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Sep 26

Cómo nos manipula el Miedo

Jesús Bonet Navarro

             Somos genéticamente miedosos. El miedo es parte del patrimonio genético que recibimos de las especies vivas que nos han precedido. Pero hay un miedo natural, un miedo patológico y un miedo inducido y manipulador. El miedo inducido siempre ha sido un instrumento en manos del poder opresor para manipular conciencias, libertades, ideas o creencias y conseguir eficazmente la sumisión, la desesperanza, la desmovilización, el individualismo y el sentimiento de culpa ante la desobediencia legítima.

El ser humano, un ser genéticamente miedoso

Llevamos el miedo en los genes. El miedo es una de las pocas emociones denominadas primarias o simples. La mayor parte de nuestras emociones son complejas. Las emociones complejas son elaboradas, mixtas, influidas por la cultura y el aprendizaje. Las emociones primarias, por el contrario, son innatas, no las hemos aprendido, porque forman parte del patrimonio genético heredado de las especies vivas que nos han precedido: todas ellas han vivido con el miedo como mecanismo de protección y huída ante el peligro o ante la agresión de las especies más fuertes. El miedo, en su sentido original, es un mecanismo neurológico incrustado en nuestro sistema límbico (que rige nuestra vida emocional) y ha desempeñado la función de protegernos y de facilitar nuestra supervivencia y la de la escala biológica de la que procedemos, que ha sido la placenta en la que ha crecido la vida humana.

El miedo ha acompañado la prehistoria y la historia del ser humano, sin estar ausente ni en un solo momento. Pero las formas del miedo han ido cambiando, según las sociedades y las épocas. Aunque la humanidad es genéticamente miedosa, el abanico de miedos varía de un lugar a otro y de unos momentos a otros.

Miedo psicológicamente normal, miedo patológico y miedo inducido

            Miedo normal es la emoción reactiva de nuestro cerebro, automática y proporcionada ante un peligro objetivo. Miedo patológico es esa misma emoción reactiva pero desproporcionada o excesivamente duradera o paralizante o  irracional en la valoración subjetiva de la causa que lo produce; una fobia es un miedo patológico, duradero, irracional y condicionante de la vida. El miedo normal no necesita una experiencia previa para surgir; el miedo patológico, por el contrario, puede ir asociado a una experiencia previa negativa.

Pero aquí nos interesa, sobre todo, el miedo inducido, es decir, provocado por alguien intencionadamente, un alguien que sabe cómo activar en nuestro sistema límbico la emoción “miedo”. Y si ya el miedo patológico nos manipula inconscientemente en mayor o menor grado, el miedo inducido es una manipulación consciente y violenta de quien tiene el poder o la fuerza de causar ese miedo.

La utilización del miedo como manipulador de conciencias, de libertades, de ideas, de creencias o de voluntades se apoya en la convicción que tiene quien detenta un poder opresivo de que (modificando ligeramente la frase de Maquiavelo) “el fin justifica los miedos”; es obvio que se trata del fin  del opresor, no del de los oprimidos, porque todos preferimos vivir sin miedos. De este modo, entre el miedo normal, el patológico y el inducido, la vida humana puede ser un mar de miedos.

Cómo nos manipula el miedo

Del blog tagtuc

El miedo, junto con el sentimiento de culpa, han sido siempre instrumentos de manipulación utilizados por todos los fascismos. Culpa y miedo son dos fuerzas esterilizadoras de la libertad. Y, como son muchos los miedos que podemos tener y las culpas que se nos pueden cargar, el resultado es la inmovilización de las personas. Si, además, se aísla del grupo a las personas induciendo miedos individuales, el efecto es inmediato: nadie se mueve. Basta con provocar el miedo a algo que afecta a nuestra vida: a perder la identidad cultural, religiosa o nacional; a la muerte; a hablar; al mestizaje; a lo diferente; al caos; a la soledad; a perder la libertad; al propio miedo; a decir “no”; al acoso (escolar, laboral, cibernético); a la duda; al conflicto…

Los “salvadores” de esos miedos, que son los mismos que los producen, logran el efecto que desean: sumisión intelectual, política, económica, ética o religiosa; renuncia a conocer por uno mismo la verdad; inseguridad; desesperanza; bloqueo de la tolerancia y la comunicación; violencia; cerrazón en el individualismo; renuncia a los deseos básicos; desmovilización; sentimiento de culpa ante la desobediencia legítima… Así nos manipula el miedo.

Por eso, sólo el análisis crítico, la confianza en los propios valores, el trabajo en grupo, el no dejarse aislar y la movilización social pueden hacer frente a los miedos manipuladores.

 

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