Entrevista a AMARUK  KAYSHAPANTA

                                                                                                                   Evaristo Villar

 Amaruk Kaysapanta, nacido en Ecuador y residente actualmente en Barcelona, es un indígena Kichwahumanista y promotor cultural mundialmente reconocido. Es un artista multidisciplinar y maestro en artes marciales mixtas. Es periodista y ha sido nombrado Embajador Indígena de los Andes en 2013. También ha dirigido largometrajes y protagonizado varias películas y series de televisión en España. Por todo esto se le considera “El incansable polifacético”.

Un hombre tan polifacético como tú, incansable viajero por el ancho mundo, ¿cuál ha sido el último proyecto en que has intervenido?

Además de ser un aprendiz por excelencia y dejarme guiar por personas que tienen mayor sabiduría,  en estos momentos estoy volcado en esclarecer un fenómeno de gran calado humanitario: estoy ayudando a descubrir empresas que han estafado a mucha gente inmigrante, volcado en la lucha por la defensa del no al maltrato a las mujeres y creando proyectos educacionales para niños y jóvenes, partiendo del arte y la cultura integracionista,  desde las tradiciones íntegramente indígenas de los Andes.

Campeón en artes marciales en Sudamérica y mundialmente conocido, ¿para qué le sirve esta actividad a un artista como tú?

Me sirve, sobre todo, para dominarme a mí mismo. Yo duermo cuatro horas diarias desde hace 11 años,  gracias a mis técnicas de meditación y artes marciales que me ayudan a mantener el control sobre mí mismo. Dicen los filósofos orientales que aquel que controla su vida lo controla y domina todo. Pues yo, con dominarme a mí mismo, ya estoy teniendo, creo, un buen resultado, a base de constancia diaria y amor a la autodisciplina. Y, además, aprovecho el tiempo para seguir luchando por las causas mientras los demás duermen.

En tu biografía se dice que eres creador de una rama filosófica llamada Desestructuración Amarukiana Amawtika. Desde ella hablas y de ella has escrito varios libros. ¿Podrías resumir en pocas líneas  en  qué consiste esta filosofía?

En 2013 fui invitado por el Gobierno cubano, en mi papel de Embajador de los Andes para la Unesco, junto a otros especialistas y Premios Nobel, a la 3ª conferencia internacional de La Habana sobre el Clima y la Paz en el Mundo.

En mi intervención mantuve que el mundo se ha desarrollado desde el punto de vista de la filosofía griega y romana. Y me pregunté por qué esa filosofía, cuando nuestras culturas andinas, según todos los vestigios, tenían ya más de 40.000 años antes de la llegada del hombre blanco. Nosotros disponíamos ya de un patrón filosófico y espiritual, científico y pedagógico de conducta. Y esto es el Amautismo. Y Amarukiana, por Tupak Amaruk, uno de los grandes próceres incas que se levantó en rebeldía en el s. XVI contra el yugo español y la esclavitud de los pueblos indios de América. Teníamos una cosmovisión sagrada que venía del Gran Espíritu que llamábamos Pachakamak (Dios Runa de los Andes), que era  una representación filosófica del ser humano. Nunca se había hablado en el mundo sobre “Amawtismo” (estudio filosófico y científico-espiritual de la cosmovisión andina), porque la historia de la mal llamada América (su auténtico nombre es Abya Yala, que significa La Tierra Sin Mal) siempre fue escrita desde el punto de vista del hombre blanco o mestizo, jamás desde los autóctonos.

Consideré entonces que la única forma de restaurar la historia en todos sus niveles era comenzando desde los orígenes. Desde el Amawtismo comencé a investigar nuestra filosofía y  conectividad espiritual a la sagrada Madre Tierra, a la Pacha Mama, sus elementos, sus habitantes visibles e invisibles (nosotros los llamamos el mundo de los espíritus). Desde esta conexión, que es una verdadera revolución interior, podremos recuperar el equilibrio y la paz a transmitir a las generaciones actuales y venideras. Este es el objetivo máximo de nuestra filosofía, la lucha por la conservación de las especies y el Ser como ser de conciencia desde la práctica, no desde la teoría. Y nacieron mis últimos libros: “El Secreto de los Amawtas” “Memorias de un Mitimae”,  de Ediciones Carena.

¿Entonces se trata de una filosofía antropológica y cosmológica en la que todo está vinculado…?

Correcto. Y todo es imbricación de forma espiritual. Para nosotros, los elementos, que son solo cuerpos físicos en la filosofía occidental, son vida. Y cada vida tiene un espíritu y ese espíritu tiene una esencia, y la esencia-energética se transmite, se transforma, se fusiona, y te lleva a descubrir el Sumak Kawsay (el Buen Vivir) desde la aplicación de la Dualidad.

Yo considero que para que los 7.000 millones de habitantes del planeta vuelvan a tener  vida con sentido necesitan un proceso de destrucción, reciclaje y reconstrucción. ¿Qué reconstruir? Pues todo: para despertar el poder de la conciencia, conectar con la fuerza macro-vibracional energética de la Pacha Mama (Madre Tierra) y del Gran Espíritu, llamado Dios o Pachakamak, para que el amor poderoso e infinito que hace posible que la vida continúe… La reconstrucción solo puede aparecer cuando destruimos en nuestra mente todo lo que hemos aprendido desde los albores generacionales hasta nuestro tiempo, que es falso; y, por desgracia, eso nos está llevando a la autodestrucción. Y la prueba está en las sociedades tan decadentes en las que sobrevivimos hoy día, donde los jóvenes,  futuro del mañana,  son el resultado de sistemas sociales muertos en vida.

Los terremotos del 16 de abril de 2016 causaron en Ecuador 670 muertos y miles de desplazados,  con un coste aproximado de 3.000 millones de dólares. También hubo muertos y mucho pánico en los temblores de tierra del 10 de julio de 2016. Vinculado tan estrechamente a la madre tierra,  ¿cómo has vivido estos fenómenos en tu país de origen?

Cuando escucho esta palabra siempre pienso en el caos. Porque  el caos geográfico manifiesta el poder de la Madre Tierra ante la falta de conciencia que tenemos de que somos nosotros los que pertenecemos a la tierra, no al revés. Y cuando algo no es tuyo,  debes tratarlo, cuidarlo y mantenerlo si quieres recibir el mismo trato.

Pero el problema medioambiental es un problema mundial. A nadie le importa la explotación que por el monopolio de las industrias capitalistas está destruyendo nuestros campos,  y se olvida algo tan importante como la preservación y conservación de la tierra, por acaparar más poder económico solo para unos cuantos.

Y cuando se destruyen nuestras viviendas y se mueren seres humanos en los terremotos, probamos nuestra impotencia porque ante estos fenómenos que nosotros provocamos  no podemos hacer absolutamente nada, y menos aún en países tan precariamente desarrollados como los de América Latina o el mismo Ecuador. Todo esto nos causa dolor e impotencia. Pero más dolor e impotencia, si cabe, te causan los terremotos políticos, las decisiones políticas inquisidoramente actuantes contra el medioambiente, que nuestros gobernantes toman a diario en un discurso vacuo que va en pro del desarrollo de un país.

Yo manifiesto una visión que viene del altiplano andino: “Todo lo que les ocurra a la mujer y a los niños sufrirá y padecerá la humanidad”.

¿Qué piensas de la política medioambiental de Rafael Correa? Y, más en concreto, ¿qué juicio te merece la explotación de la gran reserva del Parque Nacional Yasuní en la cuenca amazónica?

Inicialmente, lo que hizo el presidente Rafael Correa fue visibilizar el problema. En esto tiene un gran mérito. Pero no basta con visibilizar. Luego él tapa los ojos, ata sus manos y permite  que se siga explotando.

Entonces no hay ningún tipo de salvación de algo que se intenta proteger. Mientras se sigan robando y explotando sin medida las materias primas del parque, al margen de la biodiversidad de  especies, de su rica fauna y de la presencia de los nativos o grupos en aislamiento voluntario que viven donde se encuentra el oro negro, estaremos no solo matando la zona, sino también privando a la humanidad de uno de sus mejores pulmones. El Parque Yasuni tiene un área de 9.820 kilómetros cuadrados, lo que corresponde a más de 35 campos de las dimensiones del Camp Nou.

Los defensores y activistas ya han puesto cámaras que propagan en todas las redes sociales que allí hay vida (vida humana, animal, microscópica, vegetal)  que ha sido contaminada y que va a ser exterminada por la explotación humana.

Y todo esto está aprobado y firmado por el presidente Rafael Correa, además de un montón de problemas económicos que se han escondido bajo este asunto. Es verdad que él se opuso al principio, solicitando a Europa el apoyo económico.  Alemania se manifestó, pero no con lo suficiente que Correa esperaba, y, como nadie nos ayudó,  firmó con los orientales dándoles vía libre para explotar y exterminar una de las biodiversidades más importantes del  mundo. Así el mundo se extingue ante nuestros ojos.

¿Qué juicio te merece la postura del papa Francisco en su denuncia y defensa del medioambiente? ¿Y qué piensas de su primera encíclica, Laudato si’, sobre estos temas?

Desde el punto de vista Amawtico, sus actividades humanistas y socioculturales me parecen revolucionarias. Me fui a Cracovia a verle durante la Jornada Mundial de la Juventud. También él ama Polonia. Es un país que me encanta: su cultura, su comida, su forma de pensar. Me encanta ver cómo un pueblo que fue exterminado en la II Guerra Mundial, dividido entre alemanes y rusos, ha podido resurgir en su arte, su música, su cultura, su literatura. Yo hice una tesis sobre Juan Pablo II. Por eso conozco bien ese país.

Encuentro que la línea de Francisco es una línea revolucionaria,  que ha empezado a hacer las cosas de forma diferente. Es la única forma de evolucionar. No soy católico, pero amo a Dios desde mi condición Kichwa, Inca y Mitimae… Para mí Dios no es blanco, ni negro, ni indio. Lo es todo. Es hombre, mujer, animal, elemento, cosa, él eres tú. Mientras obremos con paz, con equilibrio, con amor, con igualdad… mientras luchemos contra las injusticias y sus causas, en defensa de los derechos humanos, Dios está ahí con nosotros, está conmigo y mi utopía.

En definitiva, mi juicio sobre el papa Francisco es muy positivo. Me gusta este papa. Dijo Fidel Castro un día (¡y se ha cumplido!): “El único momento en que Cuba hablará con los Estados Unidos será cuando haya un presidente negro en USA y un papa latinoamericano en Roma…

El sistema capitalista no se compadece bien con la ecología. El papa en la Exhortación Evangelii Gaudium decía: “Hoy tenemos que decir no a una economía de la  exclusión y la iniquidad. Esa economía mata”. ¿Qué te parece un juicio tan severo,  viniendo del papa?

Toda la boca llena de razón. No solo mata a la Madre Tierra, también mata la atmósfera, la biosfera… Está matando algo que no se puede recuperar. Primeramente mata a los seres humanos por las guerras, por las explotaciones industriales que controlan y dominan la alimentación, el petróleo, las materias primas, los recursos humanos. Mata lo que no se recupera y sus entornos perimetrales, absolutamente necesarios para su subsistencia. Como diría el escritor Jaime F. Robert Calixto, “rompe nuestro corazón y con él nuestro silencio”. Porque el gran problema mundial es que el ser humano no sabe qué es ser runa, de mi lengua kichwa, que significa ser humano reconectado, enraizado en los elementos más pacíficamente armónicos que fluyen con la Madre Tierra, con los animales, con la lluvia, con el viento, con el sol, con el agua, con todas las criaturas vivas o aparentemente inertes. Los runas, o seres humanos, debemos ser híbridos en nuestra cotidianidad; solo así nos adaptaremos a  la naturaleza  para hacer de este mundo un mundo para todos.

En la encíclica Laudato si’, el papa habla de la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta. Es uno de los ejes de la encíclica. ¿Tiene algo que ver el cuidado de la tierra con la suerte de los pobres?

El papa es un eco de lo que nosotros, los pueblos indígenas, venimos diciendo desde que se establecieron las colonias y la independencia política. José Martí, uno de los próceres libertarios de América Latina, apóstol de Cuba, establece: “Hasta que los pueblos del mundo no comprendamos la forma de vivir y de amar a la Madre Tierra, no demos la mano al indio y el indio se levante… América, el mundo, no echará a andar”.

Me refiero no solo a América, sino también a los pueblos del mundo que han vivido apegados al campo, donde se convive y se utiliza lo que se necesita para vivir. Tenemos algo y lo compartimos, velamos por los que están a nuestro alrededor para que no les falte un techo, un pan, una ayuda, compañía. Nuestro pensamiento es comunitario, porque nosotros somos trascendentalistas humanitarios. Creemos en el Ayni, una palabra que en kichwa significa “la unidad del todo y de todos”. Todo el mundo trabaja para un bien en común. Todo el mundo tiene lo que debe tener. No hay hambre, no hay pobreza. Todo el mundo tiene de todo porque todos trabajaban para ese compendio en aras de la reciprocidad, producto del amor al prójimo.

Eso es lo que se intenta restablecer ahora. No podemos ser felices cuando vemos a nuestro alrededor gente que no lo es. Pienso que el papa Francisco conoce bien esta filosofía y nuestra historia. Bajo su capa occidental conserva sus raíces latinoamericanas. Aún se mantiene en Sudamérica lo que en Europa ya murió hace más de 523 años: el humanismo, la gratitud, el respeto, la sencillez, la humildad, el don de ser conscientes; a pesar de no tener nada, hacemos de todo y lo compartimos.

¿Cuál es la mejor aportación que puede hacer al cuidado de la casa común el Sumak Kawsay? ¿Y cómo se interpreta de cara al futuro? Cuando estuve en Cuba, tuve la oportunidad de entrevistar a Frey Betto, y le pregunté: ¿Cuál es el aporte al equilibrio y la paz que pueden ofrecer los pueblos autóctonos de los Andes? Y él respondió: Las sociedades occidentales deberían abrir los ojos y copiar la lucha de los pueblos indígenas por la preservación y conservación de la Madre Tierra. Que los indígenas no pierdan su identidad, su cultura, sus lenguas y tradiciones. Porque eso mantiene la conciencia occidental de que algo mal está haciendo y por eso el mundo muere. Y con el mundo muerto, desaparece también el ser humano.

Son palabras kichwa, sagradas, como el Padrenuestro para los católicos. Invitan al autorreconocimiento, al compartir. Kawsay es el equilibrio, la paz, es la armonía, la equidad, la igualdad, la reciprocidad. Rafael Correa utilizó inteligentemente el voto de los indígenas para llegar a la presidencia, firmando acuerdos y convenios para ayudar a los pueblos indígenas. Pero, como todo gobernante, una vez en el poder, se olvidó. Ha dejado olvidado al pueblo que le llevó a la presidencia. Pero se quedó con los grandes proyectos de los indígenas de Ecuador:  el Sumak Kawsay, el saber vivir, el vivir bien.

Filosóficamente, Sumak Kawsay significa “aquel que puede controlar lo incontrolable y,  cuando lo controla, ayuda a que todo esté en equilibrio para bien de la humanidad, de todos los seres vivos”. Nosotros manejamos tres dimensiones cíclicas cósmicas o tiempos: el mundo del cosmos (del espacio, de los cielos), el mundo terrenal (el aquí y ahora, el presente) y el inframundo (el mundo interior del ser humano y el mundo de los espíritus, que no se ve). Uniendo estos tres mundos, caminamos hacia la sabiduría, al Qhpaq Ñan; los hinduístas dirían al Nirvana, a la autorrealización. Y esta se mantiene sobre tres pilares básicos (los cristianos tenéis los diez mandamientos), que son: ama llulla (no ser mentiroso), ama shwa (no ser ladrón) y ama killa (no ser haragán).

Vengo recorriendo el mundo desde hace más de 27 años, he visitado 52 países y siempre busco la parte profunda de los pueblos. Generalmente, se encuentra la esencia de ellos en los  que aún viven en la marginalidad, en la ignorancia desde el punto de vista occidental. Pero, desde mi punto de vista, viven en la sabiduría, viven con lo más simple, sencillo, y en paz. Porque surge y se mantiene desde el amor puro y verdadero, ese amor que hoy en día nadie cree que exista y que lo vemos que va quedando solo en las telenovelas latinoamericanas, en la poesía, la dramaturgia,  en cine.

Los maestros/as y sabios/as de los Andes, reunidos en 2012 en Bolivia, hablaron abiertamente del cambio de era en la historia humana. ¿Cuál fue su mensaje para la nueva era que comienza?

Cada 50 años se reúnen todos los pueblos indígenas de América desde Alaska a la Tierra de Fuego, en Argentina. En este año eligieron Bolivia como el lugar sagrado, a orillas del lago Titicaca. El encuentro se denominó “El tiempo del no tiempo” o  la llegada del Pachakutik, es decir, el cambio de una nueva era. Tratando de descifrar la famosa profecía del fin del mundo en la cifra 12 del 12 del 2012,  todos los pueblos indígenas (sioux, cherokees, navajos, lakotas, sunis, quechuas, aymaras, woaranis etc., junto a hinduístas, mahometanos, budistas, etc.), todos apuntábamos en la misma dirección: queríamos la paz y el amor que inunde los corazones y los  comportamientos de las sociedades en el mundo. Fue maravilloso estar al lado de gente que vive al margen de toda tecnología y modernidad, y que, como el Amawtismo (estudio filosófico de la cosmovisión andina), buscan el equilibrio desde la dualidad. No se puede prescindir del llamado de los abuelos, abuelas, madres y padres de los Andes o nativos de América. Somos una voz callada durante milenios, provenimos del holocausto, el genocidio más grande en la historia humana, no reconocido hasta la actualidad. Y, a pesar de eso, solo buscamos hacerle entrar en razón al mundo occidental. Y si desean mejorar este planeta deben tomarnos en cuenta, porque nuestro aporte es fundamental en todos los procesos políticos, sociales y  educacionales para bien de la humanidad.

Pues bien, gracias a los Amawtas (maestros/as sabios de los Andes) llegaron a esta conclusión que orienta el Sumak Kawsay del futuro: todo lo que le pase a la Madre Tierra lo sufrirán sus hijos. El ciclo que determinan nuestros sabios es que la única forma de comprender los cambios que se están produciendo en el cosmos y en la sociedad es comprendiendo que el mundo se transformó en energía femenina, dio un giro de 180 grados para dejar de ser energía masculina. Ahora es el tiempo de la mujer. De todas esas mujeres que han sido acalladas a lo largo de la historia en que solo ha dominado el hombre. Durante mil años el mundo va a ser gobernado por la feminidad. Y mi llamado en calidad de Amawta es este: “Mujer, es tu tiempo; no te masculinices”.

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