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	<title>Revista Utopia &#187; Reflexiones</title>
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		<title>Crisis y oportunidad: La oportunidad de embarcarnos con Jesús</title>
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		<pubDate>Mon, 25 Apr 2011 14:10:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[2010]]></category>
		<category><![CDATA[Nº 74. La crisis como oportunidad. 2 Alternativas socio políticas. (Junio 2010)]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[Amparo MADRIGAL
 Durante los últimos años, especialmente los últimos meses, hemos estado escuchando toda clase de noticias sobre “Las crisis”: crisis económica, crisis política, crisis de valores, crisis en la Iglesia, crisis de la humanidad, etcétera. También escuchamos con frecuencia que en cada crisis hay oportunidades para salir bien de ellas, y hasta obtener alguna ganancia. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><strong>Amparo MADRIGAL</strong></p>
<p> Durante los últimos años, especialmente los últimos meses, hemos estado escuchando toda clase de noticias sobre “Las crisis”: crisis económica, crisis política, crisis de valores, crisis en la Iglesia, crisis de la humanidad, etcétera. También escuchamos con frecuencia que en cada crisis hay oportunidades para salir bien de ellas, y hasta obtener alguna ganancia. Esta idea aplicada a los problemas financieros puede, en ocasiones, generar estrategias “arriesgadas”, que suelen ser alternativas insolidarias –¡sálvese quien pueda y como pueda!1– que dan buen resultado a unos pocos y perjudican a muchos. Por ello, habría que analizar cuándo, por qué y para quién es una oportunidad, y analizar especialmente de qué manera la crisis –y oportunidad que ésta encierra– puede ser justa y beneficiosa para toda la población.</p>
<p>En lo que respecta a la crisis política, nos encontramos entre algunas de sus causas el desprestigio y desvalorización de la acción política y los políticos –hombres y mujeres que supuestamente nos representan–. Pero también es cierto que influye la dejación del ejercicio de ciudadanía por parte de la población. Un sector de la población hasta decide no ejercer su derecho al voto –que tanto ha costado conseguir a parte de la población–, y no implicarse en el seguimiento de las promesas electorales. Es muy frecuente escuchar las frases como “todos los políticos son iguales, el poder corrompe, los pueblos merecen los gobernantes que tienen”, etc.</p>
<p>El comportamiento indebido de algunos varones y mujeres dedicados a la política genera el descrédito y desinterés en gran parte de la población. Los casos de corrupción entre políticos de diversos partidos (caso Gürtel, caso Palma Arena, caso Guateque, Caso Pretoria, Caso de Santa Coloma de Gramanet, etc.) sirven de argumento al desencanto y abandono del ejercicio de ciudadanía. En el último barómetro de opinión del CIS2 los datos reflejan que las organizaciones con menos simpatía por la población son: el movimiento Okupa (43%), los partidos políticos (32,7%), las organizaciones religiosas (24,7 %) y los sindicatos (21,4%). Lo que sugiere que un importante porcentaje de la población no está de acuerdo con los okupas, ni confía en organizaciones cuyos objetivos principales son lograr el bienestar social y espiritual de la población. Pero lo importante sería saber qué hace la población para superar esta problemática.</p>
<p>Asimismo, durante los meses de la cuaresma y de la pascua, la jerarquía de la Iglesia católica ha sido portada en diferentes diarios internacionales, debido a las noticias sobre el grave problema de la pederastia ejercida por algunos sacerdotes, y el encubrimiento de los mismos por parte de sus autoridades. Noticias como éstas han afectado enormemente a la ya pobre credibilidad de la estructura jerárquica de la Iglesia católica. Por tanto, es de esperar que la disminución de la simpatía por las organizaciones religiosas se acentué aún más después de los últimos acontecimientos.</p>
<p>Al reflexionar sobre esta crisis de la Iglesia Católica y analizar las oportunidades que ella encierra, sería un error negar la gravedad de la misma y argumentar ilusamente que se trata de un ataque a la Iglesia, anticlericalismo, laicismo excluyente, y papafobia. Escudarse en el victimismo, y las acusaciones de persecución, no facilita en nada la solución de la crisis, y menos aún la búsqueda de posibles oportunidades que beneficien a la población, y no sólo a unos pocos.</p>
<p>Si realmente analizamos la crisis de la Iglesia, nos damos cuenta que ésta va mucho más allá del problema de la pederastia. Tal como han argumentado diferentes organizaciones civiles y de creyentes católicos, entre ellos algunos reconocidos teólogos de prestigio internacional3, la crisis actual de la Iglesia va mucho más allá de los problemas que esta institución tiene con la sexualidad en general y la imposición del celibato en particular.</p>
<p>Con 359 años de retraso Juan Pablo II pidió perdón a Galileo. Menos mal, nunca es tarde para hacer resplandecer la justicia. Hoy, Benedicto XVI tiene la oportunidad de liderar la renovación de la Iglesia. Después de tanta presión mediática, ha reconocido “el pecado de la Iglesia”, y se compromete a facilitar a la justicia civil el procesamiento de los sacerdotes que han cometido ese delito. A pesar de que algunos de los pederastas reconocidos ya han fallecido (Ej. Marcial Maciel), al menos la jerarquía no ha esperado otros 300 años para reconocer el error como en el caso de Galileo.</p>
<p>No obstante, esta crisis ha sacado a la luz muchos errores más. Así que estamos ante la oportunidad de subsanar el daño y dolor causado a tantos hombres y mujeres a quienes se les ha obligado a llevar una vida célibe, sin ningún argumento sostenible. También tiene la oportunidad de renunciar a la misoginia subyacente en la institución, que ha despreciado la dignidad de las mujeres e irrespetado la igualdad de derechos, etc.</p>
<p>En este sentido, el análisis en profundidad de esta crisis nos permite darnos cuenta que es la oportunidad de los y las cristianas de renovar nuestra Iglesia haciéndola volver a su origen, al camino, a la verdad y la vida; como dice José Antonio Pagola: Volviendo a Jesús, el Cristo. Y para ello es necesaria la conversión4. Volver a Jesús con una mirada nueva, con la humildad de quien sabe que se ha equivocado y confía en que el amor del padre y de la madre le ayudará a reparar el daño causado y a recuperar el trabajo necesario para continuar construyendo el reino de Dios, que es lo que en definitiva pide Jesús a quienes eligen seguirle. Embarcarnos de nuevo con Jesús, aceptar su llamada a construir el reino, escuchando con atención sus parábolas y abriéndonos a la revelación del misterio tal y como se expresa en los evangelios.</p>
<p>Siguiendo la reflexión desde el evangelio de Marcos5, en el que se encuentran algunas de las llamadas parábolas del crecimiento (llegada o construcción del reino o “sociedad alternativa”), comprendemos la importancia de actuar por el reino y confiar plenamente en que éste crece entre nosotros. Y hay diferentes formas de actuar y convertirnos a Jesús: desde oírle –el que tenga oídos para oír–, hasta seguirle y embarcarnos con él.</p>
<p>Marcos destaca sobre las palabras las acciones de Jesús, especialmente las curaciones, todas ellas colmadas de infinita compasión hacia los pobres y marginados de la sociedad, reflejando con ello la Gran Humanidad de Jesús, tanto es así, que a través de ella se revela su Divinidad. Asimismo, uno de los objetivos de Marcos al escribir el evangelio es fortalecer la fe6 de los cristianos de entonces, y los de ahora, pues se centra en destacar las acciones necesarias para el crecimiento del Reino de Dios, así como a descubrir progresivamente el “secreto o misterio” que se revela a sus seguidores en su vida de servicio, muerte y resurrección de Jesús.</p>
<p>En el capítulo 4 del evangelio de Marcos nos encontramos con tres de las parábolas de crecimiento, y a través de ellas Jesús habla tanto a las multitudes que se agolpan para oírle, como a sus allegados, aquellos que han aceptado su invitación a seguirle. A unos les explica el crecimiento del Reino en parábolas y a otros les revela el misterio (Mc 4:1-20). Muchas interpretaciones se han dado al hecho de hablar en parábolas a unos (los de fuera, las multitudes) y revelar el secreto a otros (los discípulos, los que están dentro en la barca, los seguidores). Comparto la perspectiva de John R. Donahue (1997, p. 66), quien afirma que “la distinción entre los que rodean a Jesús y los de fuera no está entre los llamados discípulos y la multitud, ni tampoco entre judíos y cristianos, sino que es una distinción entre aquellos que quieren entender el verdadero significado del discipulado y aquellos que no quieren”7; aunque yo matizaría, entre los que aun oyéndole, no le escuchan, no le comprenden y no han llegado a ser fecundados por la palabra, pero que tienen la potencialidad de comprenderle cuando analicen el sentido de la parábola.</p>
<p>Jesús explica pacientemente las parábolas a sus allegados cuando se quedan solos con él, además de revelarles el misterio del reino a través de la convivencia diaria con ellos. Y es a través de esa convivencia que les enseña a confiar plenamente en Dios, les invita a subir a la barca (metáfora de la iglesia) y cruzar el lago y llevar la Buena Nueva a quienes deseen escucharla.</p>
<p>Subir a la barca significaría estar en movimiento, la acción transformadora, cruzar al otro lado del lago, río, mar o al otro lado de la vida, –en la mitología griega, Caronte transporta en una barca las almas desde el reino de los vivos al reino de los muertos–. En este caso, subir a la barca con Jesús significa movernos hacia una vida nueva, morir al ego y renacer comprometidos con el crecimiento de una sociedad alternativa, dejando atrás las “certezas y seguridades” que creen tener los que están en tierra firme, los que no se mueven, ya sea porque están a la espera de un mesías que les saque las castañas del fuego, o porque están cómodamente interesados en que la sociedad no cambie. Difícilmente se embarcarán con Jesús quienes viven seguros de poseer la verdad (en tierra firme), quienes temen a la inseguridad que genera una tormenta sobre el lago, sin comprometerse en los vaivenes de la lucha por la justicia, los que no se “bienaventuran”, ni reconocen en el prójimo el amor a Dios.</p>
<p> Jesús nos invita a colaborar en la construcción del reino de Dios, y nos hace ver a través de las parábolas del crecimiento que nuestras acciones, por muy pequeñas que sean, pueden germinar y dar vida. Nos hace ver que para que llegue el proyecto del reino de Dios, debemos saber que cada acción nuestra es importante y puede tener un maravilloso resultado, aunque en algunos casos ésta puede ser como la semilla destruida por los pájaros, quemadas por el sol, limitada por el terreno o las espinas, pero alguna caerá en tierra buena y dará una excelente cosecha.</p>
<p>Nuestras acciones por el reino pueden parecer intrascendentes, como sucede con la semilla de mostaza, aparentemente insignificante y pequeña, pero que llega a crecer tanto que da vida, sombra y acoge a los pájaros del cielo. Asimismo, nos anima haciendo ver que a pesar de nuestros “desencantos”, a pesar de atravesar incertidumbres y tempestades, las acciones realizadas por el reino, la semilla sembrada va creciendo día y noche, aunque en el momento no veamos sus resultados.</p>
<p>Dada la crisis que atravesamos, es necesario, urgente, la conversión a Jesús. Como plantea J. A. Pagola, “esta conversión no es un esfuerzo que se le pida a la jerarquía …/…, es una conversión a la que está llamada toda la Iglesia”; hombres y mujeres que han aceptado la invitación de Jesús a embarcarse en la construcción del reino de Dios. Tenemos la oportunidad de volver a Jesús a través del evangelio, responsabilizándonos de nuestro papel en la construcción del reino. Y para ello es necesario asumir que la radicalidad de su mensaje nos lleva a denunciar las injusticias allí donde las haya, pero también a ser compasivos y misericordiosos con quien necesite y pida compasión, a ser generosos y generosas, a estar alegres, porque en el reino es el de los bienaventurados.</p>
<p>Igualmente, como cristianos y a la vez ciudadanos, estamos invitados a responsabilizarnos en la gestión de lo público, en la participación democrática que no se reduce al voto electoral, sino en la vigilancia de la calidad de los servicios públicos, la sanidad, la educación, la protección del medio ambiente, etc. Por tanto, la oportunidad llama a nuestra puerta, atravesamos tiempos de crisis (tempestades), pero a través de ella podemos volver al camino, volver a Jesús, el Cristo.</p>
<p> </p>
<p>NOTAS;</p>
<p> </p>
<p>1 Leer el artículo “Ganar dinero apostando al desastre”. Miguel Boyer. El País, 30-04-2010.</p>
<p>2 CIS, barómetro de marzo de 2010.</p>
<p>3 Carta abierta a los obispos católicos de todo el mundo. Hans Küng. El País, jueves 15 de abril de 2010.</p>
<p>4 Pagola, J.A: “Conversión de la Iglesia a Jesús, el Cristo.” Revista Frontera, Nº 51, Julio-Septiembre 2009. Págs. 13-38.</p>
<p>5 Villar, E.: “Aproximación a la alternativa de Jesús desde el evangelio de Marcos. Revista de Cristianos de base Utopía, Nº 73, Marzo 2010. Págs. 26-29.</p>
<p>6 Alfaro J.I: “Exégesis pastoral. Mc 1,16- 2,17: Un desafío para hoy”. Revista Bíblica, Año 50, 1988, págs. 171-182.</p>
<p>7 Donahue J.R (1997) El evangelio como parábola. Metáfora, narrativa y teología en los Evangelios Sinópticos. Bilbao, Ediciones Mensajero.</p>
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		<title>Hacia una auténtica participación</title>
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		<pubDate>Mon, 25 Apr 2011 14:08:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[2010]]></category>
		<category><![CDATA[Nº 74. La crisis como oportunidad. 2 Alternativas socio políticas. (Junio 2010)]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[Manmen Castellano
 Análisis terminológico y de la realidad
En muchos de los países mal llamados occidentales (porque todo depende desde donde se mire el mapa) e igual de mal llamados desarrollados (porque también depende de a qué llamemos desarrollo), se presume de tener sistemas democráticos. Uno de estos casos es nuestro país, en el que desde hace [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><strong>Manmen Castellano</strong></p>
<p> <strong>Análisis terminológico y de la realidad</strong></p>
<p>En muchos de los países mal llamados occidentales (porque todo depende desde donde se mire el mapa) e igual de mal llamados desarrollados (porque también depende de a qué llamemos desarrollo), se presume de tener sistemas democráticos. Uno de estos casos es nuestro país, en el que desde hace más de 30 años hablamos de estar en un sistema democrático. Estos países presumen de sus países y de un tiempo a esta parte hacen todo lo que sea necesario para llevar este sistema por todo el mundo.</p>
<p>Cierto es que frente a dictaduras y totalitarismos, la democracia es un sistema muy loable; pero no debemos olvidar que en estos momentos en nuestro país deberíamos hablar más de partitocracia o partidocracia que de democracia. Lo primero que nos encontramos al hacer este análisis es que la Real Academia de la Lengua Española no reconoce este término. Y deberíamos plantearnos, ¿por qué?, ¿será porque hace tambalearse un sistema del que presumimos ante otros países? Las palabras sólo son palabras, pero en muchos de los casos son fundamentales a la hora de expresar la realidad.</p>
<p>He decidido utilizar la palabra, ya que son muchos los sociólogos, politólogos y antropólogos los que la utilizan, siendo un neologismo para definir la burocracia de los partidos políticos. Todos sabemos lo que significa la democracia, que el poder lo tiene el pueblo directa o indirectamente dándole legitimidad a sus representantes. En estos momentos, en España estamos viviendo una deformación sistemática y una degeneración de este sistema, ya que son las oligarquías partidistas las que asumen la soberanía efectiva. ¿La democracia ha sido secuestrada por algunos políticos? ¿Por qué no recuperamos los ciudadanos el poder que el sistema nos otorga y que los partidos nos han arrebatado? ¿Por qué no sometemos la política a la ciudadanía, como exige la democracia?</p>
<p>Son muchos los ejemplos donde vemos enfrentados estos dos términos, ya que son muchos los casos en los que los representantes elegidos por el pueblo no representan a los ciudadanos sino a sus partidos. Un ejemplo de esto que venimos diciendo es que en el Congreso se habla directamente del cargo de “portavoz del partido”; como dijimos las palabras no son más que palabras, pero dicen mucho y ya vemos de quiénes son portavoces. Otro caso es cuando en alguna votación en la cámara hay que seguir la disciplina de partido y sólo en ocasiones se da libertad en algunas votaciones, ¿se plantean en algún momento qué dirían los ciudadanos que los hemos elegido? Pero está claro, elegimos listas cerradas propuestas por los partidos, con lo que en el mismo momento de la elección no elegimos representantes, sino a los partidos. La degeneración del sistema es tal que en el acto de elección les damos el poder a los partidos. Sin embargo, acudimos a los foros internacionales reclamando a muchos de los países empobrecidos que abracen nuestro sistema y reprochándoles el suyo, tendríamos que plantearnos seriamente cuál es el nuestro.</p>
<p><strong>Construyendo otra participación</strong></p>
<p>Siguiendo el espíritu de la revista en este año, me gustaría que este análisis no nos sirva para hundirnos más en la crisis y en este caso en la sociopolítica, sino para contextualizarnos y poder crear entre todos esas oportunidades alternativas tan necesarias en estos momentos. Es importantísimo que seamos conscientes que es responsabilidad de todos el hacer posible otro tipo de participación en el que demos su auténtico significado al término democracia.</p>
<p>Como decía anteriormente, la democracia no es ni más ni menos que el poder lo tenga el pueblo y que sea la ciudadanía quien tome las decisiones. Para ella, hay algo que es imprescindible: la participación. Participar es tomar parte en algo donde hay varias partes, ser partícipe de ese algo. Cuando hablamos de participación ciudadana, nos referimos a que la población intervenga en los asuntos públicos que le afectan. Si relacionamos los dos términos que acabamos de definir, nos aparecerán las dos variantes de la democracia: la formal, donde se garantizan libertades básicas como la libertad de expresión, el derecho al voto cada cuatro años; y la democracia participativa, en la que se le da más poder al pueblo. En esta última, la ciudadanía tiene capacidad de transformar el medio donde vive y controlar los órganos políticos, económicos y administrativos del mismo. Como decía Rafael González Ballar, miembro del Programa Andino de Derechos Humanos: “La participación ciudadana en un proceso gradual mediante el cual se integra al ciudadano de forma individual o participando en forma colectiva, en la toma de decisiones, la fiscalización, control y ejecución de las acciones en los asuntos públicos y privados, que lo afectan en lo político, económico, social y ambiental, para permitirle su pleno desarrollo como ser humano y el de la comunidad en que se desenvuelve”.</p>
<p>Existen condiciones que son fundamentales para hacer real una auténtica participación:</p>
<p> Poder: hay que hacer realidad que éste resida en el pueblo, para ello hay que crear los cauces que permitan dicha participación. Deberán existir normas, mecanismos, estructuras, organismos que faciliten el acceso de todos y cada uno de los ciudadanos a la toma de decisiones.</p>
<p> Saber: no sólo basta con que la población tenga poder para tomar decisiones, sino que hay que capacitarla para que efectivamente lo haga; dando a conocer el cómo, proporcionando habilidades, destrezas y técnicas.</p>
<p> Querer: por último, para que esta participación alternativa se haga realidad es necesario que la ciudadanía quiera ejercerla. En muchas ocasiones, será necesario motivar, incentivar… y es algo que muy a menudo se olvida o se hace todo lo contrario, ya que el sistema en el que nos encontramos tiende más a desincentivar dicha participación o a reducirla a momentos muy puntuales.</p>
<p>Continuando con lo que decíamos en la última condición de la participación, motivar e incentivar no es promover el voto. Si la participación se reduce a esto o se convierte en una obligación estamos perdiendo en libertad, hay que abrir más espacios de debate y discusión. Con el derecho al voto y que cada persona pueda disfrutarlo nos garantizamos la democracia formal, pero ya sabemos que no todos los que viven en un territorio tienen este derecho, ya que en muchos casos hay que poseer la nacionalidad u otro tipo de requisitos. Por todo ello, no deberíamos perder de vista que la democracia participativa es necesaria y complementaria de la anterior, ya que a través de actividades colectivas amplía esta participación a más personas y en más ámbitos. ¿No será la participación ciudadana la que marque la calidad de la democracia?</p>
<p>Dentro de esta participación más amplia de la que venimos hablando hay diferentes niveles que no podemos olvidar:</p>
<p> Información y formación: ambas son necesarias para que la participación sea efectiva, no basta con que se reciba información, sino que debe ser entendida. En muchas ocasiones, se confunde con la participación, creyéndose que por el simple hecho de informar a la ciudadanía se les está haciendo partícipes; pero no debemos olvidar que este es un paso necesario para la toma de decisiones y no la participación en sí.</p>
<p> Consulta y debate: Para que de verdad la población se haga presente en la toma de decisiones es fundamental crear espacios donde sea posible dar la opinión propia, proponer sugerencias, dar alternativas… Espacios donde sea posible abrir debates y bien llegar a consensos o poder ejercer el derecho al voto por la opción que mejor nos parezca; pero que siempre podamos dar nuestra opinión y conocer la de los demás.</p>
<p> Participar en la gestión o mejor dicho llevar a cabo una cogestión: la gestión debe ser compartida, el trabajo debe ser en común. Aunque es cierto que los primeros dos niveles se suelen tener en cuenta en algunos entornos, en muchos de ellos este tercer nivel se olvida con bastante asiduidad. No sólo es necesario que se informe y se deje dar la opinión, sino que es imprescindible que la ciudadanía se haga partícipe (si no no estaríamos hablando de participación con lo que significa la palabra) de las decisiones.</p>
<p>Es cierto que todo lo que he comentado hasta el momento es en un plano muy teórico, pero no me gustaría terminar así, ya que conocemos experiencias hoy en día que vienen trabajando en este sentido, pero creía que era interesante plantar las bases necesarias. Hoy en día existe la posibilidad de crear Concejos Abiertos, donde los ciudadanos pueden estar presentes en el órgano de gobierno del municipio por ellos mismos y no a través de representantes. Pero no son los únicos ejemplos; si queremos exigir a nuestros representantes que nos den la posibilidad de participación, debemos empezar por hacerla real en todos y cada uno de los ámbitos en los que estamos presentes. Ante esto debemos hacernos varias reflexiones: ¿son las asociaciones civiles a las que pertenecemos realmente participativas? ¿Podríamos decir que son democracias participativas? ¿Existen en los foros y asambleas a los que asistimos todos los niveles de la participación (información, debate y cogestión)? Seguramente en muchas asociaciones y foros se tengan claros estos aspectos y de hecho me consta que es así, pero también es cierto que nos queda mucho por hacer y tenemos que seguir trabajando en ello. La participación es un derecho que hay que garantizar, pero a la vez tenemos que responsabilizarnos como ciudadanos y ejercerlo realmente.</p>
<p>Me gustaría terminar diciendo que estoy convencida de que la sociedad no se construye sólo en los parlamentos, sino que se construye día a día en cada uno de los entornos en los que nos encontramos y en los que podemos hacer realidad esta participación. Seamos conscientes de ello y hagamos realidad esta participación en la comunidad de vecinos en la que vivimos, en el AMPA del colegio a donde van nuestros hijos, en la ONG en la que hacemos voluntariado, en la comunidad con la que compartimos nuestra fe, en nuestro trabajo, en nuestras familias y en cada uno de los espacios en los que estamos presentes. Cada uno y cada una somos responsables de la participación que ejercemos, hagámoslo responsablemente.</p>
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		<title>Abrir los ojos</title>
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		<pubDate>Mon, 25 Apr 2011 14:04:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Nº 74. La crisis como oportunidad. 2 Alternativas socio políticas. (Junio 2010)]]></category>
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		<description><![CDATA[Antonio ZUGASTI
 La crisis hace algo más que darnos una oportunidad. Nos obliga a abrir los ojos, a mirar a nuestro alrededor y dentro de nosotros mismos. Escribo mientras la radio va repitiendo las medidas para hacer frente a la crisis que ayer lanzó Zapatero en el Congreso. (Si hago un poco de zapping radiofónico, además [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><strong>Antonio ZUGASTI</strong></p>
<p> La crisis hace algo más que darnos una oportunidad. Nos obliga a abrir los ojos, a mirar a nuestro alrededor y dentro de nosotros mismos. Escribo mientras la radio va repitiendo las medidas para hacer frente a la crisis que ayer lanzó Zapatero en el Congreso. (Si hago un poco de zapping radiofónico, además de los comentarios a lo de Zapatero, fácilmente encuentro himnos triunfales para glosar la victoria del Atlético de Madrid en la copa de Europa, que en el país hay gente para todo.)</p>
<p>Pero el tema más comentado son las medidas de Zapatero, y realmente no faltan razones. No sólo por las medidas en sí mismas, sino por la situación que transparentan y los tiempos que anuncian. La mayoría de los comentaristas se dedican con saña a matar al mensajero. Porque Zapatero había dejado bien claro que él, Presidente del Gobierno español y Presidente actual de la Unión Europea, sólo era un mensajero, se limitaba a transmitir la necesidad de someterse a unas misteriosas circunstancias que exigían tomar esas medidas.</p>
<p>Me recuerda al rey ese que presenta Jesús en el Evangelio. El que ve que con 10.000 hombres no puede enfrentarse al que viene contra él con 20.000, y cuando todavía está lejos le envía a pedir condiciones de paz. Zapatero no había abierto suficientemente los ojos, no se había dado cuenta de la fuerza y la ferocidad del enemigo, hasta que éste estuvo demasiado cerca. Y entonces tuvo que apresurarse a aceptar todas sus condiciones de (momentánea) paz. Esas condiciones son las que transmitió al Congreso y a la nación.</p>
<p>Si queremos que un día nos podamos enfrentar al rey de los veinte mil hombres, tendremos que abrir bien los ojos y mirar. Mirar quién es ese rey y cómo es su reino. Por supuesto que la complejidad de nuestro mundo no se puede abarcar en una rápida mirada, sin embargo me arriesgaré a lanzar esa mirada, pese a la inevitable simplificación que implica.</p>
<p>Mirar el sistema capitalista</p>
<p>Creo que los lectores y lectoras de UtopÍa conocen de sobra los efectos que el capitalismo está causando en el mundo: las desigualdades, el hambre, la destrucción del medio ambiente, la contaminación, la enloquecida carrera por el crecimiento a cualquier precio… Hace mucho tiempo que sus críticos ven así al capitalismo. Pero hoy la crisis y, sobre todo, la incapacidad de los pueblos para reaccionar frente a la crisis, nos invitan a preguntarnos si esa mirada era plenamente acertada, si no tendríamos que profundizar más en las raíces de ese sistema.</p>
<p>Tradicionalmente el capitalismo se ha visto como un sistema económico. Por supuesto que el capitalismo es un sistema económico y que ha causado todos esos desastres. Pero ¿es sólo eso? ¿No nos habremos quedado en una mirada demasiado superficial? ¿No hay algo más hondo que un simple sistema económico? El capitalismo es un sistema económico, indudablemente, pero es mucho más que eso. Es una cosmovisión, una visión global del ser humano, de la sociedad, incluso de la naturaleza. En la base del sistema económico está una antropología y una filosofía muy concretas. En la famosa obra de Max Weber sobre el espíritu del capitalismo aparece incluso su relación con las creencias religiosas de las personas. La relación del capitalismo con la religión ha ido evolucionando de tal manera que el mismo capitalismo se ha llegado a convertir en una verdadera religión. Todo ello ha ido formando un tipo humano específico, el hombre burgués, con su racionalidad, sus valores, sus ideales, su cultura, su visión de la vida, su concepción de la riqueza y su idea de la felicidad. Y debemos ser conscientes de la intensidad con que esa mentalidad burguesa impregna nuestra sociedad, toda la sociedad, no sólo las clases privilegiadas, sino las propias víctimas del sistema.</p>
<p>Mirar los opositores al capitalismo</p>
<p>Lo primero que salta a la vista es su debilidad, su fragmentación y su desorientación ideológica. Se definen como “anticapitalistas”. ¿Qué es eso? ¿Se puede definir algo por una pura negatividad: “anti”? ¿Qué nos dice esa definición sobre estas fuerzas? ¿Quieren instaurar una utopía futurista o volver al régimen feudal? ¿Piensan en un socialismo férreamente centralizado o en una anarquía universal? ¿Qué esperanza, qué ilusión se puede generar con una postura “anti”? ¿Se puede movilizar a una sociedad sin una ilusión y una esperanza concreta?</p>
<p>¿Se han dado cuenta de hasta qué punto el capitalismo está enraizado en nuestra estructura económica y social? ¿Piensan que todo eso se puede arrancar de golpe? ¿Podría seguir funcionando la humanidad sin esa estructura capitalista? ¿Con qué piensan sustituirla? ¿No sería más realista hablar de “postcapitalismo” mejor que de “anticapitalismo”?</p>
<p>Además ¿esos grupos son realmente anticapitalistas de una manera total y absoluta? Hace más de cincuenta años Erich Fromm realizó una obsevación que me parece crucial. En su libro “Tener o Ser” escribe: “El socialismo y el comunismo rápidamente cambiaron, de ser movimientos cuya meta era una nueva sociedad y un nuevo hombre, en movimientos cuyo ideal era ofrecer a todos una vida burguesa, una burguesía universalizada para los hombres y las mujeres del futuro. Se suponía que lograr riquezas y comodidades para todos se traduciría en una felicidad sin límites para todos”.</p>
<p>Desde luego creo que socialistas y comunistas han, o hemos, tenido muy poco en cuenta ese cambio de objetivos al que se refería Erich Fromm. ¿Sería muy arriesgado decir que ha sido este cambio de objetivos el que ha permitido a la sociedad de consumo de masas propiciada por el capitalismo hacer pedazos la imponente fuerza que la izquierda tenía a mediados del siglo pasado? Ahora los pedazos hacen la guerra por su cuenta. Unos se han agarrado a la profesión de “políticos de izquierda”, con diversos grados de radicalidad en eso de “izquierda”, pero todos muy radicales en lo de no soltar el silloncito de la profesión. Otros tratan de compensar su escasa incidencia en la sociedad con su radicalismo verbal y, muchas veces, con un activismo frenético.</p>
<p>Hoy se da una conciencia bastante extendida de que así al capitalismo no le hacemos ni cosquillas, y se plantea lo de “Refundar la izquierda”. Ahora bien ¿podrá tener éxito esa refundación si no llegamos a repensar los más profundos fundamentos de las razones y objetivos de la izquierda, sin atreverse a cuestionar los dogmas más consagrados?</p>
<p>Mirarnos nosotros, nuestra sociedad</p>
<p>Continuamente nos llegan mensajes que nos plantean la necesidad de un cambio: el calentamiento global, la tragedia humana de África, la sobreexplotación de los recursos… Ahora la crisis ha hecho saltar por los aires uno de nuestros más preciados mitos: la democracia, el poder del pueblo. Contemplamos atónitos cómo los gobernantes que, más o menos democráticamente hemos elegido, se postran sumisos ante un poder oscuro, de rostro desconocido, que se esconde bajo el nombre de “los mercados”. Desde su misterioso Olimpo lanzan sus rayos sobre cualquiera que no se someta servilmente.</p>
<p>¿Para eso tanta lucha por la democracia y la libertad? Ante todas las dictaduras los pueblos se han agitado y han terminado por rebelarse y derribar a los dictadores. Ahora, ante la dictadura de “los mercados”, la mayor parte de la sociedad se queda pasiva, aturdida como un boxeador “sonao”.</p>
<p>¿Por qué? Es la pregunta clave. ¿Por qué no intentamos ejercer esa fuerza que teóricamente tenemos los ciudadanos en una supuesta democracia? ¿O es que nos resignamos a que la democracia sea una falacia más? ¿Asumimos que nada podemos frente a esas fuerzas superiores de “los mercados”?</p>
<p>Sociólogos, economistas, psicólogos sociales, incluso los teólogos nos dan muy poca luz en este asunto. En cambio un poeta, Antonio Machado, nos advierte: una sociedad no cambia mientras no cambie de dioses. Y un economista con alma de poeta, José Luis Sampedro, añade: y el dios de esta sociedad es el dinero.</p>
<p>Los musulmanes proclaman: “No hay más Dios que Alá, y Mahoma es su profeta”. ¿No podemos reconocer una proclama de fe idéntica escondida en los dogmas del capitalismo: “No hay más Dios que el Dinero y el Mercado es su profeta”? Algunos teólogos y sociólogos han analizado detenidamente este carácter religioso del capitalismo. González Faus escribe: el ser humano necesita “ídolos” reconocidos o no, porque necesita dar un sentido, una fundamentación y un carácter unificador a su existencia que experimenta tantas veces como arbitraria, carente de objetivos y dispersa. Y en otro momento apunta: el hombre puede ser un idólatra sin ídolos: no se ha hecho más que trasladar los dioses del exterior al interior del hombre.</p>
<p>¿Nos hemos dado cuenta hasta qué punto el ídolo del dinero ha sido interiorizado en el mundo capitalista, hasta qué punto esa fe impregna todas las capas de nuestra sociedad? ¿Puede ser la confianza y el anhelo de este dios lo que nos haga someternos resignadamente a los sumos sacerdotes del ídolo?</p>
<p>El culto al ídolo se manifiesta de una manera especial en el consumo. A propósito del consumo, el sociólogo Robert Bocock se pregunta: ¿Habrá un cambio de actitud dirigido a que el individuo aleje sus deseos lo más posible de los bienes y experiencias de consumo para dirigirlos hacia otras dimensiones de actividad y experiencia? Una institución cultural, psicológica y social que podría conseguirlo en varias partes del mundo es la religión.</p>
<p>Es pues la fe en otro Dios lo único que puede desplazar la adoración y el culto al dinero. ¿No tenemos aquí los cristianos un formidable campo de trabajo?</p>
<p>No me resisto a terminar esta reflexión sin señalar que la cómoda implantación del ídolo del dinero ha sido facilitada de una forma extraordinaria por la evidente traición al espíritu del Evangelio que el poder vaticano lleva siglos cometiendo. De todas maneras no quisiera que esta crítica fomentara una actitud “antijerárquica”, pues ya señalé la esterilidad de lo “anti”. Pero que sea un impulso para mostrar a nuestros contemporáneos el verdadero rostro del Padre de Jesús, que no admite ser servido al mismo tiempo que al dinero.</p>
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		<title>Aproximación a la alternativa de Jesús desde el evangelio de Marcos</title>
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		<pubDate>Sun, 24 Apr 2011 16:33:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[2010]]></category>
		<category><![CDATA[Nº 73. La crisis como oportunidad. 1 Alternativas ético-culturales (marzo 2010)]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[Evaristo Villar
 Pensar las cosas en forma alternativa supone siempre una novedad, al menos con referencia al orden establecido. Hablar de la alternativa de Jesús a 2000 años de distancia puede ser una temeridad. A estas alturas ¿qué no sabemos ya de Jesús de Nazaret? Y, sin embargo, vistas las cosas desde Marcos, evangelista, su utopía [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><strong>Evaristo Villar</strong></p>
<p> Pensar las cosas en forma alternativa supone siempre una novedad, al menos con referencia al orden establecido. Hablar de la alternativa de Jesús a 2000 años de distancia puede ser una temeridad. A estas alturas ¿qué no sabemos ya de Jesús de Nazaret? Y, sin embargo, vistas las cosas desde Marcos, evangelista, su utopía sigue casi inédita. ¿Podrán ser estos tiempos convulsos que estamos atravesando ocasión propicia para intentar llevarlo, en parte al menos, a la realidad? Siendo lo de Jesús parte muy sustancial de la memoria humana, ¿podrá su inspiración ser aún una alternativa válida para el futuro de la humanidad?</p>
<p>1. He dicho tiempos convulsos porque la psicosis general es de gran confusión. Se han quebrado muchas seguridades en todos los órdenes. No se ve fácilmente un camino de salida ni una puerta abierta a la esperanza. La crisis está causando verdaderos estragos en este superorganismo vivo que reproduce la vida y cuyos indicadores más llamativos son el cambio climático y la hambruna. Antes que sistémica, la crisis –con todas sus vertientes financiera, económica, energética, alimentaria, ecológica– es antropológica o de los valores que sustentan el proyecto humano y cósmico. Como dirá Frei Betto, se trata de una “crisis de humanidad” o de los componentes constitutivos del proyecto humano individual y colectivo. Si algo nos está gritando con fuerza esta crisis es justamente el error de estar convirtiendo los vicios privados en virtudes públicas. ¿Cómo salvar en semejante situación la libertad sin dañar la tolerancia, la igualdad sin menoscabo de la creatividad, la solidaridad sin ignorar la justicia?</p>
<p>Mi hipótesis es que la quiebra de valores arranca de algo previo y más profundo. Me refiero a la cultura. Antes que los mismos es el suelo cultural donde los valores se asientan y desarrollan como en su ambiente natural. Es decir, la cultura como cimiento y fundamento de la ética. Por ejemplo, no se llegaría tan fácilmente a la división política entre nacional y extranjero, que lleva frecuentemente a considerar “al otro” como enemigo, si previamente fuéramos capaces de verlo como un semejante con el que es posible normalizar relaciones de cooperación y solidaridad. No llegaríamos a violentar la tierra por la codicia y la usura, si previamente sintiéramos en propia sangre nuestra vinculación vital con la que es madre y origen de la vida. No llegaríamos, en otro orden de cosas, a considerar al religiosamente diferente o disidente como peligroso para nuestra estabilidad –hasta llegar a excomulgarlo–, si la cultura religiosa nos llevara previamente a mirarlo como alguien que con su diferencia nos enriquece individual y colectivamente.</p>
<p>La cultura, pues, como fuente de valores y base del comportamiento ético. Porque cuando la cultura falta –y los regímenes totalitarios de todo signo la saben muy bien para mantener en la ignorancia al simple fiel o al ciudadano– es mucho más fácil hacer pasar por paz la simple ausencia de guerra, por libertad el sometimiento al orden establecido, por justicia el cumplimiento de leyes corporativistas, por solidaridad la simple caridad. Lo dice muy acertadamente Rafael Hytlodeo –ese trotamundos portugués “tan prudente como Ulises, tan sabio como Platón”– en el primer libro de la Utopía de Tomás Moro: “lo que más conviene al rey es que sus súbditos posean muy poco o nada; el rey está más seguro en su trono cuando su pueblo no goza de demasiada riqueza y libertad, pues cuando hay estas cosas, los hombres no obedecen de buen grado las leyes duras e injustas; por otra parte, la necesidad y la pobreza abaten su audacia haciéndoles sumisos a la fuerza”.</p>
<p>2.El propósito de esta reflexión no es otro que el de enfrentar brevemente con esta situación –el espacio no da para más– la inspiración que late en la vida, discurso y praxis de Jesús de Nazaret. Como bien sabemos, esta inspiración se desprende fácilmente desde la memoria acumulada en los evangelios, singularmente desde el primero en el tiempo, el Evangelio de Marcos (el resto del NT es ya una “actualización” del mensaje que parece más original como el expresado en el texto de Marcos). A la luz de la nueva “hermenéutica simbólica” (cfr. Juan Mateos y L. Alonso Schökel, Nuevo testamento, Cristiandad), Marcos no pretende narrar una historia, sino transmitir una enseñanza; no relatar sucesos, sino mostrar las huellas que ellos dejaron. Sus relatos son composiciones organizadas de acuerdo a un plan pedagógico al servicio de la transmisión cultural de un mensaje fundamentalmente ético. Relatos figurados detrás de los cuales subyace la realidad histórica del hombre de Galilea. Con su peculiar forma de expresarse, Marcos concentra su plan pedagógico en la frase “Reino o Reinado de Dios” (dos sustantivos que, traduciendo la misma raíz griega, se aplican diferentemente de acuerdo al contexto: Reinado cuando se refiere al principio soberano y Reino cuando se trata de la consecuencia social y política de la aceptación de esa soberanía).</p>
<p>Sin entrar ahora en la metafísica que también animó la vida de Jesús y que recogió suficientemente la tradición cristiana posterior –que se ha calificado como “secreto mesiánico”–, la mayor preocupación del relato de Marcos parece centrarse en la visibilidad sociocultural del Reino de Dios, lo que en palabras más seculares podríamos llamar “sociedad alternativa”. Una forma de sociedad a la que, según se desprende del texto, se llega desde un doble movimiento: uno de salida de la sociedad montada sobre un sistema viejo y caduco y otro de entrada en la nueva sociedad levantada sobre otros valores alternativos. En este proceso no caben reformismos. La sociedad vieja se ha levantado sobre dos pilares engañosos que mutuamente se han legitimado: la propiedad privada, desde el punto de vista socio-económico, y el colaboracionismo religioso-cultural, desde el punto de vista político.</p>
<p>La propiedad privada, piedra angular del viejo sistema, se ha creído un derecho natural, innato, y, como tal, se ha considerado inmutable. Así entendida, la propiedad privada ha legitimado la acumulación, la desigualdad, la injusticia, autorizando a unos pocos el dominio de la tierra que, además de arruinar el planeta, ha normalizado la esclavitud y el genocidio poniendo las cosas en lugar del ser humano. De la propiedad ha nacido el mercado y el dinero, la necesidad de alambradas y de fronteras que parcializan la tierra, los ejércitos y las armas para defenderlas. Lejos de reaccionar contra esta deformación, el sistema religioso ha legitimado en nombre de Dios esta imposición sobre el ser humano y la misma tierra asumiendo la esclavitud o pérdida de libertad, la estratificación o pérdida de la igualdad radical y la apropiación o quiebra de la justa solidaridad.</p>
<p>Frente a todo esto el proyecto que se dibuja en Marcos apuesta por la plenitud humano/cósmica que se desprende del proyecto de Jesús, teniendo fe suficiente para dar el paso desde la sociedad vieja a la sociedad alternativa. En definitiva, mover los pies para ir saliendo del sometimiento y entrando en el ámbito de la libertad, desde la parcialidad y la estratificación a la igualdad, desde la legalidad injusta a la solidaridad cósmica y universal. En este sentido, y sin necesidad de acudir en todo a una justificación trascendente o mágica, el proyecto de Jesús presenta en Marcos una dimensión sociopolítica e histórica, oponiendo como una de las alternativas más firmes al viejo sistema.</p>
<p>Esta sociedad alternativa no es ninguna quimera. Se trata de una realidad que se desprende de la vida, praxis y mensaje de Jesús y que, como la semilla sembrada en la tierra, ya está germinando (4, 3-9); no viene desde fuera como algo misterioso o mágico, sino que nace desde el interior mismo del proceso humano y cósmico (4, 26-29); su enorme energía y fortaleza arranca de algo tan modesto como un grano de mostaza (4, 3-9); que sólo es un misterio escondido para quienes no han entrado en ella, pues a los de dentro “se les comunica su secreto”</p>
<p>(4 10.12); pero quienes llegan a entrar en ella la experimentan, como en el episodio de la tempestad sobre la barca (4, 35-41), como una magnitud absoluta sobre toda ideología y dominación.</p>
<p>3. El proceso pedagógico de Marcos hacia la sociedad alternativa lo dibuja Salvador Santos (Un paso, un mundo, El Almendro) con dos imágenes bien expresivas: movimiento de los pies y práctica subversiva de las manos.</p>
<p>El movimiento de los pies. Quizás El paralítico de Cafarnaún es el mejor ejemplo para mostrar que la fe que salva no está tanto en la cabeza (como algo mágico) cuanto en los pies que se ponen en movimiento (2, 1-13). El paralítico representa a la humanidad entera, físicamente en territorio palestino, pero excluida y desahuciada por la institución judía. Es la imagen más cercana a la muerte. El paralítico, junto a los porteadores que lo acercan a Jesús por el boquete abierto en el tejado, forma un único personaje que, superando las trabas de la institución, se pone en camino hacia su rehabilitación y hacia la vida. Al verlo, Jesús alaba “la fe de ellos”, y, superando la Ley que lo excluye y somete en nombre de Dios, reconoce su entrada en la sociedad alternativa por el movimiento de sus pies.</p>
<p>Si el espacio lo permitiera habría que presentar en este punto al “endemoniado de Garesa” (5, 2-17), en territorio pagano, excluido de la salvación por Israel y esclavizado por los terratenientes colaboradores de Roma, el imperio ocupante. Por el movimiento de los pies, rompiendo cadenas y grillos, se acerca a Jesús en cuyo proyecto encuentra la liberación.</p>
<p>La prÁctica subversiva de las manos. Tanto el leproso de Galilea (1, 39-45) como el hombre del brazo atrofiado de Cafarnaún (3,1-7) se acercan, contra la prohibición del Levítico y el precepto sabático respectivamente, y encuentran en la libertad que Jesús encarna su rehabilitación. Ambos son prototipos de la marginación religiosa y social judía contra la lepra y la enfermedad. Pero las manos de Jesús en ambos casos subvierten el orden establecido. En la sociedad alternativa lo primero es el ser humano y luego todo lo demás. Así ha sido siempre la práctica del mismo Dios. Jesús toca al leproso excluido introduciéndolo en la sociedad de iguales y restablece la actividad en la humanidad atrofiada por la discriminación. Por ambos gestos subversivos Jesús queda excomulgado, pero se introduce con ellos en la sociedad alternativa. El símbolo de esta nueva sociedad son las manos que recuperan su función esencial: su capacidad para salir hacia fuera de uno mismo y encontrarse con el otro y lo otro; su posibilidad de compartir y liberar y su capacidad para crear, transformar y cuidar la tierra, humanizándola.</p>
<p>En esta misma línea de autonomía y recuperación de la vida, superando el sometimiento a ideologías que matan y leyes que excluyen, se pueden traer también los impresionantes relatos de Jairo (jefe de sinagoga), de su hija que se muere y de la hemorroisa doblemente símbolo de la mujer y del pueblo sometido a una institución incapaz de dar vida. El contacto ilegal y subversivo con Jesús les devuelve las ganas de vivir (5, 21-43).</p>
<p>La conclusión, según Marcos, parece clara: para asumir la alternativa de Jesús se necesitan manos subversivas del orden éste y movimiento de pies que introduzcan en la sociedad alternativa o Reino de Dios.</p>
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		<title>En nuevos tiempos: resistencia</title>
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		<pubDate>Sun, 24 Apr 2011 16:31:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[2010]]></category>
		<category><![CDATA[Nº 73. La crisis como oportunidad. 1 Alternativas ético-culturales (marzo 2010)]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[Emiliano de Tapia Pérez
 Parece que hemos pasado ya el umbral de la puerta de tiempos más difíciles que los vividos hasta el momento en los últimos 30 años, sobre todo para los colectivos más excluidos y para quienes tenemos la obligación de mirar y estar de manera preferente entre estas personas. No obstante, están siendo, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><strong>Emiliano de Tapia Pérez</strong></p>
<p> Parece que hemos pasado ya el umbral de la puerta de tiempos más difíciles que los vividos hasta el momento en los últimos 30 años, sobre todo para los colectivos más excluidos y para quienes tenemos la obligación de mirar y estar de manera preferente entre estas personas. No obstante, están siendo, por ello, tremendamente apasionantes y nuevos.</p>
<p>Apasionantes, porque muchas personas estamos sintiendo que se comienza a poner una música a los derechos conseguidos que no parece corresponderse; que desafina radicalmente en la opción más humanizadora.</p>
<p>Durante estas tres últimas décadas hemos conquistado entre todos, con mucho esfuerzo, valores ante los que ya no podemos dar marcha atrás, antes al contrario, por sí mismos, están llenos de futuro y de novedad.</p>
<p>Los bienes económicos y la economía propiamente, han crecido; pero la perversión del sentido de la solidaridad no puede hacer que “la llamada crisis económica”, frene el urgente y necesario reparto de la tarta que se disfruta por unos pocos, con escandalosa desigualdad, y que lleva dentro con evidencia tanto crecimiento.</p>
<p>Los bienes culturales que visibilizan la propia cultura se han desarrollado y multiplicado; se disfrutan, por una parte, pero no se socializan entre la población. Una importante élite ha hecho de estos bienes unos excelentes instrumentos de ocio y disfrute, pero han generado la necesidad de extender y dar protagonismo y participación de estos bienes, como un gran reto gratuito y público, a quienes desde la sociedad se ven privados a su acceso.</p>
<p>Los bienes sociales, probablemente sean signo de las más importantes conquistas realizadas; pero cuántos derechos conseguidos sufren un evidente deterioro o se han frenado en la evolución lógica y más justa esperada. Cuando pareciera evidente que el camino recorrido nos llevara a una más alta cota en derechos sociales para todas las personas, sin embargo, no sólo no se avanza, sino que incluso se ponen en entredicho o se retardan o se burocratizan, de unas maneras u otras, los ya conseguidos.</p>
<p>En el ámbito de la política como instrumento de participación y organización de todos para una sociedad y una convivencia más justa, desde el derecho a la diversidad de opiniones, las últimas décadas están convirtiéndose, cada vez más, en tiempos de desilusión colectiva y de pérdida efectiva de participación real; volviendo a ser espectadores, sufridores y servidores de las estructuras del poder llamado democrático.</p>
<p>La realidad religiosa y eclesial fruto del Concilio Vaticano II nos abrió los ojos al Dios de Jesús que durante tantos siglos había permanecido secuestrado. Nos llenó de renovada esperanza e ilusión para centrar el saber estar como Iglesia de Jesús en medio del mundo. Pero los últimos 20 años están siendo, de nuevo, una rémora importante para continuar avanzando en los cambios eclesiales necesarios mirándose a sí misma y sabiendo estar en el mundo para el Reino de Dios con la preferencia evangélica por los más pobres. Distintos movimientos y estructuras eclesiales sectarias y fundamentalistas están empeñadas en frenar y poner otro rumbo a las propuestas del Vaticano II.</p>
<p><strong>Acontecimientos con significado</strong></p>
<p>Nada surge por casualidad. Y por esta razón, muchas personas podemos afirmar que los últimos 40 años han sido un espacio donde se han ido asentando los cimientos para un nuevo mundo y una nueva sociedad. Quisiera dar nombre a algunos de estos hechos y acontecimientos generadores de esperanza.</p>
<p>Mayo del 68 fue un momento significativo en cuanto propuso una nueva conciencia ética y un nuevo modo de ser y de vivir frente al mundo.</p>
<p>El final del franquismo y su dictadura en la mitad de los años 70 termina con años de negatividad en la sociedad española. Por el contrario, la democracia, como nueva propuesta de vida y de relaciones, supone en los distintos pueblos de España un renacer de ciudadanía y de los derechos humanos.</p>
<p>La participación ciudadana en lo cercano y local a través de tantos movimientos sociales y ciudadanos es el signo vivo de una nueva forma de entender y vivir, protagonizar y construir un mundo más solidario.</p>
<p>Las cotas de derechos sociales luchados y conseguidos apuntan hacia la visibilidad de la dignidad de todos y cada ser humano. Igualmente en el contemplar y ver tantos derechos laborales luchados y conseguidos igualmente, sobre todo, desde el mundo del trabajo.</p>
<p>El saber vislumbrar con una nueva conciencia ecológica, la importancia del cuidado de la tierra y la seguridad de que sus posibilidades no son infinitas es igualmente significativo para una apuesta alternativa de futuro.</p>
<p>El Concilio Vaticano II, la Teología de la Liberación, la opción por los pobres y sobre todo quienes son realmente sus protagonistas suponen una evidencia de que nada debe volver atrás si creemos y trabajamos por el ser humano y con todos los seres humanos.</p>
<p><strong>Retos abiertos. Sin miedo, ¡vayamos y avancemos!</strong></p>
<p>Si estamos convencidos de que la crisis que vivimos es, sobre todo, crisis de valores, de formas de vivir, de ética y de cultura; si sentimos que nuestro sistema ha perdido el horizonte del ser humano; que ha frenado poder avanzar desde lo conseguido; ¡manos a la obra porque ésta es la tarea!</p>
<p>Si parece no haber alternativas sociales ni económicas desde el actual sistema que se ha nutrido en la competitividad y el individualismo, pensemos y pongamos en valor una nueva forma de vivir que no nos traiga como consecuencia el trinomio tener bienes-crecer-consumir, y así encontremos más razones para volver atrás.</p>
<p>Si el espacio de lo individual se ha absolutizado como comportamiento y valor, casi único, lo comunitario se convierte y tiene pleno sentido como oportunidad imprescindible aquí y ahora.</p>
<p>Si el Sur, la pobreza, la exclusión&#8230; la hemos descubierto y contemplado como una dolorosa y escandalosa realidad en un mundo de opulencia, en sus mismas entrañas aparece y se convierte como oportunidad la única alternativa posible y necesaria de un mundo para todos, en el reparto de la riqueza&#8230;</p>
<p>Si lo comunitario es la calle como espacio de encuentro para todos, el bien común es la referencia fundamental de nuestra convivencia. Los derechos sociales organizados son el beneficio, sobre todo, de los más débiles. Lo público, y la defensa de lo público sobre lo privado, y, por lo tanto, los servicios públicos, han de ser la referencia fundamental para una sociedad llamada a acoger y servir a todos.</p>
<p><strong>PARA AVANZAR</strong></p>
<p>Ejemplos concretos sobre realidades concretas.</p>
<p><strong>Primer ejemplo</strong>: Barrios, Derechos sociales ¿ para cuándo? El laberinto de la exclusión. Una asociación contra la exclusión.</p>
<p>Un grupo de jóvenes de diversos trabajos profesionales viviendo en un barrio, se organizan voluntariamente en torno a la constitución de una asociación frente a la exclusión y quieren darle visibilidad con un profundo convencimiento, “son necesarias políticas sociales que hagan que la globalización económica dé paso a una globalización de los derechos sociales”.“Derechos como la educación y la participación cultural es sólo un deseo para los millones de españoles analfabetos funcionales”.</p>
<p>Este grupo forma parte de tantos otros que se juntan para analizar, para dialogar, para dar visibilidad, para crear alternativas nuevas, desde pensamientos y comportamientos consecuentes y solidarios con los más excluidos, de participar con otras muchas más personas y colectivos en hacer realidad este nuevo pensar para una nueva sociedad.</p>
<p>Así se plantean ellos las alternativas:  “todas las alternativas que se nos puedan ocurrir deben tener como centro de las mismas a las personas, y deben tener como objetivo claro mejorar la sociedad y el mundo en que vivimos. El cambio del sistema es lo que permitirá la transformación de la realidad”.</p>
<p>Las oficinas y los puntos de información sobre derechos sociales, son algunas de las herramientas que utilizan como oportunidad de movilización y de apoyo a quienes viven en una absoluta indefensión y desinformación.</p>
<p>¿Utopía? Sí, pero no será posible otro tiempo sin ella misma.</p>
<p><strong>Segundo ejemplo</strong>: Cárceles, Personas presas. Deshumanización. ¿Y después de la cárcel?</p>
<p>Distintos grupos del Estado español, frente a la frialdad y culpabilidad silenciosa de la sociedad, creen mirar con otros ojos las personas que llenan y abarrotan las masificadas prisiones.</p>
<p>Descubren y se comprometen a visibilizar la inmigración, utilizada y tirada hasta los deshumanizados muros de las frías cárceles. Las víctimas de las drogas y el narcotráfico, componen más del 80% de las personas presas, porque la actividad de la que han sido víctimas forma parte del segundo gran negocio de la misma sociedad. Los miles de enfermos mentales almacenados por ser víctimas de una sociedad que sólo es capaz de valorar a las personas por su rentabilidad. Otros miles de seres humanos, que por la imbecilidad del consumo, la violencia les ha arrastrado igualmente hacia este espacio programado del dolor.</p>
<p>Con otra sensibilidad, con otro pensamiento, con otra manera de sentir y con una nueva conciencia personal y colectiva, trabajan y luchan acogiendo; se convierten en altavoz ante la sociedad de un mundo señalado, cuidado injustamente y silenciado; miran el mundo desde los perdedores y procuran respuestas para las personas; buscan, en definitiva, poner, frente al resto de seres humanos, otra utopía posible, una nueva forma de vivir.</p>
<p>Escuchar, acompañar, acoger en pisos, desmitificar ante la sociedad tantas barreras creadas, prevenir o insertar son herramientas del hacer diario de muchas personas (aunque no las necesarias) que ponen su vida entre el dentro y el fuera de las cárceles.</p>
<p><strong>Tercer ejemplo</strong>: Un barrio. Desempleo. Consecuencias de la crisis. Coordinadora de colectivos.</p>
<p>Un buen grupo de personas de un barrio con historia, ante la crisis, no quieren permitir que la vida y el momento actual pase como si nada ocurriera. En un nuevo tiempo, una nueva oportunidad.</p>
<p>Así se lo plantean: “El aumento de la agresión social que sufren todos los sectores del barrio actualmente como consecuencia de la llamada ‘crisis’ se vuelve más brutal, si cabe, para los sectores más empobrecidos y excluidos. Ante esta situación, se está intentando responder proponiendo un proceso de participación y lucha, que recuperando recursos de la administración está centrado en conseguir la implantación de una renta básica local, la puesta en marcha de iniciativas de economía social, acciones formativas y proyectos comunitarios (salud, vivienda, centro social)”.</p>
<p>Trabajan en propuestas alternativas, convocando a todos los vecinos para reclamarlas. “Renta básica que garantice un ingreso estable para todas las personas. Fondo de Emergencia y solidaridad para paliar situaciones graves. Medidas de apoyo a la vivienda adecuadas a la</p>
<p>realidad social. Programas terapéuticos y de salud mental alternativos. Acciones formativas estables. Locales sociales autogestionados. Aumento de las funciones laborales de la cooperativa social”.</p>
<p>(Tomados de “Nuestros Barrios” Zambra).</p>
<p><strong>Cuarto ejemplo</strong>. Medio rural. Despoblación y abandono. Sólo mercado. Resistencia Universidad Rural.</p>
<p>El mundo rural de muchas zonas de España está siendo castigado de la peor manera con el abandono de sus gentes y de su territorio. Durante muchos años muchos hombres y mujeres han ejercido en él “el derecho de resistencia silenciosa”.</p>
<p>En estos últimos hay algunos grupos (entre muchos), que continúan resistiéndose al mercadeo que está abogando a la muerte a muchos pueblos, tierras y sus gentes. La destrucción del patrimonio humano y territorial son objeto de resistencia en sus inquietudes, luchas y propuestas.</p>
<p>La Universidad Rural Paulo Freire plantea su lucha de esta manera: “Se intenta crear espacios donde los ciudadanos/as adquiramos capacidades para analizar los acontecimientos GLOBALES y LOCALES e ir construyendo propuestas alternativas que mejoren las condiciones de vida de las personas en cada uno de los territorios donde realizamos dichas prácticas, especialmente las personas que forman las listas de los colectivos más desfavorecidos”.</p>
<p>Como alternativa concreta, Amayuelas en Palencia. Así definen su apuesta “desde la apuesta local, con la perspectiva de una transformación global, Amayuelas es una alternativa para un pequeño grupo de personas, alternativa de vida, de modelos, de referencia para muchas personas que han pasado por allí. Amayuelas ha supuesto la creación de pequeñas iniciativas laborales (agricultura y ganadería ecológica, comidas a colectividades, bioconstricción, turismo rural&#8230;); el asentamiento de un grupo de jóvenes procedentes del mundo urbano; rescatar las semillas locales y otras formas de trabajar la tierra y el ganado para producir alimentos sanos, la apertura de diferentes líneas de investigación”.</p>
<p><em>(Tomado de las actas del Congreso de Teología 2009).</em></p>
<p>Derechos sociales, humanización de las personas presas, procurar respuestas comunitarias en tiempos difíciles, defender el medio rural, su territorio y sus gentes&#8230; son pequeñas gotas de agua con un sentir y hacer distinto en un océano cada vez más revuelto y que parece tragarse todo signo de esperanza y de dignidad.</p>
<p>. “ La lucha por una sobrevivencia digna puede ser el espacio de encuentro con otros humanos que quizá puedan oír el cuento de otra manera, porque se lo está contando el que está a su lado y esto hace que lo comunitario tome aquí un papel valioso. Entendiendo lo comunitario como un espacio de transformación y un lugar donde compartir valores y sobrevivencia, sueños y pesadillas&#8230;” ( Lletra. Marzo 2009).</p>
<p>En nuevos tiempos, nuevos criterios, y nuevos comportamientos comenzando por lo cercano. En tiempo de rechazo y exclusión, resistencia desde los diferentes.</p>
<p>En tiempo de búsqueda de seguridades, como plantea la portada del último libro de Juan Masiá, “Vivir en la frontera. Convivir en paz. Creer con sensatez. Discrepar fielmente. Aprender lo diferente”.</p>
<p><strong>Ahí está la alternativa.</strong></p>
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		<title>La crisis de valores</title>
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		<pubDate>Sun, 24 Apr 2011 16:28:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[2010]]></category>
		<category><![CDATA[Nº 73. La crisis como oportunidad. 1 Alternativas ético-culturales (marzo 2010)]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[Esther López
 ¿Crisis de valores? Nos trae de la mano un momento de oportunidades, de tomar las riendas, de desechar patrones anquilosados que hemos mantenido por tradición. Veamos la parte positiva de la crisis que, bienvenida sea, nos da la oportunidad de regenerarnos, de asentarnos sobre algo sólido y verdadero, y de adaptarnos a la realidad [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><strong>Esther López</strong></p>
<p> ¿Crisis de valores? Nos trae de la mano un momento de oportunidades, de tomar las riendas, de desechar patrones anquilosados que hemos mantenido por tradición. Veamos la parte positiva de la crisis que, bienvenida sea, nos da la oportunidad de regenerarnos, de asentarnos sobre algo sólido y verdadero, y de adaptarnos a la realidad cambiante para afrontarla y poder humanizarla y transformarla.</p>
<p>¿A qué nos referimos cuando hablamos de valores? Los valores son inherentes al ser humano, expresan su esencia y determinan la forma de actuar y de ser. Los valores definen cómo es la sociedad, creada por quienes viven en ella (política, manifestaciones culturales, organización&#8230;). Cada sociedad, culturalmente, potencia y transmite unos valores. Sentimos que están en crisis en las sociedades burguesas democráticas y capitalistas como la nuestra. Pero cuando hablamos de valores hablamos de libertad, paz, respeto, justicia, amor&#8230; ¿pueden estar en crisis?</p>
<p>La crisis de valores no es una ausencia de éstos sino una falta de orientación de cómo afrontar la realidad y el futuro y con qué valores hacerlo. Los valores no escasean, sino que se transforman con rapidez en un mundo globalizado que nos permite conocer valores procedentes de culturas diferentes a la nuestra.</p>
<p>Hoy en día, ante las posturas extremas divulgadas de que ya no hay valores, por un lado, y del retorno amenazante al “orden moral”, por otro, el ser humano tiene que analizar cómo se pueden transformar los valores y cómo hacer que nos conduzcan al presente y al futuro que deseamos. Los valores no están en crisis, en todo caso está en crisis nuestra capacidad para cultivarlos y hacer que los que son esenciales ocupen el motor de nuestras vidas. Tiempo de cambio: se nos ofrece la oportunidad de conocer y profundizar en los valores éticos, morales, trascendentales que configuran nuestra sociedad.</p>
<p>El problema es que hayamos cimentado la realidad en el tener, atendiendo a las necesidades creadas, sobre el ser; que nos conformemos con tener garantizadas la seguridad y la supervivencia. En nuestro modo de comportarnos, de relacionarnos, de hablar, de querer acumular posesiones, información, en los hábitos de trabajo&#8230; se trasciende nuestra escala de valores. Si descubrimos que los hemos materializado, como si fueran un objeto más del mercado capitalista que se puede comprar y desechar fácilmente, es que los hemos adulterado haciéndoles perder su universalidad y su sentido. No nos sirven tantos comportamientos que por haberlos convertido en habituales parece que son inherentes al ser humano: el individualismo desaforado, el consumismo de lo superfluo e incluso de lo perjudicial&#8230; porque generan violencia, desprecio por la persona, búsquedas desenfrenadas de lo material, aceptación de la mentira y el engaño (frecuentes, por ejemplo, en discursos de los representantes políticos).</p>
<p>La democracia en la que vivimos nos ha traído el sueño de ser un sistema de participación político, y la realidad es que se ha creado una masa uniforme fácil de manejar porque ha caído en el relativismo moral. Los valores se vapulean como si fueran tendencias de moda, e incluso se propician cambios contradictorios, a favor de una sociedad que falsamente lo justifica diciendo que no quiere anquilosarse, que se moderniza, que no es como el pasado. Así abrimos puertas a los totalitarismos, a lo excluyente, y se nos maneja fácilmente por medio del miedo, los mensajes propagandísticos, la tecnología convertida en un fin&#8230; El ser humano lo espera todo de la sociedad, queda fuera el esfuerzo personal, y lo que la sociedad genera no son valores universales y positivos sino un gran vacío.</p>
<p>Este vacío hace que forcemos el surgimiento de nuevos falsos valores puestos de moda, por supuesto diciendo que son el progreso, como son la evasión, la huida de la realidad que nos rodea. Si no nos planteamos el presente ni el futuro, si no tenemos objetivos ni metas, necesitamos sucedáneos: desorden con alcohol, violencia, drogas, sexo&#8230; que siempre están presentes: en la realidad, en el ocio, en los medios de comunicación. El tedio y la vida sin valores intentamos remediarlos con excitaciones fuertes; excitaciones efímeras y vacías que nos dejan caer en un tedio aún mayor y que nos hacen esperar que la sociedad nos dé la respuesta en vez de construir la realidad por nosotros mismos.</p>
<p>Si no estamos alerta el bombardeo de información instantáneo suplanta al análisis y al sentido histórico, y la frivolidad se hace tan fuerte que incluso altera las bases de la educación y los patrones de conducta. El modo de vida que persigue nuestra sociedad no parece promover la vida feliz verdadera sino la vida cómoda aunque sea superficial y carezca de sentido. Si no hacemos que la esencia del capitalismo cambie estamos condenados a los desequilibrios personales, sociales, económicos&#8230; Hay que luchar por llevar los valores verdaderos a todos los ámbitos: primar la rentabilidad social sobre los resultados económicos, controlar la especulación, la banca, defender los servicios públicos, reivindicar los espacios de las ciudades para usos sociales, la educación&#8230;</p>
<p>En esta época en la que a casi todo le hemos puesto precio debemos apostar por una educación verdadera en la que las personas sean capaces de descubrir los valores, valores para todos, que</p>
<p>sean transformadores de la sociedad y avancen hacia un porvenir más feliz, justo, etc. La educación es fundamental, desde la infancia, una educación integral centrada en la persona como ser único e irrepetible, para forjar los valores que nos dirigen y para fomentar el sentido crítico de la realidad, la capacidad para decidir, etc.</p>
<p>En el nivel personal no podemos perder la capacidad de relacionarnos con los demás, que es parte de la esencia del ser humano, ni permitir exclusivamente relaciones superficiales. La competitividad no puede hacer que se abandone el desarrollo personal. La falta de honestidad y respeto, la discriminación por múltiples factores (sexo, raza, religión, estado de salud&#8230;), la falta de compromiso con la sociedad y el medio ambiente, etc., nos tienen que hacer parar, reflexionar y analizar si son éticos nuestros comportamientos, incluso dentro de nuestras propias asociaciones. Tenemos que trabajar la afectividad, conocernos nosotros mismos, liberarnos de esclavitudes interiores y humanizar el trato con lo que nos rodea. Así eliminamos la dureza y la indiferencia y desarrollaremos las emociones.</p>
<p>Si reconocemos la dignidad de las personas, damos consistencia al tejido social, si la participación democrática no se reduce sólo a las elecciones sino que trabajamos con trascendencia política, social, cultural, estaremos avanzando, estaremos creando un futuro prometedor.</p>
<p>¿Estamos defendiendo nuevos valores? Nada hay nuevo, pero tenemos que volver a definirlos para depurarlos de todo lo superfluo y afinarlos para afrontar la sociedad actual. De esta manera podemos desarrollar un pensamiento ético, seremos capaces de tomar decisiones, miraremos la sociedad de una forma activa y con espíritu solidario, seremos conscientes de la existencia de la pobreza y de la necesidad de decrecimiento de nuestra sociedad, y se verá un cambio en nosotros y en nuestro entorno. Aunque la visión de la realidad de cada ser humano es única y está influida por factores externos a él mismo, los orígenes de esa perspectiva, lo que tiene que ver con los valores, responde a los mismos interrogantes: yo, los que me rodean, la vida, el mundo físico y el mundo espiritual.</p>
<p>¿Cuál es nuestra responsabilidad ante la crisis? Parar, reflexionar, tomar decisiones y apostar activamente por valores esenciales, positivos, absolutos. Cuando los valores están en contacto con la realidad hablan, sacuden, hacen que se pase a la acción. Además conocer la verdad que nos mueve hace que nos llenemos de paz, y esta paz nos da seguridad, coherencia. Los seres humanos se encuentran en la verdad, no en las ilusiones ni en los proyectos que sin una base fuerte generan inseguridad y angustia. La búsqueda del trabajo bien hecho, de la gratuidad, de la humildad, de la prudencia, de la libertad, del amor&#8230; exigen esfuerzo personal, toma de decisiones a menudo dolorosas porque nos exigen responsabilidad como personas y no dejarnos llevar por lo fácil y lo socialmente aceptado. El esfuerzo que se realiza se opone a la pereza intelectual, pereza que genera cobardía e indecisión, que a su vez nos llevan a la despersonalización característica en nuestros días. Este esfuerzo no está bien visto en la sociedad actual, que propugna el hedonismo y que el mercado nos surta de todo lo que necesitemos, y nos trae la ley del mínimo esfuerzo, la avaricia, el conformismo, el empobrecimiento vivencial y la indiferencia, la incapacidad de descubrir el sentido de lo trascendente, la ignorancia, la incapacidad de ver la pobreza que generamos y las distintas manifestaciones de la debilidad. Si somos débiles en valores es fácil arrebatarnos nuestra libertad, por la incapacidad de tomar las riendas de nuestra vida o por no enfrentarnos a la coacción externa (mecanismo de seguridad mal entendido que nos inmoviliza).</p>
<p>¿Nuevos valores negativos? Tampoco, han existido desde siempre, pero su aceptación social ha sido mayor en los últimos tiempos. No tendremos una alternativa social si no tenemos una alternativa ética que, a su vez, nos va a traer una nueva vida personal. Por eso tenemos que aprovechar la parte positiva de que estemos en crisis, las contradicciones que surgen pueden iluminar nuevas oportunidades de hacer cambios, la ocasión de comprender de manera inteligente el presente y de hacer una previsión del futuro, de configurar una manera de situarse en el mundo, de caminar hacia la utopía.</p>
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		<title>“Comieron cinco mil hombres”</title>
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		<pubDate>Thu, 07 Apr 2011 19:57:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[2010]]></category>
		<category><![CDATA[Nº 75. La crisis como oportunidad. 3 Alternativas económicas (septiembre 2010)]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[Rufino Velasco
En tiempos de Jesús
1 Parece cada vez más claro que Jesús, al comienzo de su vida pública, decide por los más pobres y discapacitados de su pueblo, para tratar de comprender desde ellos el Reino de Dios que él proclamaba.
Jesús no duda un momento en proclamar una Buena Noticia: que el Reino de Dios [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><strong>Rufino Velasco</strong></p>
<h2>En tiempos de Jesús</h2>
<p>1 Parece cada vez más claro que Jesús, al comienzo de su vida pública, decide por los más pobres y discapacitados de su pueblo, para tratar de comprender desde ellos el Reino de Dios que él proclamaba.</p>
<p>Jesús no duda un momento en proclamar una Buena Noticia: que el Reino de Dios está cerca. Ha escogido la provincia de Galilea, que está más bien lejos del cetro religioso y político de Jerusalén, y es allí donde está la gran mayoría de los pobres y los marginados de Israel, para proclamar un cambio histórico para su pueblo, y para todos los pueblos de la tierra: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios; convertíos y tened fe en esta Buena Noticia” (Mc 1, 15).</p>
<p>En el pueblo de Israel pasa lo mismo que pasaba en los demás pueblos: que la mayoría de la gente es pobre, y que, por fin, el Reino de Dios se acerca, y que Jesús está seguro de que Dios quiere gobernar el mundo de tal manera que los pobres dejen de serlo, y para ello tienen los ricos que dejar de serlo, deben tener fe en esta Buena Noticia. Comienza con Jesús un cambio de época en la historia, con él se abre paso una gran alternativa en nuestro mundo que dará como resultado que los ricos y los pobres dejarán prácticamente de serlo, y comenzará un mundo nuevo: un cielo nuevo y una tierra nueva para una humanidad nueva.</p>
<p>2 Pues así, de pronto, surgió la gran ocasión histórica de Jesús: celebrar un gran banquete con miles de personas que se congregaron a su alrededor. No los manda a celebrar un gran combate, sino a celebrar un gran banquete a aquellos pobres de Galilea.</p>
<p>Estamos aquí en la Pascua del año 29 después de Cristo, cuando Jesús ten- dría 36 o 37 años por lo menos. Sería el 18 de abril de aquel año, un año antes de la Pascua donde Jesús se lo jugaría todo en Jerusalén.</p>
<p>Lo primero con que se encuentra Jesús es una “gran multitud” que venía de los pueblos vecinos de Cafarnaún. Sin saber cómo a Jesús “se le conmovieron las entrañas, porque estaban como ovejas sin pastor” (Mc, 6, 34) ya que los dirigentes del pueblo iban por un lado, y el pueblo iba por otro, nada menos que con la idea de hacer rey a Jesús.</p>
<p>Pues Jesús les manda recostarse en la hierba verde, formando círculos de ciento y de cincuenta según los pueblos de que provenían, pronunció una bendición, partió los panes y los peces, y se los fue dando a los discípulos para que los sirvieran a la gente de los pueblos, que no tenían otra cosa de que alimentarse sino lo que provenía de la mano de Jesús. Así que “comieron todos hasta saciarse, y recogieron doce cestos de sobras de pan y pescado. Comieron cinco hombres adultos” (Mc 6, 42-44), y así no hay que distinguir entre los hombres y las mujeres y los niños, como hace otro evangelista (Mt 4, 21).</p>
<p>Después de encaminarles a los discípulos en dirección a Betsaida, Jesús se encarga de despedir a la multitud, y allí aprovecha cuando está solo para “marchar al monte a orar”: tiene mucho que pedir para que los ricos se  avergüencen de lo poco que hacen por los pobres, y para que sus discípulos se vayan acostumbrando a lo mucho que tendrá que sufrir por parte de los dirigentes de Israel. Todo esto sirve para colocar en el centro a Jesús, que ha situado a los pobres de Galilea entre los preferidos de Dios, como pauta de lo que va a ser el Reino de Dios para Israel y para la humanidad entera.</p>
<h2>En nuestro tiempo</h2>
<p>1 Mucho tendríamos que recorrer para encontrar algo parecido a lo siguiente: muchos países del Norte que son ricos con desmesura, y muchos países de Sur que son pobres sin remedio. Norte y Sur: no es posible decir mejor a qué se reduce nuestro mundo cuando se compara con el Evangelio de Jesús, y tratamos de responder lo mejor que podamos a este desafío.</p>
<p>El problema del Norte y el problema del Sur: hay que resolver esta crisis. A esto sí que podemos llamar crisis, y tratar de resolver esta crisis antes que cualquier otra cuestión. La dialéctica Norte-Sur nos obliga a reducir la cuestión del planeta Tierra en dos mitades: una mitad más poderosa, en que es posible vivir en condiciones humanas, y otra mitad mucho más pobre e impotente, en que no es posible vivir sino en condiciones infrahumanas.</p>
<p>Los países del Norte se han acostumbrado a vivir en la abundancia, mientras que los países pobres del Sur se han acostumbrado a vivir en la escasez, hasta llegar a vivir en la “pobreza absoluta”, sin las mínimas condiciones para llevar una vida digna del hombre, donde sucumben con frecuencia al hambre y a la muerte. La contrarréplica de esto es la cantidad enorme de “emigrantes” que huyen de su propia tierra para buscar un futuro mejor en los países ricos del Norte.</p>
<p>2 Pues entonces, ¿qué es lo que ha ocurrido para encontrarnos con un mundo tan diametralmente dividido que en él existan los países ricos del Norte, y en él existan a la vez los países pobres del Sur, como si fuera por casualidad esta distribución de la riqueza y la pobreza en nuestra tierra, y así seguirá pasando por los siglos de los siglos?</p>
<p>Creo que debemos reconocer que hay una mitad del mundo formada por los Estados Unidos, Canadá, Europa, Japón, Australia y Nueva Zelanda, y una segunda mitad a la que pertenecen Asia, África y América Latina. A la primera se la llamó “primer mundo”, y a la segunda se la llamó “tercer mundo”, pero es mucho más fácil, como se hizo ya por los años 80, llamarla “países del Norte” y “países del Sur”, de modo que aparezca claramente que el mundo se divide en dos partes: el Norte, donde están colocados todos los países desarrollados, y el Sur, donde están colocados los países subdesarrollados, de tal manera que la expresión Norte-Sur pase a ser la línea divisoria que separa a unos países de otros, los países ricos y los países empobrecidos de la tierra.</p>
<p>3  Fue un teólogo cingalés, que más tarde entró en conflicto con el Vaticano, el primero que empezó a hablar de la “conciencia planetaria” de la Iglesia, y, partiendo de la teología de la liberación porque se encontraba en el Tercer Mundo, pensaba que había llegado la hora de una “teología planetaria” que partía de los problemas reales a nivel mundial y trataba de la liberación integral de todo el género humano. Él veía a los pueblos europeos como pueblos que han dominado al resto de la humanidad pretendiendo imponer un monopolio sobre Dios que se ha impuesto por encima de las demás reli giones, y es preciso pasar a un nuevo “orden mundial” que fuerce al cristianismo a reconocerse como “la religión del sacro imperio romano-germánico, de la cultura occidental y del capitalismo euro-americano”, y deje así de ser profundamente conservador, pro-capitalista y pro-occidental.</p>
<p>En el Vaticano II se trató de situar la Iglesia en su lugar concreto que es justamente “en” el mundo, desde el cual considera “la entera familia humana” como el lugar primordial desde el que tiene sentido como Iglesia (GS 2), pero sin llegar a comprender que la inmensa mayoría de esta familia humana son los pobres. Si partimos de la Iglesia de los pobres, la teología de la liberación ha hecho progresos considerables para comprender la Iglesia en su verdadero lugar social. ¿Qué es, pues, esta Iglesia de los pobres?</p>
<p>a) La teología de la liberación es la primera que ha llegado a comprender que hay que entender a la Iglesia desde abajo del mundo: desde los pobres y los más necesitados de la tierra. Pero ¿qué significa todo esto sin asumir todo lo que asumió Jesús de Nazaret cuando implantó en Galilea todo lo que quería decir el Reino de Dios cuyos privilegiados son los pobres y los marginados de la tierra, y los que alimentaba hasta los cinco mil hombres que representan la inmensa mayoría de los pobres y la inmensa minoría de los ricos tal como aparecen en nuestro mundo? ¿Qué quiere decir esto sino que los pobres opuestos a los ricos, los oprimidos opuestos a los opresores, y los que lo pasan mal en oposición a los que lo pasan bien en el mundo?</p>
<p>b) Por eso, de la teología de la liberación han surgido las comunidades cristianas de base, nacidas especialmente en América Latina, y luego en los diversos países del Tercer Mundo, y, como prolongación de todo esto, las comunidades de base surgidas en los países de Europa. Estas comunidades surgen del sentido de la fe de todos los creyentes, constituyendo así una “nueva forma de ser Iglesia” que ha emergido aquí, entre nosotros, justamente en virtud del concilio Vaticano II en la segunda mitad del siglo XX.</p>
<p>Pues estas comunidades cristianas de base referidas ante todo a Jesús de Nazaret, ponen en práctica el capítulo 25 de Mateo, llamado el “evangelio para ateos”, ante esta falta de humanidad en nuestra tierra: “Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui extranjero y me acogisteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, estuve en la cárcel y me fuisteis a ver”. Pero ¿cuándo sucedió todo esto? “Os lo aseguro: cada vez que lo hicisteis con un hermano mío de esos más humildes, lo hicisteis conmigo”. Por el contrario, están los que nunca hicieron nada de eso. Y se les responderá: “Os lo aseguro: cada vez que dejasteis de hacerlo con uno de esos más humildes, dejasteis de hacerlo conmigo” (Mt 25, 35-45).</p>
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		<title>Las “buenas prácticas”  económicas alternativas</title>
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		<pubDate>Thu, 07 Apr 2011 19:53:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[2010]]></category>
		<category><![CDATA[Nº 75. La crisis como oportunidad. 3 Alternativas económicas (septiembre 2010)]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[Luis Ángel AGUILAR MONTERO
Si ya hemos visto que todo lo que va contra la igualdad es una mala práctica (neoliberalismo, capitalismo, mercado), una muy mala respuesta a la crisis actual, tenemos que desenmascarar esas políticas económicas que dominan Europa y que como las de este gobierno, que se dice socialista, son cada día más conservadoras.
Que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><strong>Luis Ángel AGUILAR MONTERO</strong></p>
<p style="text-align: left;">Si ya hemos visto que todo lo que va contra la igualdad es una mala práctica (neoliberalismo, capitalismo, mercado), una muy mala respuesta a la crisis actual, tenemos que desenmascarar esas políticas económicas que dominan Europa y que como las de este gobierno, que se dice socialista, son cada día más conservadoras.</p>
<p style="text-align: left;">Que hay que invertir esta situación, está claro, pero difícil será si no es acometiendo una profunda revisión del sistema financiero y apostando por una fiscalidad más justa y equitativa con la que –de una vez por todas– se haga pagar más a quien más tiene y a quien más gana. ¿Que no se consigue por justicia, ni por solidaridad? Pues que sea por obligación, pero no como se está haciendo hasta ahora.</p>
<p style="text-align: left;">¿Y sólo eso ya sería suficiente? ¡Hombre! No sería poco, y ya me daría yo con un canto en los dientes. No obstante, además de las experiencias concretas que puedes encontrar en la sección “Vivir de otra manera” (banca ética, decrecimiento, deuda externa…), vamos a intentar enunciar un compendio de “buenas prácticas” alternativas, pero ¡ojo! sin que perdamos el horizonte de que nuestro objetivo no es simplemente un volver al estado del bienestar de los años 70. En esto la izquierda que se autodenomina como tal es cada día más conservadora.</p>
<p style="text-align: left;">Las necesarias dosis de filosofía decrecentista, adobadas con un poquito de utopía, y una pizca de esperanza, completarían adecuadamente una buena y saludable receta, que no digo sostenible para no anular la propuesta.</p>
<p style="text-align: left;">Pero resulta que al poder se lo ponemos a huevo, porque ¿cómo es posible que con la que está cayendo, nuestra sociedad se esté dejando dar esta paliza?, ¿cómo podemos permitir esta brutal agresión que no contenta con tocar las pensiones, los salarios o a las personas dependientes, ni a los casi 5 millones de parados reales, deja ir de rositas a los que siempre se han forrado (y aún ahora con la crisis) y no se ofrecen medidas que afecten a los especuladores financieros, o a esos jugadores de bolsa de los que habla Javier Domínguez en la anterior reflexión?</p>
<p style="text-align: left;">Es cierto que estamos asustados, pasivos, desmovilizados. ¡De acuerdo! Pero no podemos quedarnos así, porque como me recuerda todos los días un buen amigo en sus correos, “la indiferencia es la antesala de la esclavitud“.</p>
<p style="text-align: left;">No son alternativas válidas, ni mucho menos “buenas prácticas”, unas políticas de recorte del gasto que afecten a las pensiones, al salario de los funcionarios, a la inversión pública o a las prestaciones sociales como la Ley de Dependencia.</p>
<p style="text-align: left;">Las alternativas, incluso para reducir el déficit público, tienen que pasar necesariamente por el aumento de la contribución fiscal de los que más tienen y ganan, es decir por una reforma fiscal progresiva, que empiece ya con medidas urgentes, por un plan serio de lucha contra la economía sumergida y el fraude fiscal, y por programas de racionalización y control del gasto público.</p>
<p style="text-align: left;">Sirva pues este decálogo de buenas prácticas quizás algo tedioso, que –si se diera dentro de un plan de convergencia y armonización fiscal europeo– demostraría que otro mundo es posible, si conseguimos que otras políticas económicas también lo sean:</p>
<p style="text-align: left;">1. La reducción drástica del loco gasto militar incluyendo la compra de armamento, las partidas de investigación y desarrollo militar y la retirada de las tropas de Afganistán. ¿Nos hemos parado a pensar cuánto nos cuestan las guerras, independientemente de cuestiones éticas, morales o de paz? Según el Centre d’Estudis per la Pau, el gasto militar actual equivale a casi 50 millones de euros diarios. Sólo en 2009, España gastó más de 700 millones de euros en Afganistán, cantidad que lógicamente aumentará este año con los 500 efectivos más que enviamos de contingente.</p>
<p>¿Cómo se puede permitir que el Estado gaste 18.000 millones de euros en la compra de aviones, blindados y helicópteros de combate o que haga inversiones en armamento de alta tecnología, que son tan caras?</p>
<p>No hace mucho que acaba de salir publicado el último informe sobre venta de armas según el cual en España seguimos vendiendo a tutti-plen con un incremento del 44% en el peor año de la crisis. También es reciente la última matanza de 52 civiles en Afganistán a manos de nuestros pilotos de la OTAN (y digo nuestros porque se entrenan en Albacete, a 900 metros de mi casa) o la publicación de Wikileaks sobre la verdad de la guerra de Afganistán con más de 90.000 documentos clasificados en los que, entre otras cosas, se recogen cientos de asesinatos de civiles.</p>
<p>2. La racionalización del gasto público también es una medida para reducir el tan temido déficit público. Y habrá que racionalizar no con pensionistas, jubilados o dependientes y sí reduciendo las subvenciones a la Iglesia católica o a la Casa Real, o al gasto de altos cargos de las administraciones públicas y del sector público empresarial.</p>
<p>3. La fiscalidad progresiva, eso de que paguen más quienes más tienen o ganan, está ya tan extendida, que hasta se difunde en Internet con cuatro grandes medidas como son:</p>
<p> Recuperar los Impuestos de Patrimonio y Sucesiones, que se eximieron a los más ricos.</p>
<p> Elevar el tramo máximo del IRPF al 50%, para quienes ganan más de 60.000?/año.</p>
<p> Gravar las SICAV (Sociedades de Inversión de Grandes Fortunas) al 20%, pues pagan al 1%, y</p>
<p> Subir el Impuesto de Sociedades a las empresas con beneficios al 35%.</p>
<p>A esta popular receta podríamos añadir otras alternativas como la abolición de los paraísos fiscales o la supresión del secreto bancario, que también serían buenas medidas a contemplar en este apartado.</p>
<p>4. Aumentar también los impuestos a las empresas cotizadas en bolsa, a las sociedades con más beneficios, a los bonos, primas y remuneraciones extrasalariales de directivos y superjubilados de instituciones financieras, a los deportistas de élite… a los ricos –en suma– y al capital, para que pueda equipararse la contribución fiscal de las rentas del capital y las del trabajo y así poder dar más servicios a toda la ciudadanía. La célebre Tasa Tobin aplicada a las transacciones bursátiles y todas las propuestas económicas de ATTAC y de IU, también serían muy buenas prácticas alternativas.</p>
<p>5. Reorientar la reforma del IVA, eliminando la subida general de tipos que entró en vigor el 1 de julio, estableciendo un IVA SUPERESPECIAL (pongamos del 25%) para los artículos de lujo, productos perjudiciales para la salud como el alcohol o el tabaco y bienes como joyas, abrigos y prendas de piel, yates y aeronaves, etc., y a la vez, estableciendo un IVA SUPERREDUCIDO (pongamos del 4%) para los alimentos y productos de primera necesidad.</p>
<p>6. Incorporar disposiciones de fiscalidad verde o incluso una Ley de Fiscalidad Medioambiental que grave todo aquello que perjudique el medio ambiente como las emisiones de CO2 de las empresas y particulares, el uso de combustibles fósiles, los residuos contaminantes o el empleo de bolsas de plástico, incentivando con deducciones todo lo que tenga efectos favorables, innovadores y de inversión en sistemas productivos más limpios.</p>
<p>7. Combatir la economía sumergida, interviniendo con campañas agresivas contra el vergonzoso fraude fiscal, y haciendo emerger el dinero negro, así como pagar por los billetes de 500?, que en España son un escándalo con la cuarta parte de los existentes en toda Europa. Y todo ello para obtener recursos suficientes con los que mantener la calidad de los servicios públicos y las prestaciones sociales.</p>
<p>8. Otra buena alternativa es el “decrecimiento”, filosofía que reza que “es posible vivir con mucho menos, para vivir mejor”, o trabajar menos, para que tod@s puedan hacerlo, o como decía Mahatma Gandhi: “Vivir sencillamente para que todos puedan, sencillamente, vivir”. Como ejemplos digamos que necesitamos más trenes convencionales y menos AVE, apoyar más alternativas “eco-bio-justo”, reducir la huella ecológica, copiar la sabiduría de la naturaleza y los ecosistemas o “biomímesis”.</p>
<p>Tenemos que reivindicar el ocio frente al trabajo obsesivo, debemos favorecer las relocalizaciones, fomentar las cooperativas, recuperar el trueque, o promocionar el transporte público, y también cambiar la excesiva dependencia de las energías fósiles, reconvertir los ejércitos, reducir la industria armamentística (OTAN incluida), la automovilística, la aeronáutica o la del ladrillo, eliminar las políticas de trasvases, o exigir un marco legal, que no meras declaraciones como las últimas de Copenhague, que garantice unas políticas verdaderamente decrecentistas. Os recomiendo, en suma, volver a la entrevista que en el nº 73 hacíamos a Joan Surroca i Sens.</p>
<p>9. La crisis es una oportunidad para la defensa de lo público. Todo lo que sea defensa de lo público es una buena práctica alternativa económica. Y aunque pudiéramos pecar de exhaustivos quiero explicitar lo que serían esos servicios públicos esenciales o de interés general que no podrían mercantilizarse ni privatizarse por ser indispensables para la vida o para la sociedad. Así hablamos del abastecimiento del agua y el saneamiento, de la salud, del cuidado de la infancia, de la educación, de los transportes, de las semillas, de las pensiones, del paro, de la ayuda a la familia y a la población dependiente, de los servicios de inserción social, del suministro energético, de los servicios medioambientales, o del servicio de correos. Para estas prestaciones, tenemos que reclamar siempre la gestión pública, ya que todos estos servicios no pueden ser medidos en clave de rentabilidad económica, sino social, y no pueden estar mediatizados ni por el cortoplacismo, ni mucho menos, por los mercados.</p>
<p>10. Y finalmente, habría que construir un nuevo modelo productivo alternativo (NMPA) para una sociedad diferente, superadora del capitalismo (el socialismo del siglo XXI), donde un estado social participativo sería la alternativa al estado de bienestar keynesiano. Hablamos de un Estado que –como hemos visto– sea capaz de mantener la centralidad de lo público como elemento capaz de promover el interés colectivo, la equidad y la solidaridad, y que –mediante la descentralización del poder, y la articulación de mecanismos plurales y participativos– permita un proceso de toma de decisiones consensuado con toda la ciudadanía.</p>
<p>Ese NMPA sería un programa de transición hacia esa sociedad, cuyo objetivo tendría que llevar apareado la consecución del pleno empleo (digno, estable y de calidad). También haría falta un cambio del modelo de relaciones laborales, así como una reforma empresarial y no la reforma laboral, como está planteando y endureciendo cada día este gobierno.</p>
<p>Hay que cambiar la gestión empresarial en este país, penalizando el modelo de salarios bajos, de tanta precariedad y de tantísima desregulación. Hay que modificar profundamente el sector financiero, recuperando y desarrollando el papel de la Banca Pública y utilizando las Cajas de Ahorro como soportes públicos del desarrollo regional. Es preciso defender y desarrollar la protección social, la Seguridad Social, y los servicios sociales. Y finalmente, hay que producir un cambio radical en los fundamentos de la política agraria para que sea productiva y sostenible y donde la alimentación sea considerada un asunto estratégico.</p>
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		<title>¡LA BOLSA O LA VIDA!</title>
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		<pubDate>Thu, 07 Apr 2011 19:50:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[2010]]></category>
		<category><![CDATA[Nº 75. La crisis como oportunidad. 3 Alternativas económicas (septiembre 2010)]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[Javier Domínguez 
“Tenemos que olvidarnos del estado de bienestar”…, sentencia el consejero de Economía de la Comunidad de Madrid, presidida por la neoliberal Esperanza Aguirre.
Tenemos que apretarnos el cinturón, nos repiten machaconamente todas las televisiones y todos los periódicos.
Extrañamente no he conocido ningún político, ningún economista con poder económico, ningún banquero, ningún “inversor” que haya dicho [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><strong>Javier Domínguez</strong> </p>
<p>“Tenemos que olvidarnos del estado de bienestar”…, sentencia el consejero de Economía de la Comunidad de Madrid, presidida por la neoliberal Esperanza Aguirre.</p>
<p>Tenemos que apretarnos el cinturón, nos repiten machaconamente todas las televisiones y todos los periódicos.</p>
<p>Extrañamente no he conocido ningún político, ningún economista con poder económico, ningún banquero, ningún “inversor” que haya dicho algo parecido a esto:</p>
<p>Tenemos que olvidarnos de ganar cien millones en una mañana en una jugada de bolsa afortunada…</p>
<p>Tenemos que olvidarnos del “libre movimiento de capitales” dedicados a la especulación sin pagar impuestos.</p>
<p>Tenemos que olvidarnos de los paraísos fiscales.</p>
<p>Tenemos que olvidarnos de continuar cobrando una deuda que ya se ha pagado siete veces.</p>
<p>Tenemos que olvidarnos de sacar beneficios que superen la productividad.</p>
<p>Tenemos que olvidarnos de comprar un solar a 80 céntimos el metro cuadrado y venderlo al cabo de un mes a cien euros el metro cuadrado sin haber hecho nada que lo revalorice, sólo esperar el momento oportuno.</p>
<p>Tenemos que olvidarnos de construir una urbanización por veinte millones de pesetas cada vivienda y venderlo a cuarenta y cinco millones cada vivienda cuando está terminado.</p>
<p>Tenemos que olvidarnos de multiplicar por cinco nuestro patrimonio actuando legalmente conforme a las leyes vigentes.</p>
<p>Tenemos que olvidarnos de comprar por una peseta la funeraria madrileña que valía cinco mil millones, etc.</p>
<p>Tenemos que olvidarnos de privatizar el canal de Isabel II.</p>
<p>Tenemos que olvidarnos de convertir las cajas de ahorro en bancos para luego privatizarlas.</p>
<p>Pero para el neoliberalismo de lo que tenemos que olvidarnos no es de estas monstruosidades que trajeron la crisis sino de cobrar el seguro de paro cuando el paro sea muy grande, de tener una pensioncilla cuando seamos viejos, de tener centros públicos de enseñanza gratuita para nuestros hijos, de una sanidad pública para todos. “De lo que tenemos que olvidarnos es del estado de bienestar e incluso del estado de ir tirando”.</p>
<p>Lo exige EL MERCADO. ¿Y qué es el mercado?</p>
<p>Antes de responder a esta pregunta tenemos que decir dos cosas:</p>
<p>La primera, que antes de que nos dijeran a nosotros que nos olvidáramos del estado de bienestar les habían dicho a los haitianos que se olvidaran del agua y del pan (antes de comer tenían que pagar al banco mundial la deuda externa), les habían dicho a los argentinos que se olvidaran del dinero que tenían ahorrado en el banco (el corralito), les habían dicho a los mexicanos que se olvidaran de la tortilla, les habían dicho a los irakíes (y de qué manera) que se olvidaran del petróleo, les habían dicho a los colombianos del Chocó que se olvidaran de sus tierras (están destinadas a producir aceite de palma para sacar petróleo), les habían dicho a los africanos que se olvidaran de las medicinas para curar la malaria, la disentería y el sida, porque salvar la vida de cientos de miles de niños y negros NO ES RENTABLE.</p>
<p>La segunda, que en este expolio, en este robo a los pobres, participó España muy activamente, haciendo negocio con el hambre y así consiguió quince años de bonanza económica. Ignasi Carreras, director de Intermón Oxfan, escribía en un informe en mayo de 2004: “Etiopía, Uganda y Camerún, tres de los países subsaharianos más pobres, entre 2001 y 2002 han pagado a España 23,5 millones de euros por el crédito FAD (Fondos de Ayuda al Desarrollo) que recibieron de 3,6 millones de euros. Han devuelto ya 23,5 millones, seis veces más de lo que recibieron”. El caso de Etiopía es el más sangrante porque el abono de 3 millones de Euros a España coincide con la hambruna en la que seis millones de etíopes tuvieron que recibir ayuda alimentaria. Los grandes negocios de España no han sido en África sino en América Latina donde se convirtió en el segundo “inversor” después de Estados Unidos. Según un informe del Banco Mundial de mayo de 2005, la deuda de América Latina era en 1980 de 157.000 millones de euros y lleva pagados un billón noventa y nueve mil millones de dólares por pago de intereses y amortización, siete veces la deuda original y todavía debe 830.000 millones.</p>
<p>Una vez dados estos datos someros y fácilmente comprobables ya podemos responder a la pregunta:</p>
<p>¿Y qué es el mercado?</p>
<p>Hasta hace muy poco tiempo, hasta la llegada del neoliberalismo, el mercado era el intercambio de bienes y servicios realizado poniéndoles un precio monetario. Sólo mediante la moneda podíamos intercambiar cosas tan dispares como es barrer la escalera, un kilo de carnes o una acción de una empresa.</p>
<p>Eso era antes. Con la llegada del neoliberalismo las cosas cambiaron y llamaron mercado a un tinglado legal e institucional que hacía posible y legal el que después de pagar siete veces una deuda, todavía debieras cuatro veces lo que te prestaron y así y con otros métodos de juego con las monedas, de compras de futuros, de cambios de valor … multiplicar la riqueza de los muy ricos a costa del empobrecimiento de los más pobres.</p>
<p>Si analizamos las curvas de oscilación del valor de la bolsa española en el último año, y sabemos un poco de estadística, vemos que en el caso del valor de la bolsa no hay curva continua sino una serie de piquitos que suben y bajan cada poco tiempo, casi cada semana. Este es un comportamiento absolutamente anómalo, raro, de loco sin control. Las curvas de valor son continuas y según su dirección se puede prever el futuro. Eso vale para todas las curvas, sean de fiebre o de intención de voto o de venta de viviendas o de nacimiento de niños. ¿Por qué la curva de valor de la bolsa española no es curva sino un sube y baja? Porque no está regida por una ley o por una norma sino por una manipulación. La manipulación es esta: el director del Banco de España dice que hay que abaratar el despido y cambiar el “mercado de trabajo” y que el Gobierno no hace nada. En ese momento la bolsa baja. Cuando ha bajado el valor, los mal llamados inversores compran barato. A los pocos días el Fondo Monetario Internacional proclama que las medidas van por buen camino y las bolsas suben. Los “inversores” venden entonces a diez lo que compraron a siete. Cuando han vendido caro una agencia de esas que tienen los inversores para manipular la bolsa dictamina que las medidas no son suficientes y entonces vuelven a bajar. Cuando han bajado compran de nuevo y esperan la nueva subida para vender…El resultado: beneficios millonarios para los “inversores” en el año de crisis. Los “inversores” han comprendido que sacando un pequeño beneficio cada quince días, se gana igual o más que en una jugada de bolsa a lo grande.</p>
<p>El banco de inversión Merril Lynch y la consultora Capgemini han hecho público en el mes de junio un informe en el que dicen que el año 2009, en plena crisis, los grandes patrimonios, que son los que superan los 815.000 euros en activos, crecieron en España un 12,5 % y que más o menos es la línea que han seguido los grandes patrimonios europeos. En el mundo mundial hay 10 millones de grandes patrimonios, que suman unos 32 billones (billones) de euros.</p>
<p>Llaman “mercado” a las brutales oscilaciones de precios que produce el juego libre en las bolsas de esos 32 billones de euros dedicados a la especulación. Llaman “inversores” a los jugadores de bolsa y “mercado” libre a la timba de casino global que han formado. Eso es el mercado: una timba de casino en el que juega con la vida y la muerte una banda internacional de especuladores respetables a los que damos nuestro voto y en cuyas manos hemos puesto la solución de nuestros problemas.</p>
<p>En la civilizada y democrática Europa con mucha frecuencia nos hemos dejado arrastrar por dogmas perversos que nos han convencido y sólo al cabo del tiempo, de mucho tiempo, hemos comprendido nuestro error. Recordemos que Hitler llegó al poder porque le eligieron y sus dogmas perversos ejercieron una gran fascinación sobre una gran mayoría de los europeos, muchos de ellos católicos sobre todo en España.</p>
<p>Actualmente el dogma perverso que nos domina es el Mercado Global, que dicta sus leyes y obliga a los estados a que se olviden del bienestar de los ciudadanos y les fuerza a subordinarlo todo (la salud, la vida, la muerte, la comida, la educación) al MERCADO.</p>
<p>Lo primero que hay que comprender es que ese ente abstruso e incomprensible llamado mercado libre es un dogma perverso, inmoral y loco, tan perverso, inmoral y loco como fue el fascismo. El sueño de la razón produce monstruos. El neoliberalismo, ese sueño de la razón, ha producido más muertes de niños y enfermos que el fascismo. Estamos en un régimen de fascismo económico.</p>
<p>En este régimen tiránico y asesino, la mayoría de los ciudadanos miramos para otro lado, como lo hicimos con el fascismo. Todos sabemos muy bien lo que son las hambrunas, los niños hambrientos, que la tercera parte de la humanidad pasa hambre. Solamente una minoría en el mundo, entre la que nos encontramos nosotros, protesta. Una minoría extraparlamentaria, de ONG, organizaciones de derechos humanos, foros sociales y algunos partidos políticos casi testimoniales, sin peso político para cambiar las cosas, ni siquiera para imponer una tasa a los llamados “inversores” porque iría contra el mercado libre de capitales. Y aceptamos una cosa tan necia como que no hay dinero para terminar con el hambre o dar un pequeño subsidio a los parados, en un momento como este, en el que por primera vez en la historia de la humanidad tiene medios y recursos suficientes para que todos llevemos una vida humana. Pero seguimos dando nuestro voto a los que comercian con el hambre.</p>
<p>Sería un buen paso hacia la humanidad el que esta crisis en la que nos encontramos abriera los ojos a una mayoría de ciudadanos y ciudadanas. Así podríamos encontrar una salida entre todos. Al menos debemos comprender que las medidas que se están tomando contra la crisis no tienen como objetivo solucionar nuestros problemas sino calmar al mercado, es decir engrasar la timba de casino que tienen instaurada a nivel global el Fondo Monetario Internacional (Rato fue presidente) y los cuarenta banqueros.</p>
<p>Y sobre todo, no olvidar, para colocarnos en nuestro sitio, que los parados, los viejos y la sanidad pública no producimos beneficios, NO SOMOS RENTABLES.</p>
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		<title>Ecología y Cristianismo: Mirada de Jesús sobre el cosmos, siempre reciente</title>
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		<pubDate>Thu, 07 Apr 2011 14:48:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[2010]]></category>
		<category><![CDATA[Nº 76 La crisis como oportunidad 4. Alternativas ecológicas (septiembre 2010)]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[Evaristo VILLAR
 A estas alturas ya nadie ignora, salvo pequeños reductos muy ideologizados o interesados, que la intervención humana en la tierra está siendo exagerada. Estamos degradando nuestra casa común. Y cada día es más numeroso el coro de voces que se alza para exigir un cambio en nuestras relaciones estructurales, técnicas y filosóficas con el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><strong>Evaristo VILLAR</strong></p>
<p> A estas alturas ya nadie ignora, salvo pequeños reductos muy ideologizados o interesados, que la intervención humana en la tierra está siendo exagerada. Estamos degradando nuestra casa común. Y cada día es más numeroso el coro de voces que se alza para exigir un cambio en nuestras relaciones estructurales, técnicas y filosóficas con el entorno.</p>
<p> La ciencia actual, por su parte, nos está advirtiendo que estamos empobreciendo la vida y extinguiendo la diversidad de especies que son, ya en sí mismas, independientemente del uso que hagamos de ellas, un valor inestimable. Esta misma ciencia va poniendo de manifiesto la vinculación radical del ser humano con la tierra con la que forma unidad física y con la que tiene unas relaciones presentes y futuras sólidas e indisolubles.</p>
<p>A todo esto se une el esfuerzo creciente de la teología de la naturaleza que, en el umbral de una nueva cosmología -entre los datos que va suministrando la astrofísica (lo macro) y la física cuántica (lo micro)-, está descubriendo la base de otra posible experiencia de Dios y de una nueva ética ecológica.</p>
<p>En resumidas cuentas, tanto la conciencia social creciente como la ciencia y la reflexión teológica nos invitan a mirar de modo diferente nuestra relación con el conjunto del universo, y, a su vez, el “lugar” que reservamos a Dios en esta mirada.</p>
<p>1Por tratarse de la reflexión teológica de este tema, me detengo brevemente en este segundo aspecto. Si durante el primer milenio, dominado por la cosmovisión de Tolomeo, Dios habitaba “allá arriba” y el ser humano sobre el Planeta era un tímido reflejo de su imagen omnipotente, con el despertar de la razón y los inestimables hallazgos de Copérnico y Galileo, Newton y Einstein se fue allanando el camino para que más tarde la Edad Moderna alcanzara a ubicarlo “más abajo”, entre el universo de las cosas existentes, compartiendo con el ser humano el señorío en el cosmos. San Pablo, mucho antes, había apuntado en esta misma dirección al declarar en el Areópago, ante los sabios atenienses, que Dios “no se encuentra lejos de cada uno de nosotros; pues en él vivimos, nos movemos y existimos… porque somos de su linaje” (Hch 17, 27-28). Pues bien, esta atrevida inspiración paulina se puede ir iluminando hoy día desde las aportaciones de las nuevas ciencias cosmológicas donde todo lo que existe aparece ligado e interconectado y donde el ser humano no llega sobre el planeta como un aerolito venido de otro mundo sino surgiendo desde la entraña misma de la Tierra, estando ésta, a su vez, vinculada a un universo inimaginablemente más grande. “Dios no es todo” (panteísmo), dirá la teología, pero “está en todo”, animando el proceso cósmico hasta su consumación.</p>
<p>2En este contexto cabe preguntarse qué es lo que nos ha pasado para haber perdido tan desmesuradamente los papeles. ¿Cómo es que de ser parte intrínseca de ese organismo vivo –en expresión de Atahualpa Yupanqui, somos la Tierra que anda, piensa, siente y ama– hemos llegado a convertirnos en sus verdugos y enemigos?</p>
<p>Hay muchos que piensan, y no les faltan razones, que de este mal proceso son en gran parte responsables  las religiones y, más en concreto, el cristianismo por la imagen distorsionada que ofrece de la especie humana en el cosmos. Según este discurso, el despliegue real del “hombre bíblico” sobre la tierra ha sido una de las mayores causas de la actual crisis ecológica. Y se pronostica que mientras no cambiemos esta forma de ver nuestra relación con el cosmos, la superación de la actual crisis ecológica será poco menos que imposible.</p>
<p>Uno de los pensadores que más tempranamente denunciaron el origen religioso del deterioro ecológico fue el estadounidense Lynn Townsend White Jr. Este profesor de historia medieval llegó a advertir en el dinamismo cristiano de la Edad Media los “fundamentos psicológicos” que llevaron posteriormente a la Revolución Industrial a unir ciencia y tecnología en la magna y religiosa empresa de explotar la tierra. La teología judeocristiana, legitimadora de tal expolio, la recapituló White en su ya clásica conferencia sobre Las raíces históricas de nuestra crisis ecológica (1966) en dos imágenes sacadas de la tradición sacerdotal de la Biblia: la condición de “imagen de Dios” que distingue al ser humano del resto de la creación, carente de autoconciencia y subjetividad (Gn 1,26-27), y su “dominio absoluto” sobre la tierra, que interpreta como mandato divino (Gn 1, 26-28).</p>
<p>¿Qué hay de verdad en todo esto? Otros pensadores y exégetas, igualmente preocupados por el deterioro medioambiental del Planeta, han continuado explorando la Biblia judeocristiana y han llegado a una conclusión similar. A juicio de Leonardo Boff, por ejemplo, existen evidentes fundamentos antiecológicos en la tradición judeocristiana que, indudablemente, han tenido que ver con el actual deterioro de la Tierra (cfr. Connotaciones antiecológicas en la tradición judeocristiana, en Latinoamericana. Org/2010/info). Boff señala, en primer lugar, el “patriarcalismo” en que está transmitido todo el mensaje bíblico que rompe, ya de entrada, el equilibrio de los géneros. Más al fondo, señala el “monoteísmo”, que, en su versión más radical, llegó a imponerse como fuente única y cerrada de todo el proceso cosmológico, lo que causó una separación absoluta entre Dios y la creación, privando a ésta de la policromía de manifestaciones de la única divinidad. El monoteísmo tuvo su traducción política en el “antropomorfismo” que concentra en el ser humano la representación de la divinidad invisible y de su poder sobre la creación, causando una nueva separación que rompe la gran comunidad cósmica, toda ella portadora y reveladora del Dios único. A todo esto se le añade la ideología tribalista de la “elección como pueblo” que lleva necesariamente a la exclusión de todos los demás y, sobre todo, de la “demonización de la naturaleza” por causa de la caída del ser humano. Es terrible, a este propósito, la mentalidad que respira la sentencia bíblica: “maldita la tierra por tu causa” (Gn 3,17). Todo esto está a la base del desprecio cristiano del mundo, de la sospecha sobre todo placer y de la falta de cuidado de un planeta que hemos considerado como objeto de explotación y hasta como enemigo.</p>
<p>3 Sin espacio para entrar más a fondo en estos temas, será cuestión de preguntarnos ¿en qué medida el cristianismo, que ha sido (no solo él, pero sí en gran parte) causa del problema, podría llegar a ser parte de la solución? A mi modo de ver, la respuesta puede llegar desde estas dos prácticas: la recuperación de “la frescura de la mirada de Jesús a la naturaleza”, completada, a su vez, con el “discurso que hicieron los primeros cristianos” sobre su propia identidad (la de Jesús)”. Sobre esta base, recuperado el aliento inicial del cristianismo, tanto la espiritualidad como la ética podrían llegar a ser un revulsivo profético importante frente a la crisis ecológica actual.</p>
<p>En primer lugar, la frescura de la mirada de Jesús sobre la naturaleza. La unión de Jesús con Dios, arraigada en su experiencia de Dios como Abba, se manifestó, según los sinópticos, en su identificación con los seres humanos y en su unicidad con la naturaleza. El Abba era un Dios creador, solícito con todos los seres, con los lirios del campo, con las aves del cielo, con los seres humanos y la maravillosa diversidad de vida sobre la tierra. Todos los seres y todas las vidas eran -estaban siendo- obra de la acción creadora y providente del Abba. Hasta el mismo Jesús debió entenderse a sí mismo como fruto de esa acción amorosa que todo lo</p>
<p>creaba y mantenía en la existencia. En una edad precientífica como la suya, este mantenimiento en el ser debió ser experimentado por Jesús como una acción poética y providente, en vigilante cuidado para vestir de colores las flores del campo, para dar de comer a las aves del cielo y aun para hacer salir el sol sobre buenos y malos (Mt 5 y 6). Todo el cosmos se mantenía vivo y en constante evolución por la creatividad permanente del Abba. Visto desde la mirada de Jesús, ¿no recobra el universo todo en la mirada fresca de Jesús aquella ternura de los primeros capítulos del Génesis, cuando las cosas que iban apareciendo sucesivamente eran todas buenas a los ojos de Dios?</p>
<p>Esta mirada original de Jesús sobre una naturaleza, siempre nueva y reciente, se completa con la reflexión profunda que hace posteriormente Pablo, identificándolo con el Cristo pospascual, o el Mesías de Dios. Se trata de todo un alarde de interrelación con el cosmos globalizado (habla del Cristo cósmico) y de un proceso de recapitulación de todas las cosas hacia la unidad definitiva en el Cristo total</p>
<p>-el Punto Omega, como dirá osadamente Teilhard de Chardin desde una cosmología todavía incipiente-. Ya en la década de los 60 del primer siglo, Pablo había hecho síntesis tan atrevidas como las siguientes: que el Mesías está al principio de las obras de Dios, como modelo de su creación; que es además “la meta y plenitud” hacia la que toda la creación tiende: “el es modelo y fin del universo creado, él es antes que todo y el universo tiene en él su consistencia” (Col 1, 17). Un par de décadas más tarde, profundizando la reflexión anterior, Pablo descubre el proyecto de Dios para la época final de la historia. Este proyecto consiste en la “unidad universal” que tiene como elemento fundamental la unidad de todos los seres humanos (lo terrestre) con Dios (lo celeste): “nos reveló (por medio de Jesús Mesías) su designio secreto, conforme al querer y proyecto que él tenía para llevar la historia a su plenitud: hacer la unidad del universo por medio del Mesías, de lo terrestre y de lo celeste” (Ef 1, 10).</p>
<p>Para el propósito de esta breve incursión en la teología del Nuevo Testamento quizás nos basten estas dos reflexiones finales: una referida a la genuinidad de la espiritualidad cristiana y otra a sus consecuencias ético-ecológicas.</p>
<p>Referente a la primera, ya no se puede hoy día, contando con las aportaciones de la ciencia, contemplar la naturaleza como algo acabado y completo sino como un organismo histórico en permanente evolución (recreación) hacia un futuro desde donde le llega la consistencia y solidez. Tampoco se puede pensar el ser humano como un extraterrestre venido de fuera como un aerolito sobre el cosmos, ajeno en un universo que resulta ser su propio hogar (él pertenece a la noosfera, la parte pensante de la naturaleza). Es parte de un proceso evolutivo que, pasando por la geoesfera (la materia) y la biosfera (la vida) sigue caminando (encarnación) hacia la unidad plena de todo el universo en Cristo, empujado y mantenido por la acción amorosa del Abba.</p>
<p>Y respecto a la ética ecológica, si ya no podemos pensar el ser humano fuera del cosmos ni encontrar a Dios y a su Cristo fuera de esta misma realidad, sería siempre un desatino pretender una praxis correcta, cristianamente hablando, desde fuera de esta base cristológica que nos aporta el Nuevo Testamento. El haber pensado al ser humano y al Dios creador fuera del cosmos nos ha llevado a la crisis actual del planeta. Será necesario retornar nuestras prácticas de fe, esperanza y caridad a la tierra donde está nuestro hogar. Todas las miradas cristianas más conscientes se fijan hoy día en Francisco de Asís que, siguiendo a Jesús de Nazaret, supo hacer una síntesis perfecta entre el cosmos, el ser humano y Dios.</p>
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