Reflexión: Hay esperanza porque hay caminos

Gerardo Villar: La experiencia de un cura rural que bebió del Vaticano II

El artículo refleja la experiencia personal de un cura que ha pasado la mayor parte de su vida en pequeños pueblos de la Sierra de Cameros, en La Rioja. El impacto del Concilio Vaticano II en su vida, los problemas con la jerarquía y con los poderes políticos, su participación en la Iglesia Popular, sus reuniones clandestinas en la época del franquismo y el ofrecimiento de su casa abierta a quien buscaba cariño o refugio han sido las referencias de una vida entregada a todos.

 Cuento mi experiencia. Mi vida pastoral ha coincidido con hechos muy importantes en la Iglesia y en la sociedad: Concilio Vaticano II, Mayo del ‘68, Encuentro de Medellín.

Siendo realista, no me afectó mucho el Mayo del ‘68. El Concilio no lo digerí, de momento. La primera impresión me la dio nuestro obispo diciendo que era algo sin importancia y que no iba tener ningún futuro.

Yo era un seminarista, y enseguida cura de unos pueblos muy pequeños. Y por ahí me llegó la renovación. Era simplemente contrastar la realidad social y humana con el nuevo ideal que venía desde el Mayo del ‘68, desde una reunión de curas inquietos, desde el Evangelio…  Tuve problemas políticos y sociales

La mayor fuerza de cambio me llegó a través de un grupo de curas que nos reuníamos periódicamente y nos íbamos formando. Nos asomamos a la lectura de los documentos del Concilio. El que más nos influyó fue la Constitución Gaudium et Spes.    Empezamos a descubrir nuestro estar en el mundo, nuestro ser pueblo de Dios, nuestro ser comunidad cristiana. Y así vino la coordinación con otros muchos grupos populares y funcionamos como Iglesia Popular

Comencé a trabajar en un pueblo de 10.000 habitantes. Una gozada, porque iba descubriendo un mundo nuevo. Leímos en un grupo de curas Ser cristiano, de Hans Küng, y eso fue un revulsivo. Teníamos unas eucaristías que ya eran participadas por multitud de jóvenes, seguidas por un trabajo en grupos,

Viví las realidades del mundo unidas a las celebraciones. Oré mucho porque lo necesitaba. Sobre todo, con el ambiente de oposición que había a las nuevas corrientes.     Llegué a sentir la Iglesia como comunidad, sobre todo de jóvenes. Tuve un párroco que me ayudó muchísimo y que leía toda la teología del momento. Trabajamos la Teología popular, de José María Castillo (editada a ciclostil) y bastantes folletos que nos llegaban por una u otra parte.

Era un iniciarme, un empezar a oler el Concilio, un ver mi misión de cura, mezclado entre las personas y la eucaristía El nuevo espíritu me fue entrando a través de jóvenes universitarios implicados con el pueblo.

Había auténticas ganas de cambio radical. Aún era difícil. Socialmente, fueron los jóvenes y los agricultores los que impulsaron esa movida. Se creó la Unión de Agricultores y participamos de pleno en las huelgas, reuniones clandestinas…  Sin darnos cuenta, íbamos cambiando nuestra concepción del mundo y de las realidades eclesiales,

Pasó el tiempo. Estuve de cura en pueblos de la Sierra de Cameros, en La Rioja. Cinco pueblos y encargado de Caritas Rural. Época de acciones más creativas y menos llamativas. Se creó “Rioja Acoge”, “Proyecto Hombre”. Iban desarrollándose alternativas ante los problemas humanos. La Sierra empujaba y animaba. Una coordinadora de los quince pueblos de la Sierra nos empujaba y la empujábamos.

Empecé a vivir con otras personas. Esto ha seguido durante treinta años. Fue ir consolidando los frutos del Concilio como apertura a otras culturas, como ir creando el Reino de Dios aquí y ahora.

Pasé por varios pueblos. Una época serena en la que profundicé en la vivencia de esas nuevas visiones, chocando constantemente con los planteamientos eclesiales del momento. He tenido mucha implicación en los pueblos, en sus tareas sociales, en sus problemas.

Estoy un tanto impresionado por la orientación de la Iglesia. Siento un papa abierto, cristiano, comprometido, creyente. Todos le alabamos, pero percibo que en la Iglesia no le seguimos, aunque se ha puesto de moda ser de Francisco. Expreso mis deseos colaborando en las publicaciones de Fe Adulta.

Creo que cada vez es más necesario ir creando y viviendo la fe en grupos, con contemplación del evangelio, con la lectura de una teología alternativa. Y ahí sí que encuentro esperanza, El cambio de época interroga a la Iglesia. Cuesta encontrar el camino nuevo. Pero es ilusionante. Tengo vocación de explorador. La vida y el evangelio, interpretado cada día, me van descubriendo las huellas de Jesús Resucitado. Hay esperanza porque hay caminos…

 

Deja un comentario

Tu email nunca se publicará.

*