Reflexión: La lucha por unas pensiones dignas nos concierne a todos

Adelaida Román

Este principio de la primavera ha estado fuertemente marcado por la movilización repetida de pensionistas y futuros pensionistas, que han salido a la calle a reivindicar unas pensiones dignas.  No es problema menor, pues hoy tiene la magnitud de afectar a más de 8 millones de personas.

Hay que ser conscientes de que la Educación pública, la Sanidad pública y el Sistema Público de Pensiones forman la esencia del estado de bienestar. Por eso es tan importante cuidar del mantenimiento, de la calidad y la universalidad de estos tres pilares del bienestar de la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas.

¿A qué se deben, pues, estas movilizaciones? Sencillamente, a que los pensionistas no se fían… y, para ser sinceros, hay que reconocer que hay razones para ello.

Los recortes empezaron con el gobierno del PSOE, que pasó de 2 a 8 años el periodo de la base reguladora para calcular la pensión, y de 8 a 10 los años necesarios para tener derecho a disfrutarla.

La respuesta beligerante de los pensionistas, con una huelga de éxito rotundo de participación, obligó al gobierno a establecer por ley la revisión automática de las pensiones con el IPC. (Ley 26/1985 de 31 de Julio).

Diez años después, el Congreso ponía en marcha un cambio de modelo (Pacto de Toledo) que básicamente eximía al Gobierno del pago de las pensiones de la seguridad social: las cotizaciones deberían cubrir las prestaciones contributivas; con ello se sentaban las bases del desmantelamiento del sistema público de las pensiones. Se aumentaba el número de años para poder disfrutarla: de 8 a 10 años.  Y de 10 a 15 años para tener derecho a la pensión. Eso suponía, en realidad, una pérdida en la cuantía de las pensiones. Se perdió también la obligación de revisar la pensión conforme a la subida del IPC, lo que supuso más pérdida de poder adquisitivo para los pensionistas.

Este proceso, que en el inicio fue mas participativo en la medida en que los sindicatos tenían capacidad de incidencia en los debates y capacidad de propuesta, ha perdido parte de esa fuerza, hasta el punto de que las organizaciones de trabajadoras y trabajadores han tenido que movilizarse durante los meses últimos para presionar por la garantía del mantenimiento del poder adquisitivo de las pensiones.

Así llegamos ahora, con la inseguridad abriéndose camino y la duda de qué está pasando con la hucha de las pensiones. La verdad es que el dinero que mueven las pensiones públicas (que es el ahorro que hacemos las trabajadoras y los trabajadores) está en más de 120.000 millones de € anuales, lo que constituye un pastel interesante para bancos, seguros, etc. Empieza a crecer así la desconfianza en su gestión y la necesidad de su control.

Por otra parte, hay que considerar los efectos que empiezan a producirse por el progresivo y profundo deterioro de las condiciones de trabajo, por la creciente desregulación que deja las condiciones de trabajo, horarios, salarios y demás a expensas solo de la voluntad del contratador, del empresario, con las consecuencias tan graves que se derivan, hasta el punto de que, en muchas ocasiones, el trabajo no permite ya la mera subsistencia de las personas y menos de las familias.

Si a estos problemas añadimos el sesgo de género, hay que recordar, por una parte, que al menos un tercio de las mujeres no han trabajado nunca o casi nunca, por lo que suelen no tener pensión, salvo que se paguen una privada. La brecha salarial que hace que, a igual trabajo, el salario es menor para la mujer y, por otra parte, el hecho de que muchos trabajos necesarios pero mal pagados o no pagados, sean ocupados por mujeres, como los  de cuidados, de acompañamiento a los mayores, de limpieza de hogares, y rara vez son con contrato y alta en la Seguridad Social, lo que implica poca posibilidad de pensiones dignas que permitan vivir con cierta holgura.

Llegamos así a la conclusión de que hay un amplio sector de la población, especialmente compuesto por mujeres, que no ha tenido trabajos remunerados o los ha tenido en situación muy precaria y sin acceso, en general, a la posibilidad de una pensión.

De manera que, para superar la estrechez de las pensiones que no cubren las necesidades básicas y ni siquiera llegan al salario mínimo interprofesional (establecido hoy en 735,90€) hay que plantear reivindicaciones claras y estar dispuestos a moverse, porque sólo la lucha solidaria entre todos podrá hacer que las cosas cambien.

¿En qué sentido queremos que se muevan? Estas son reivindicaciones pendientes por las que luchar hasta conseguirlas:

  • Fortalecimiento del sistema público de la Seguridad Social
  • Elevar todas las pensiones, al menos, al nivel del salario mínimo interprofesional. (735,90€)
  • Cumplimiento del art.50 de la Constitución: “los poderes públicos garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica durante la tercera edad”
  • Restablecer la edad de jubilación a los 65 años con el 100% de las retribuciones
  • Eliminar los topes que limitan las cotizaciones a la Seguridad Social en los sueldos más altos
  • Adoptar medidas legislativas, presupuestarias y fiscales para garantizar las pensiones públicas.

Deberíamos no olvidar nunca que los pensionistas de hoy fuimos ayer niños y jóvenes, y que los jóvenes de hoy serán los pensionistas de mañana.  Al defender un sistema justo de pensiones, también lo debemos hacer por los que vendrán.

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Nota.- Agradezco muy sinceramente a la Sección de Pensionistas de CCOO y a la Plataforma Coordinadora de Pensionistas la información aportada.

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