necesitamos volver a Jesús de Nazaret y recuperar con radicalidad su seguimiento. Un seguimiento que incluye, como primer paso, la opción real y efectiva por los pobres y sus causas; la proximidad a las víctimas y el enfrentamiento contra todo aquello que es causa de exclusión social. Aquí, en nuestro contexto, esta vuelta a Jesús incluye una apuesta firme por una sociedad europea justa y abierta, democrática y secularizada.

Segunda clave. Ante una sociedad marcada por la ideología del individualismo, la limitación de la ciudadanía y la devaluación de la democracia y unas iglesias que se atrincheran en una jerarquización trasnochada que excluye la participación y la igualdad radical del pueblo creyente, necesitamos, de una parte, reforzar la capacidad profética para exigir a la Iglesia de Roma algunos gestos significativos como los siguientes: la renuncia del Papa a seguir siendo jefe de un Estado como el Vaticano y la supresión de los nuncios, sus embajadores; la renuncia a continuar siendo un monarca absolutista y la disposición a aceptar, como “primus inter pares”, la representación colegiada en la dirección de la Iglesia con la necesaria inclusión de la mujer en este servicio; la renuncia a la teología del Primado de Pedro, que es un resabio de imperialismo medieval; y la aceptación de la Iglesia igualitaria y diversa, autóctona y fraterna del Nuevo Testamento. Y, por otra parte, necesitamos recuperar también el movimiento comunitario de base en orden a ofrecer referencias comunitarias a las iglesias, y paradigmas de socialización significativos para la sociedad actual.

54 pag 25Tercera clave. Ante la falta de ética y el uso abusivo de la ciencia en nuestra sociedad y el desprecio que a menudo hacen de ella nuestras iglesias, debemos recuperar el diálogo honesto y crítico con la realidad y los distintos saberes (filosóficos, antropológicos y técnicos). Un diálogo igualmente distante de enrocamientos doctrinales como de la fácil y acrítica adaptación a las novedades.

Cuarta clave. Finalmente, recogiendo el testigo de tantas personas anónimas que, contra viento y marea, siguen creyendo y esperando en Dios y en la Humanidad, necesitamos fomentar y fortalecer una mayor coordinación. Una coordinación en red tanto de los movimientos, grupos y personas de por libre, como de los medios con que contamos. Una coordinación capaz de ir proyectando en la sociedad y en las iglesias un estilo de vida alternativo al actual sistema, y unos valores más cercanos a aquello por lo que estamos luchando: la justicia, la igualdad radical (nunca reñida con la diversidad), la solidaridad real y la paz.

Nos hacemos estas propuestas con honestidad y sin perder el humor. Secundando la fina ironía de González Faus, nosotros, cristianos y cristianas de base, no vamos a negar la Eucaristía a María de Nazaret por haber convivido con José antes de casarse; ni vamos a denunciar anónimamente ante la Sagrada Congelación para la Doctrina de la Fe a José, su casto esposo, por haber dudado de la virginidad de María; ni, por más escandaloso que parezca, vamos a privar del sacerdocio al laico Jesús de Nazaret por haber celebrado su primera misa en medio de una cena de familia. ¡Vamos a recuperar la alegría! Gracias.

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