¡50 NÚMEROS DE UTOPÍA! ¡UN SUEÑO REFRESCANTE!

La llegada de Utopía al número 50 representa un hito importante,  un sueño refrescante en las arideces del pensamiento neoliberal. Desde esta atalaya de sus bodas de oro, queremos  felicitarnos cuantos hacemos posible este hermoso proyecto  y compartir con vosotros, nuestros cómplices y lectores, algunas reflexiones como las siguientes: En primer lugar, verificar lo que está siendo,  lo que representa Utopía en las comunidades y  ambientes en que se mueve. Os invitamos luego a recordar el contexto socio-eclesial en el que ha nacido y en el que (o contra el que) se ha movido nuestra revista. Esto nos ayudará, así lo esperamos,  a responder a la pregunta por qué Utopía es como es y no es de otra manera. Y,  finalmente, no puede faltar una breve reflexión sobre el futuro de la publicación, sobre los retos y desafíos a los que va a tener que enfrentarse. Una última palabra en esta presentación la dedicaremos a introducir el importante tema de este número 50, el consumo responsable.

1. Lo que Utopía “está siendo” para sus herederos natos, las comunidades cristianas de base,  se refleja suficientemente en la primera sección de este número 50: “Los lectores opinan”. Es estimulante  constatar la sintonía que se advierte  entre  lo que opinan  las comunidades y otras personas a título individual y lo que Utopía ha perseguido y ha tenido siempre a gala:  ser una revista libre e independiente ideológica y económicamente; ser respetuosa con lo diferente;  implicada en lo local pero abierta a los anchos cielos de lo universal; crítica con la injusticia que margina y excluye, pero ofreciendo una propuesta evangélicamente alternativa para seguir caminando; creativa siempre; directa en la expresión y sencilla en su lenguaje, ¡siempre… que pueda! Así piensan, así opinan nuestros lectores y colaboradores. Por nuestra parte,  sólo nos resta añadir, para completar lo que “está siendo” actualmente la revista, estos datos: Desde la década de los 90 en que nació hasta nuestros días,  Utopía ha aparecido cuatro veces al año con una impresión de 1800 ejemplares y unas 1350 suscripciones. Su distribución llega a todas las autonomías y provincias españolas, y algunos ejemplares, pocos ciertamente,  cruzan el Atlántico para asomarse a las américas tanto del Sur, como del Centro y del Norte.

     2. El camino recorrido por Utopía merece una mayor reflexión. Porque el camino no sólo “se hace al andar”, el camino también nos  condiciona y “nos hace” de una forma determinada. Caminante y camino son tan referentes el uno al otro que resulta imposible desligarlos. Ambos se van haciendo y condicionando, marcando la propia ruta y dejando la propia huella. ¿Podríamos entender correctamente un texto sin echar una ojeada a su contexto? Pues lo mismo ocurre entre camino y caminante.  En este mismo sentido, nos resultaría imposible entender lo que es actualmente Utopía sin tener en cuenta el contexto en el que surge y en el que se ha venido  desarrollando;  difícil apreciar su verdadero peso sin tener presente el “recuerdo” no sólo del proceso que ha venido siguiendo simultáneamente Iglesia de Base -de la que Utopía es su principal medio de expresión-, sino también del entramado  eclesial y social en que todo esto ha ocurrido. Recuperar, aunque sea brevemente,  esta memoria es lo que hace de Utopía no una mera revista teórica, sino una publicación honesta con la realidad, encarnada y, aunque humilde, testigo y parte de la historia que estamos viviendo. Porque “solamente no cambian los recuerdos”, como asegura el poeta José María Valverde.

 

     Siempre será un riesgo pretender encerrar las muchas caras de la realidad en una sola imagen. Pero a veces es necesario correr este riesgo para dar algún nombre a la realidad de los muchos nombres. Y se nos antoja que, grosso modo, la Iglesia de Base de los 90, ante un sistema político consolidado, fue abandonando el espacio político como lugar de compromiso colectivo para centrarse más directamente en la “esfera de lo social”. La Caída del Muro de Berlín en el 89 fue determinante a este respecto: Rompió la bipolaridad Este-Oeste y colocó en primer plano la otra bipolaridad Norte-Sur que pone de manifiesto la injusticia y los destrozos del empobrecimiento en el mundo. La Iglesia de Base, desde su opción por los pobres, no podía quedarse al margen de esta nueva coyuntura. Y así se ha venido manifestado como “denuncia profética” ante la interminable construcción de una Europa mercantil que se olvida del pueblo marginado y vencido; y como “propuesta alternativa”  ante el fenómeno de la globalización del sistema capitalista y la consolidación de la ideología neoliberal que  ha hecho añicos no sólo el Estado de bienestar sino el mismo Estado asistencial. Frente al desplazamiento ideológico-político mayoritario hacia la derecha, las comunidades cristianas de base han apostado abiertamente  por los movimientos antisistema  que propugnan un concepto alternativo de ciudadanía. Las referencias a Chiapas, Seattles y Porto Alegre, con la llegada del nuevo siglo, han propiciado el nacimiento de los Nuevos Movimientos Sociales Alternativos que han hecho posible los Foros Sociales Mundiales dispuestos a  encarar directamente el pensamiento neoliberal y la apuesta por “otro mundo posible”. Pues bien, este contexto social y político,  en el que ha estado implicada Iglesia de Base a través de las comunidades cristianas,  es parte integrante, carne de su carne, de la revista Utopía. Sería difícil entender su trayectoria sin el recuerdo de este contexto.

Pero hay algo más. Simultáneamente en la Iglesia católica -como consecuencia precisamente de la pérdida de  esa catolicidad, de su  parcialidad con el pluralismo interno y la longevidad de un papado “en funciones”-  se va consolidando  en esta larga década una  tendencia hacia el faraonismo o imperialismo en las formas, al  tiempo que un anclaje en la espiritualidad y en la praxis moral más arcaicas y desencarnadas. Ha vuelto en esencia la Iglesia de cristiandad.  Y ahora de la mano de  Los Nuevos Movimientos Eclesiales (mejor diríamos eclesiásticos): el Camino Neocatecumenal, Comunión y Liberación, los Focolares, los Legionarios de Cristo, la Renovación Carismática Católica y el Opus Dei, entre otros. Nuevos movimientos que, por voluntad expresa del papa y con el expreso mandato pontificio de “recristianizar el mundo”, han sustituido a la vieja vanguardia de “los ejércitos papales” (jesuitas, dominicos y franciscanos),  sospechosos para el Vaticano de excesivo celo en la lucha por la justicia y contra el empobrecimiento del mundo. Iglesia de Base, en este ambiente intraeclesiástico, ha sido empujada hacia los márgenes y se ha visto condenada a  vivir a la intemperie. Quizás se esté cumpliendo ahora en ella la  incomprendida suerte de los profetas. Quizás sea también el único lugar para la profecía y para el cultivo de la  “espiritualidad samaritana” de la que son las comunidades cristianas humildes representantes en su doble tendencia: la vuelta a Jesús de Nazaret y  el compromiso social con el mundo. De todo esto –imposible ignorarlo- Utopía es un testigo fidedigno.

     3. De “cara al futuro”, y sin invadir el terreno sólidamente consolidado ya en otras publicaciones hermanas –Éxodo y Alandar entre otras-, Utopía deberá enfrentar inevitablemente algunos retos. Unos le llegan  desde sus propios objetivos fundacionales, otros son fruto de la actual coyuntura.  Entre los desafíos internos que afectan a la identidad de la propia revista señalamos simplemente éste: el de su propia función. En este sentido, Utopía tendrá que preguntarse y responder con realismo qué piensa hacer de aquel objetivo, largamente acariciado en los comienzos, de aspirar a ser “vehículo de comunicación, intercambio y difusión… del Movimiento Cristiano de Base en España” (cfr. Editorial del N.0). En realidad, actualmente no lo es, quizás porque tampoco el Movimiento Cristiano de Base aparece visiblemente coordinado. Es más, tenemos la sospecha de que aquel entusiasmo por la coordinación que alentaba en el  principio de los 90 se está  actualmente debilitando. Y en esta situación,  nos preguntamos si  podrá volver a ser Utopía un lugar de encuentro y medio apropiado para alcanzar este fin como pudo serlo  en la “Asamblea 2000” que ella misma coordinó.  Esto por lo que atañe a sus retos internos. Desde fuera y en vistas del auge mediático que está adquiriendo internet en nuestros ambientes (señalamos los medios que nos resultan más familiares: Eclesalia, Religión Digital, Cristianismo y Justicia, Koinonía, et.), Utopía tendrá que hacer el esfuerzo de definir con mayor claridad el lugar donde quiere situarse en esta «guerra de medios». De lo contrario,  se verá sometida a la desagradable erosión que causa el goteo constante de abandonos en busca de una información más rápida, cómoda y gratuita. 

 Una última palabra sobre el motivo de este número 50. Tratamos del “Consumo responsable”. Entre la hambruna y el hartazgo, entre los pocos que acumulan mucho y los muchos que no tienen para vivir. Del consumo responsable ya hemos hablado mucho en los últimos años en la sección“Vivir de otra manera”. Es quizás la única forma de hacer  ese  “otro mundo posible”.

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