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	<title>Revista Utopia &#187; Nº 62. Un mundo sin fronteras 2. Laicidad (Junio 2007)</title>
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		<title>EL CREDO DEL CAPITÁN</title>
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		<pubDate>Tue, 12 Jan 2010 11:51:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[2007]]></category>
		<category><![CDATA[Nº 62. Un mundo sin fronteras 2. Laicidad (Junio 2007)]]></category>
		<category><![CDATA[Portadas]]></category>

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		<description><![CDATA[
No picaré en el cebo de la vida, turbio nombre que Dios puso a la muerte;
la farsa de la historia, de la suerte, me pilla con la máscara vestida.
Y la naturaleza, esa homicida,
de tanto aporrearme, se ha hecho inerte.
Naturaleza, historia y Dios, Reverte,
no harán que me desangre por su herida.
En nadie creo ya, en nada [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright size-medium wp-image-920" title="Portada 62" src="http://www.revistautopia.org/wp-content/uploads/2010/01/Portada-62-215x300.jpg" alt="Portada 62" width="215" height="300" /></p>
<p>No picaré en el cebo de la vida, turbio nombre que Dios puso a la muerte;</p>
<p>la farsa de la historia, de la suerte, me pilla con la máscara vestida.</p>
<p>Y la naturaleza, esa homicida,</p>
<p>de tanto aporrearme, se ha hecho inerte.</p>
<p>Naturaleza, historia y Dios, Reverte,</p>
<p>no harán que me desangre por su herida.</p>
<p>En nadie creo ya, en nada espero,</p>
<p>y no me amo yo más que a otro del hato.</p>
<p>Guardo la compostura, veo y río.</p>
<p>O si acaso desprecio&#8230; Nada quiero. Sólo matar el tiempo en quienes mato, batiendo el ala triste del hastío.</p>
<p>Esto habló un capitán, hombre de chapa, tiró la copa y se terció la capa.</p>
<h3 style="text-align: right;">Francisco Rico</h3>
]]></content:encoded>
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		</item>
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		<title>La Vida de los Otros</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Nov 2009 23:28:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[2007]]></category>
		<category><![CDATA[Nº 62. Un mundo sin fronteras 2. Laicidad (Junio 2007)]]></category>
		<category><![CDATA[Para leer y ver]]></category>

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		<description><![CDATA[Dir: Florian Henckel-Donnersmarck Alemania 2006

Lo que en un principio podría parecer una película de espionaje durante la época de la guerra fría, vista con una mirada crítica, es una película sobre la condición humana. El director de La Vida de los Otros, toma la historia de un escritor, sus amigos y su compañera, acechados y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: right;">Dir: Florian Henckel-Donnersmarck Alemania 2006</h4>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-medium wp-image-765" title="62 Para Leer 1" src="http://www.revistautopia.org/wp-content/uploads/2009/11/62-Para-Leer-1-300x198.jpg" alt="62 Para Leer 1" width="300" height="198" /></p>
<p>Lo que en un principio podría parecer una película de espionaje durante la época de la guerra fría, vista con una mirada crítica, es una película sobre la condición humana. El director de La Vida de los Otros, toma la historia de un escritor, sus amigos y su compañera, acechados y constantemente espiados por STASI, la policía de Alemania del Este durante el régimen comunista, como metáfora del ser humano, y analiza esa condición humana llena de bajezas y al mismo tiempo de capacidad de comprensión y de empatía. Lejos de los discursos maniqueístas de los que están plagadas las películas de espionaje del cine americano, esta película alemana nos acerca tanto a los personajes espiados, como a los espías, esos seres con una vida miserable, que viven siempre en la sombra y que obedecen ciegamente al poder. No hay un ser humano que no esté secretamente espiando la “vida de los otros”, para envidiarla, para criticarla, para castigarla, por eso es una película que habla de todos nosotros, pero, al mismo tiempo rescata la capacidad de redención del más mísero de los seres humanos, que es capaz, en un momento último de dignidad y libertad, de hacer frente a la propia voracidad y a sus impulsos agresivos, para rescatar al otro tan silenciosamente como lo condenó. Una película inolvidable que se merece ampliamente el Oscar, de mejor película de extranjera, que ganó que este año en Holllywood.</p>
<p style="text-align: right;"><strong>Francesca Toffano</strong></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Querían protestar por el odio fraticida vertido por la COPE. EL OBISPO DE MÁLAGA IMPIDE CON AMENAZAS LA REUNIÓN DE LOS CRISTIANOS DE BASE</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Nov 2009 23:23:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[2007]]></category>
		<category><![CDATA[Nº 62. Un mundo sin fronteras 2. Laicidad (Junio 2007)]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Andrés Villena, Periodista

El encuentro convocado por un colectivo de cristianos de base en Málaga para protestar y discutir sobre el odio vertido por la cadena COPE en la sociedad española -con las consecuencias y riesgos que este hecho supone-, ha sido impedido por la intervención directa del Obispado de esta provincia, en una conducta que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: right;">Andrés Villena, Periodista</h4>
<p style="text-align: right;"><img class="alignright size-thumbnail wp-image-757" title="62 Comunicaciones 6_1" src="http://www.revistautopia.org/wp-content/uploads/2009/11/62-Comunicaciones-6_1-150x150.jpg" alt="62 Comunicaciones 6_1" width="150" height="150" /></p>
<p>El encuentro convocado por un colectivo de cristianos de base en Málaga para protestar y discutir sobre el odio vertido por la cadena COPE en la sociedad española -con las consecuencias y riesgos que este hecho supone-, ha sido impedido por la intervención directa del Obispado de esta provincia, en una conducta que estos cristianos han calificado de «sorprendente» y «desmesurada». El Obispo, por medio del Vicario General, amenazó a los dos</p>
<p style="text-align: right;"><img class="alignright size-thumbnail wp-image-760" title="62 Comunicaciones 6_2" src="http://www.revistautopia.org/wp-content/uploads/2009/11/62-Comunicaciones-6_21-150x150.jpg" alt="62 Comunicaciones 6_2" width="150" height="150" /></p>
<p> párrocos que se habían prestado a dejar los aledaños y salas contiguas a la parroquia malagueña de Santa Rosa de Lima con «atenerse a las consecuencias», en el caso de permitir que este encuentro tuviera lugar. Un escándalo que revela una clara intervencion política por parte de la jerarquía eclesiástica, contra este intento de pacificación social de los que representan una importantísima parte de la comunidad creyente.</p>
<p style="text-align: right;"> </p>
<p>Como resultado de estas amenazas, la Iglesia de Santa Rosa de Lima y sus aledaños permanecieron cerrados ayer durante todo el día. La Comunidad de Cristianos de Base, congregada para este encuentro, permaneció en la puerta de la parroquia hasta la una de la tarde. Pero no se quedaron solos. Unas setenta personas se fueron acercando a lo largo de la mañana a prestar su apoyo al colectivo; además, la comunidad recibió una larga serie</p>
<p style="text-align: right;"><img class="alignright size-thumbnail wp-image-761" title="62 Comunicaciones 6_3" src="http://www.revistautopia.org/wp-content/uploads/2009/11/62-Comunicaciones-6_31-150x150.jpg" alt="62 Comunicaciones 6_3" width="150" height="150" /></p>
<p>de e-mails de apoyo y solidaridad de todas partes de España, incluso desde el extranjero.</p>
<p>Según declaró a elplural.com Elías Ruiz, portavoz de la Comunidad de Cristianos de Base -una comunidad «plural, con miembros de distintas tendencias políticas»-, esta reunión y el encierro, lejos de buscar el escándalo, perseguía «encontrar un lugar de reflexión y discusión sobre lo que está ocurriendo en la emisora de los obispos». Pero no contaban con la “desmesurada” reacción del obispado de Málaga, detrás de la cual se sospecha que esté la Conferencia Episcopal como uno de los poderes que podrían estar interesados en que este evento no tuviera lugar de ningún modo</p>
<p><strong>Unas voces incomodísimas</strong></p>
<p>Para Ruiz, «se trata de la primera vez que desde dentro de la Iglesia se plantea esta situación. Porque cuando las críticas a la COPE venían por parte de Ezquerra Republicana, la cuestión era distinta. Pero cuando se hace desde dentro de la Iglesia es más grave para ellos. Porque a nosotros no nos pueden demonizar como a los de ERC. Detrás de esta acción hay una serie de intereses».</p>
<p><strong>En contra del Evangelio</strong></p>
<p>Para esta comunidad de cristianos, el problema de la COPE es que su conducta se opone a las «vías del Evangelio», por ejemplo, con su apoyo a la crispación y el odio. Eso no tiene ningún sentido en el mensaje de Cristo. Se trata de un grupo de gente que está cada vez más apartado de la realidad y más radicalizado, y que cae en una constante y enorme contradicción».</p>
<p><strong>«Muy grave»</strong></p>
<p>Estos cristianos de base declararon querer “llamar al obispo a la reflexión. Los propietarios de la COPE son la Conferencia Episcopal, con más de un 70% de la cadena. La Conferencia Episcopal es la que pone y quita en la COPE. Y es incomprensible: su ideario está en contradicción absoluta con lo que están haciendo. Nosotros lo que pedimos es que la información que se dé sea contrastada. Que no sea un lenguaje irrespetuoso, difamatorio. Los obispos lo consienten, permiten un mensaje que va contra su razón de ser, interesados sobre todo en los réditos de la emisora y personajes, por ejemplo, como Losantos -a los obispos les da igual que sea maoísta o trapecista-. Hay una contradicción tan grande que queríamos dejarlo patente. La intervención política del obispo de Málaga ha confirmado aquello contra lo que protestamos. Todo esto es muy grave».</p>
<p><strong>Caldo de cultivo para agresiones</strong></p>
<p>Para Elías Ruiz, el papel perjudicial de la COPE en la convivencia entre hermanos se pone de manifiesto en «los mensajes frentistas, que provocan el enfrentamiento entre las personas. Esto se puede ver en las reacciones de los manifestantes ante medios como la SER, en definitiva, medios más plurales. Incluso se producen agresiones físicas. Estas agresiones no son porque sí. Hay un caldo de cultivo que está en la COPE, como así es coreado, en ocasiones, por los manifestantes. Nosotros entendemos esto como muy peligroso porque desde el mensaje del Evangelio lo que se tiene que propiciar es lo contrario».</p>
<p><strong>Las acciones continuarán</strong></p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-medium wp-image-762" title="62 Comunicaciones 7" src="http://www.revistautopia.org/wp-content/uploads/2009/11/62-Comunicaciones-7-212x300.jpg" alt="62 Comunicaciones 7" width="212" height="300" /></p>
<p>A pesar de todo, la medida represiva no parece que vaya a detener las críticas y acciones de este grupo de cristianos de base. Según señaló Elías Ruiz, «nosotros tenemos la idea de seguir denunciando la injusticia. Vamos a analizar los hechos y el comportamiento de los sectores que han intervenido y realizaremos otro tipo de acciones que puedan ser llevadas a cabo con más facilidad».</p>
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		<title>ANTE LAS ELECCIONES: Manifiesto</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Nov 2009 23:13:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[2007]]></category>
		<category><![CDATA[Nº 62. Un mundo sin fronteras 2. Laicidad (Junio 2007)]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[CCP de Málaga

1. Muchos ciudadanos de nuestro país observamos con creciente inquietud el grado de crispación y enfrentamiento en que discurre la vida política española. Es propio de sociedades democráticas el debate, la confrontación dialéctica, la crítica acerba y, cómo no, la utilización de los derechos de expresión o de reunión con el fin de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: right;">CCP de Málaga</h4>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-medium wp-image-753" title="62 Comunicaciones 4" src="http://www.revistautopia.org/wp-content/uploads/2009/11/62-Comunicaciones-4-300x228.jpg" alt="62 Comunicaciones 4" width="300" height="228" /></p>
<p>1. Muchos ciudadanos de nuestro país observamos con creciente inquietud el grado de crispación y enfrentamiento en que discurre la vida política española. Es propio de sociedades democráticas el debate, la confrontación dialéctica, la crítica acerba y, cómo no, la utilización de los derechos de expresión o de reunión con el fin de manifestar la protesta o el apoyo. Nada de lo anterior nos debe, pues, preocupar ya que forma parte de la normalidad democrática.</p>
<p>2.Lo que nos inquieta, por el contrario, es que el debate político argumentado esté siendo suplantado por la descalificación y el insulto; que el normal funcionamiento de las instituciones sea trastocado y se niegue legitimidad a quien gobierna por voluntad de la ciudadanía; que el derecho a una información veraz se sustituya por la manipulación sistemática de los hechos a base de mentiras o de medias verdades que confunden a la opinión pública. Conjunto de procesos indeseables que si bien no han conseguido, todavía, provocar una quiebra en la sociedad española, muestran ya indicios preocupantes de que se puede estar gestando esa fractura que conviene detectar y soldar cuanto antes.</p>
<p>3.Creemos, sinceramente, que este clima crispado no obedece a la situación real de España. Es como si una realidad virtual, construida ex profeso con fines partidarios o electorales, se sobrepusiera a unos hechos objetivos que quedan así, la mayoría de las veces, sepultados por una avalancha mediática que se concentra en ciertos temas y se olvida de todo lo demás. Bien es cierto que nuestro país sigue teniendo problemas serios sin resolver sobre los que, por cierto, no se incide ni se ofrecen alternativas desde la oposición. Pero nadie, con un mínimo de honestidad, podrá negar que la economía marcha razonablemente bien, que el desempleo ha disminuido, que las fuerzas sociales han alcanzado importantes acuerdos, que se han producido avances no desdeñables en derechos sociales y civiles y que, en general, ha aumentado el bienestar de la población aunque, desde luego, no en igual medida para todos.</p>
<p>4.Ante la evidencia de estos hechos, toda la carga opositora se ha concentrado en unos supuestos peligros para la unidad de España y en una no menos supuesta rendición del Estado ante  los terroristas. Es decir, nada menos que “España se rompe y España se rinde”. Conviene afirmar, pues lo contrario sería faltar a la verdad, que tamaña desmesura no tiene nada que ver con la realidad, al margen de la opinión que cada uno tenga sobre cómo ha administrado el Gobierno tan delicados temas. Las reformas de los Estatutos de autonomía, salvo el de Cataluña, han sido aprobadas por los dos partidos mayoritarios y supone una falsedad obvia sostener que el Estatut, surgido de las Cortes Generales, rompe la unidad de España.</p>
<p>Se puede o no estar de acuerdo con la política antiterrorista del Gobierno, pero de ahí a sostener que la decisión, mediante resolución judicial, de que un preso, por muy criminal que sea, pase a la situación de prisión atenuada, ante el riesgo acreditado por los médicos de que puede fallecer, cuando le quedan 16 meses de condena por un delito de coacciones, es una rendición ante la banda terrorista ETA  resulta insostenible.  Si de lo anterior se deduce, además, que el Gobierno ha pactado ya con la banda, o sus representantes políticos, el futuro de Navarra, de Euskadi y de España, sin acreditar tan graves acusaciones, nos parece que se ha alcanzado tal nivel de exageración y extremismo que se hace inviable un debate racional. En este sentido, no es aceptable convertir la lucha contra el terrorismo en el eje exclusivo de la oposición a cualquier gobierno democrático. Esta postura no tiene antecedentes en la Unión Europea. Sobre todo cuando en los últimos años la actividad terrorista ha disminuido en comparación con los cientos de atentados de anteriores legislaturas.</p>
<p>5.El exceso ha llegado a tal punto que desde organizaciones con amplias responsabilidades sociales y financiadas por el Estado se hacen llamamientos a la objeción de conciencia en el cumplimiento de leyes aprobadas por el Parlamento y desde partidos con funciones de gobierno se apela a la rebeldía civil frente a un Ejecutivo legítimo, aduciendo que la nación española está en peligro. En un Estado democrático y no confesional, las leyes las hace el Parlamento y todos deben acatarlas. La apropiación partidaria de banderas e himnos nos retrotrae a épocas felizmente superadas y sólo puede ser causa de división. Convertir la propia idea de España en bandería es propio de dictaduras y de ideologías extremistas. En democracia no se puede pretender torcer la voluntad ciudadana ni con soflamas, ni con manifestaciones y menos con confusas actitudes “ caudillistas”. Es el voto y solo el voto el que debe decidir quién es el llamado a gobernar.</p>
<p style="text-align: right;"><img class="alignright size-medium wp-image-754" title="62 Comunicaciones 5" src="http://www.revistautopia.org/wp-content/uploads/2009/11/62-Comunicaciones-5-233x300.jpg" alt="62 Comunicaciones 5" width="233" height="300" /></p>
<p>6.Esta política de confrontación se ha inoculado en esenciales instituciones del Estado que deberían ser inmunes a las batallas políticas. Nos referimos a institutos tan trascendentales como el Tribunal Constitucional. A veces da la impresión de que se producen movimientos, decisiones o maniobras tendentes a alcanzar objetivos que de otra manera no se lograrían (véase el funcionamiento, en algunos casos, del Consejo General del Poder Judicial) y que van en detrimento del prestigio y de la confianza que los ciudadanos depositamos en ellos.</p>
<p>7.Una situación de esta naturaleza no debería, en nuestra opinión, conducir al Gobierno a una actitud de confrontación, pero sí a una exigencia de liderazgo y de capacidad de propuesta. Una parte no desdeñable de la ciudadanía está confusa y es obligación de los gobiernos poner remedio al desconcierto. No es bueno olvidar que cuando la manipulación o incluso la mentira encuentran eco en las personas, ello obedece, generalmente, a una insuficiencia de claridad y de capacidad de comunicación por parte de aquellos que administran la cosa pública.</p>
<p>8.En los próximos meses los ciudadanos vamos a tener ocasión de acudir a las urnas para votar en las elecciones municipales y, en ciertos casos, en las autonómicas. Será, sin duda, una buena ocasión- como siempre que los ciudadanos votan- no sólo de dirimir quien debe dirigir los consistorios y los parlamentos autonómicos sino también de exigir a los partidos y candidatos que se ocupen de los problemas concretos de los vecinos. Somos conscientes de que esta crispación inducida ha podido tener un efecto de hartazgo en los ciudadanos que los inclinen hacia la abstención. Nada sería más negativo en estos momentos. Los extremismos encuentran su espacio cuando la ciudadanía se abstiene y en esta ocasión cualquier inhibición no beneficiaría los avances sociales sino que propiciaría los retrocesos.     </p>
<p>9. Nos gustaría apelar al buen sentido que las personas de nuestro país han demostrado siempre desde la recuperación de la democracia: que no nos dejemos arrastrar a la confrontación en base a la manipulación interesada; que evitemos dividirnos ante cuestiones en las que debemos mantenernos unidos como la paz, la libertad y la lucha contra el terrorismo; que defendamos el Estado de derecho, sus instituciones y los avances civiles y sociales frente a los que pretenden hacernos retroceder en el tiempo.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA Y LOS DERECHOS HUMANOS</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Nov 2009 23:06:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[2007]]></category>
		<category><![CDATA[Nº 62. Un mundo sin fronteras 2. Laicidad (Junio 2007)]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Comunidades Cristianas Populares de Toledo y Talavera y otros Colectivos Laicos
    
Ante las declaraciones repetidas de la jerarquía católica española, y en especial de la diócesis de Toledo, sobre el área “Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos”, secundada además por el Partido Popular, que se compromete a suprimirla, si algún día puede,  calificándola de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Comunidades Cristianas Populares de Toledo y Talavera y otros Colectivos Laicos</strong></p>
<p style="text-align: right;"><img class="alignright size-medium wp-image-748" title="62 Comunicaciones 1" src="http://www.revistautopia.org/wp-content/uploads/2009/11/62-Comunicaciones-1-300x205.jpg" alt="62 Comunicaciones 1" width="300" height="205" />    </p>
<p>Ante las declaraciones repetidas de la jerarquía católica española, y en especial de la diócesis de Toledo, sobre el área “Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos”, secundada además por el Partido Popular, que se compromete a suprimirla, si algún día puede,  calificándola de “inaceptable en la forma y en el fondo”, un grupo de creyentes cristianos (Comunidades Cristianas Populares de Toledo y Talavera) con otros colectivos laicos, nos decidimos a estudiarla detenidamente, y éstas son nuestras conclusiones:</p>
<p>En nuestra sociedad actual hay un lamento constante sobre la pérdida de valores en ella (solidaridad, respeto, servicio, participación ciudadana, etc.), e implantación, por otra parte, de los contravalores correspondientes (individualismo, consumismo, afán desmedido de tener, prestigio social hipócrita, hedonismo desmesurado, etc.), favorecido todo ello por la globalización capitalista que nos invade.</p>
<p>Esto configura un mundo que no nos gusta, en el que prima la violencia, siendo muy llamativa la de género y el terrorismo; abuso de poder y corrupción; grandes desigualdades, sobre todo, entre países del norte y del sur; hambre y miseria en el tercer y cuarto mundo…</p>
<p>Constatamos también con satisfacción, es cierto, que en medio de este mundo injusto hay muchos signos esperanzadores y muchas personas, con muy nobles sentimientos, que destacan por su entrega, llena de responsabilidad, en los distintos ambientes, públicos y privados, en que se realiza su vida.</p>
<p>En estas circunstancias, la sociedad, y en especial los que tienen responsabilidades de gobierno, no pueden permanecer con los brazos cruzados, sin buscar soluciones adecuadas a los problemas arriba mencionados. Y no cabe duda de que la educación, en la familia, en el colegio y en diversas instituciones dedicadas a esta tarea… desde pequeños, es el primero y más importante instrumento para conseguirlo.</p>
<p>Por eso vemos interesante completar o suplir la labor educativa familiar con la implantación del área “Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos” que, junto a la adquisición de hábitos civiles, ofrezca también conocimientos de los valores que se quieren transmitir.</p>
<p>Estos valores, lógicamente, deben ser universales, válidos tanto para creyentes, como para agnósticos y ateos. No podemos olvidar que nuestra sociedad es plural en ideologías y religiones. Además estos valores no están en contra de la fe cristiana, sino que encajan perfectamente con los valores evangélicos. Queda intacto, sin embargo, el derecho de la Iglesia a proponer en sus enseñanzas y con su vida la fe en la trascendencia y el seguimiento de Jesucristo, para que lo acepte libremente el que quiera. Pero no se puede imponer a nadie.</p>
<p>No entendemos, por ello, cómo la Jerarquía de la Iglesia católica se niega a aceptar esta área educativa y hasta aconseja la “objeción de conciencia a la misma”.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-medium wp-image-749" title="62 Comunicaciones 2" src="http://www.revistautopia.org/wp-content/uploads/2009/11/62-Comunicaciones-2-300x101.jpg" alt="62 Comunicaciones 2" width="300" height="101" /></p>
<p>PROCESO DE ELABORACIÓN DEL ÁREA “EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA Y LOS DERECHOS HUMANOS”</p>
<p>Al hablar de este proceso, lo primero que decimos es, que no entendemos cómo se puede afirmar que esta área educativa haya sido impuesta de una forma dictatorial.</p>
<p>Por lo que hemos podido conocer, se ha consultado a todas las Comunidades Autónomas y a más de veinte organizaciones sociales y que tienen algo que decir en esta materia. Mencionamos a modo de ejemplo, solamente algunas: Amnistía Internacional, Cáritas, Religiosos de la enseñanza, Asociación Universitaria de Profesores de Didáctica de Ciencias Sociales, Confederación Española de Centros de Enseñanza y otras. Los obispos también han sido consultados en varias ocasiones, como sabemos por los medios de comunicación social.</p>
<p>Por otra parte, sabemos, que el Secretario General de Educación, Formación Profesional e Innovación Educativa siempre ha dicho: “Nos reuniremos con todo aquel que quiera decir algo al respecto”.</p>
<p>Como es lógico, en la ley no puede recogerse todo lo que cada uno haya dicho. </p>
<p>A partir de estas consultas se elaboró un primer borrador presentado el 6 de junio de 2006, después, el 29 de octubre de 2006 se volvió a presentar un nuevo borrador más completo.</p>
<p> Teniendo en cuenta las aportaciones hechas, seguramente, se elaboró la Disposición legal que aparece en el Boletín Oficial del Estado, del viernes, 8 de diciembre de 2006 para Educación Primaria y el 5 de enero de 2007 para Educación Secundaria.</p>
<p>Conviene saber también que, a pesar del rechazo de la Conferencia Episcopal y algunos obispos en particular, la Federación de Religiosos de la Enseñanza ha manifestado su voluntad de impartir en sus colegios el área “Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos”, “desde la visión cristiana de la vida”.</p>
<p>Esta área  educativa responde “a la insistencia de la Unión Europea sobre la necesidad de fomentar la ciudadanía responsable”.</p>
<p>Los contenidos doctrinales del área coinciden con principios de la “Declaración Universal de los Derechos Humanos”, la “Convención de los Derechos del Niño” y la “Constitución Española”.</p>
<p>OBJETIVOS QUE SE PRETENDEN CONSEGUIR CON ESTE ÁREA</p>
<p style="text-align: right;"><img class="alignright size-medium wp-image-750" title="62 Comunicaciones 3" src="http://www.revistautopia.org/wp-content/uploads/2009/11/62-Comunicaciones-3-300x215.jpg" alt="62 Comunicaciones 3" width="300" height="215" /></p>
<p>El mencionado anteriormente Secretario General de Educación los resume así: “Se trata de transmitir un cuerpo de conocimientos que permita manejarse en el conjunto de la ciudadanía, pero sobre todo, de educar en comportamientos y actitudes propios de la educación ciudadana”.</p>
<p>Por su parte, la Ministra de Educación dice: “Se trata de educar a los niños y adolescentes en el ejercicio de sus derechos y libertades”.</p>
<p>RESUMEN DEL ÁREA “EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA Y LOS DERECHOS HUMANOS”</p>
<p>A continuación se hace un estudio completo de los contenidos de esta asignatura, que omitimos por brevedad en la revista. El Comunicado termina así:</p>
<p>La verdad es que, conociendo los contenidos de esta área, nos extraña mucho, cómo algunos de los obispos españoles pueden negarse a apoyar estas enseñanzas. Y menos comprendemos todavía las afirmaciones tan rotundas de condena  que hacen en sus declaraciones: “Que esta área atenta contra la libertad de los padres en la educación moral de sus hijos”. “Que promueve el relativismo”. “Que fomenta la ideología de género” (lo que para nosotros es positivo y bueno, por lo que supone de rechazo al machismo reinante en la sociedad y en defensa de la igualdad hombre-mujer como personas).</p>
<p>Nosotros, desde nuestra propia convicción creyente o social responsable, apoyamos y defendemos la enseñanza de todos los valores contenidos en el área “Educación para la ciudadanía y los Derechos Humanos”, porque creemos que son válidos para todos y no contrarios a la fe cristiana, que muchos de los que hacemos esta reflexión, profesamos.</p>
<p>Supuesto todo lo anteriormente expuesto, apostamos por la libertad de conciencia de cada uno y la responsabilidad personal en la toma de decisiones, sin condicionamientos ajenos, después de un estudio serio del tema.</p>
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		<title>Jesús fue un laico</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Nov 2009 22:58:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[2007]]></category>
		<category><![CDATA[Nº 62. Un mundo sin fronteras 2. Laicidad (Junio 2007)]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[Rufino VELASCO

Ya es costumbre entre escrituristas y teólogos decir que Jesús fue un «laico», que se enfrentó con los grandes problemas de su pueblo, y parece que no sin razón.
Parece claro que los sumos sacerdotes lo condenaron a muerte, porque se había metido a saco con lo que pasaba en el templo de Jerusalén, y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: right;">Rufino VELASCO</h4>
<p style="text-align: right;"><img class="alignright size-medium wp-image-743" title="62 Reflexiones 3" src="http://www.revistautopia.org/wp-content/uploads/2009/11/62-Reflexiones-3-300x226.jpg" alt="62 Reflexiones 3" width="300" height="226" /></p>
<p>Ya es costumbre entre escrituristas y teólogos decir que Jesús fue un «laico», que se enfrentó con los grandes problemas de su pueblo, y parece que no sin razón.</p>
<p>Parece claro que los sumos sacerdotes lo condenaron a muerte, porque se había metido a saco con lo que pasaba en el templo de Jerusalén, y no estaba dispuesto a admitir que se hubiera convertido en cueva de bandidos; «volcando las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas» (Mt 21, 12-13), al fin cogió un látigo y, sin más miramientos, los echó a todos fuera del templo.</p>
<p>Habría que recordar aquí la parábola del buen samaritano, que Jesús emplea para explicar a un jurista quién es su «prójimo»: sucedió que bajaba un hombre por aquel camino que iba de Jerusalén a Jericó, y en aquel momento unos bandidos arremetieron contra él y le dejaron allí medio muerto. Por allí pasaba un “sacerdote” que, “al verlo, dio un rodeo y pasó de largo”. Y lo mismo pasó con un “levita” que, al acercarse por aquel mismo lugar, “dio un rodeo y pasó de largo” (Lc 10, 30-32).</p>
<p>Se da por supuesto en esta parábola que ya se sabe para qué están los sacerdotes y levitas del templo: para el gran negocio de atender al servicio del altar, y que eso les dispensa de las demás preocupaciones, entre ellas hacerse el desentendido ante un problema tan grave como aquel hombre al que los bandidos habian dejado maltrecho y casi muerto en el camino.</p>
<p>Ante él surge un samaritano, un hereje para los judíos, que hace con ese hombre todo lo que había que hacer para semejante caso: «le dio lástima; se acercó a él y le vendó las heridas, echándoles aceite y vino; luego le montó en su propia cabalgadura, le llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: cuida de él, y lo que gastes de más te lo pagaré a la vuelta»(Lc 10, 30-35).</p>
<p>Es decir, hizo por él lo que Jesús, que no se porta como el sacerdote y el levita del templo, hubiera hecho por aquel hombre, e hizo por los más necesitados de su pueblo. Lo que no hacen los sacerdotes del templo es exactamente lo que hace el laico Jesús por aquella persona.</p>
<h4>Jesús fue permanentemente un laico</h4>
<p style="text-align: right;"><img class="alignright size-medium wp-image-744" title="62 Reflexiones 4" src="http://www.revistautopia.org/wp-content/uploads/2009/11/62-Reflexiones-4-300x261.jpg" alt="62 Reflexiones 4" width="300" height="261" /></p>
<p>Pero aquí las cosas comienzan a estar claras cuando a alguien se le ocurre escribir eso que en el Nuevo Testamento se llama la Carta a los Hebreos. Una carta donde se dice, sin más, que Jesús es sacerdote. Se dice rotundamente, y además se dice con una tal novedad que no entronca para nada con el sacerdocio del pueblo de Israel. Con toda intención se contrapone el sacerdocio de Melquisedec al sacerdocio de Aarón, para concluir que Jesús es sacerdote «en la línea de Melquisedec, no en la línea de Aarón» (Hb 7, 11).</p>
<p>Era un tiempo en que vivía un personaje llamado Melquisedec, en tiempos de Abrahán, cuando no existía para nada el pueblo de Israel, y Melquisedec quer1a decir «rey de justicia», «rey de paz», cuando era a la vez «sacerdote del Altísimo», y de este hombre se dice en la carta a los Hebreos que Jesús era «sacerdote en la línea de Melquisedec».</p>
<p>¿Por qué dice esto el autor de este escrito? Porque, según él, en Jesús se da radicalmente un «cambio del sacerdocio», pasa a ser otra cosa muy distinta del sacerdocio de Israel. Es cosa bien sabida que «Jesús nació de Judá, y de esta tribu nunca habló Moisés tratando del sacerdocio»(Hb 7, 13-14), no pertenecía a la tribu de Levi, que era la tribu del «sacerdocio levítico».</p>
<p>Así pues, Jesús era de la tribu de Judá y, como tal, nunca perdió la categoría de «laico» que presentó durante toda su vida, por más que en esta carta del Nuevo Testamento se cargue sobre él la categoría de «sacerdocio». Por más que en esta carta se trate de decir que Jesús es «sacerdote», y aun «sumo sacerdote», o «gran sacerdote», no habrá que perder de vista jamás este cambio radical que se ha realizado en Jesús, por lo cual él permanece siendo un laico para poder así ejercer un nuevo tipo de sacerdocio.</p>
<p>Es de gran interés para esta carta precisar bien esta gran novedad del sacerdocio de Jesús, por lo cual se contradistingue bien de todo otro tipo de sacerdocio: Jesús fue sacerdote «según la fuerza de una vida indestructible» (Hb 7, 16).</p>
<p>Lo cual nos remite directamente a la vida histórica de Jesús: Jesús hizo de su vida una tal «ofrenda de si mismo», una entrega tan radical por la liberación de su pueblo, que terminó en la cruz. Pero la muerte de Jesús no fue su destrucción, sino al revés: la que consumó su vida como una realidad indestructible, la que le convirtió en «el hombre consumado para siempre» (7, 27-28).</p>
<p>Es evidente que llamar a esto «sacerdocio» obliga a salirse de las categorías habituales, y acercarse a él como a una realidad absolutamente nueva. Es lo que se hace en este escrito del Nuevo Testamento: lo mismo que el «sumo sacerdote» del templo lleva la sangre de los cadáveres de los animales para el rito de la expiación, pero luego esos cadáveres «se queman fuera del campamento», pues de la misma manera Jesús, para consagrar al pueblo con su propia sangre, «murió fuera de las murallas» (13, 10-12). Jesús fue expulsado fuera de la ciudad por los sacerdotes del templo, y allí, en contradicción con todo lo que se hace en el templo de Jerusalén, Jesús aparece como un laico por más que se le represente convertido en sacerdote: «nosotros tenemos un altar (el altar de la cruz) del que no tienen derecho a comer los que dan culto en el tabernáculo» (13, 10).</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-medium wp-image-745" title="62 Reflexiones 5" src="http://www.revistautopia.org/wp-content/uploads/2009/11/62-Reflexiones-5-300x116.jpg" alt="62 Reflexiones 5" width="300" height="116" /></p>
<p><strong>Rasgos fundamentales del mensaje de Jesús como laico</strong></p>
<p>Jesús permanece siempre laico. Todo lo que hizo en su vida histórica fue claramente laica, determinado por su condición de ser de la tribu de Judá, no de la tribu de Levi. Jesús aparece tan claramente como un laico, tan distante de toda realidad sacerdotal, que lo que siempre habrá que tener en cuenta es que en él se ha realizado un «cambio del sacerdocio» por lo que no se parece en nada al sacerdocio del pueblo de Israel. La cuestión de Jesús se va siempre por unos derroteros que contradicen su condición de sacerdote: se va, por ejemplo, por los pobres, que fue siempre lo que fascinó a Jesús. Así continúa puntualmente su función como laico.</p>
<p>a) Los privilegiados de Dios son los pobres: Hasta tal punto se distancia Jesús del sacerdocio del templo que esto le obliga a preocuparse de algo que ha sido desde el principio muy querido por él: los pobres de su pueblo.</p>
<p>Pero esto nos fuerza a poner en primer plano las «Bienaventuranzas» de Jesús, que fue lo primero de que se preocupó Jesús al poco tiempo de haber comenzado su misión en Cafarnaún. «Dichosos vosotros los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios»: esta es la primera bienaventuranza que proclama Jesús. Los pobres, que eran la gran mayoría del pueblo de Israel, pasan a ser los preferidos de Jesús, porque eran también los preferidos de Dios, cuyo Reino comienza a proclamar Jesús como la gran alternativa entre ricos y pobres en que va a centrar su misión.</p>
<p>Jesús sabía muy bien cuán deteriorada y falsificada estaba la imagen de Dios en su mundo, y más directamente en los dirigentes religiosos de su pueblo. En tales circunstancias, no basta con que los dirigentes digan que representan a Dios, ni de actuar en su nombre. En la primera bienaventuranza aparece con toda claridad que Dios está en otra parte que donde solemos colocarle los hombres para manipularlo en favor nuestro. Más exactamente: Dios está en la parte contraria de donde le han colocado los poderosos de su tiempo, lo mismo los dirigentes religiosos judíos como el poder imperial romano en Palestina. Esa parte contraria es el ámbito de los pobres, de los sometidos y marginados, dentro del pueblo de Israel.</p>
<p>No es nada fácil captar la carga subversiva de este mensaje de Jesús: los que hasta entonces no habían contado para nada en la construcción de aquella sociedad, porque en realidad no servían para nada, son los que cuentan para Dios a la hora de construir su Reino. No era de la parte «religiosa» de su pueblo, ni siquiera del templo de Jerusalén, de donde cabría esperar las promesas de Dios para su pueblo, sino de las manos de un laico como Jesús.</p>
<p>Pero no hay que olvidarse de las malaventuranzas que Jesús dedica a los prepotentes de su pueblo: “¡Ay de vosotros los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo!» (Lc 6, 20-24). En otra ocasión, cuando Jesús se encuentra con un joven rico, que renuncia a seguirle porque “tenía muchas posesiones”, aprovecha para decirles a sus discípulos: “¡Con qué dificultad van a entrar en el Reino de Dios los que tienen el dinero!&#8230;Más fácil es que pase un camello por el ojo de una aguja que no que entre un rico en el Reino de Dios” (Me 10, 22-25).</p>
<p>No podría decirlo Jesús más claro: emplea un símil, que pronto se convertirá en proverbio, para explicar lo difícil que es que un rico entre en el Reino de Dios. Y esto nos obliga a considerar quiénes son los ricos dentro de su pueblo: los poderosos y los opulentos, que son los que tienen el dinero en el pueblo de Israel. Estos son, sin duda, los sacerdotes del templo, que lo han convertido en un «mercado» (Jn 2, 16) Y en la irrisión de la gente. Nadie podía lanzar en nombre de Dios la corrupción del templo sino un laico como Jesús, que había puesto en vigencia, contra los ricos, los preferidos de Dios que son los pobres, de manera que la Buena Noticia que es el Evangelio pertenece únicamente a los pobres.</p>
<p>b) El buen samaritano: Jesús presenta siempre como un «prójimo» a toda la inmensa mayoría de los pobres que forman parte de todo el pueblo de Israel. Ese “prójimo» que, para el sacerdote y el levita «dan un rodeo y pasan de largo», sucede que a Jesús «le dio lástima», es decir, «le conmovieron las  entrañas» al ver lo que acababa de ver.</p>
<p>En otra ocasión, cuando da de comer a cinco mil hombres, y ocasionó un entusiasmo popular en torno a él, «le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor» (Mc 6, 34). ¿Qué es lo que ocurrió a Jesús? Pues le ocurrió que «se le conmovieron las entrañas» al ver a tanta gente a quien los dirigentes del pueblo habían abandonado a su suerte. Un laico como Jesús, que se compadece de los pobres, es capaz de responder como nadie a la inmensa muchedumbre de los pobres que los sacerdotes del templo habían dejado abandonados como ovejas sin pastor. El laico Jesús sabe que «mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen, y les doy vida eterna; no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano» (Jn 10, 27-28).</p>
<p>c) El «pueblo sacerdotal»: Jesús fue el «arrojado fuera de la ciudad» por los sacerdotes de su pueblo. Sólo desde él nosotros los cristianos somos un «pueblo sacerdotal» que estamos llamados a salir donde él fue arrojado: «Salgamos, pues, donde él fuera del campamento, cargando con su oprobio, pues no tenemos aquí ciudad permanente, sino que andamos buscando la futura». Y se nos recuerda lo que deberíamos tener siempre presente: «No os olvidéis de hacer el bien, ni de la puesta en común de los bienes: esos son los sacrificios que agradan a Dios» (Hb 13, 13-16).</p>
<p>d) El final de la historia: Jesús fue definitivamente un laico. Sólo al final de la historia, todos los hombres serán llamados a aparecer delante de él: «Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui extranjero y me recogisteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, estuve en la cárcel y fuisteis a verme». ¿Cuándo pasó todo esto? «Cada vez que lo hicisteis con un hermano mío de esos más humildes, lo hicisteis conmigo» (Mt 25, 35-40). «El criterio determinante del juicio de Dios sobre la historia no va a ser un criterio religioso, sino estrictamente laico»,dice un conocido teólogo.</p>
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		<title>Laicidad como oportunidad</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Nov 2009 22:44:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[2007]]></category>
		<category><![CDATA[Nº 62. Un mundo sin fronteras 2. Laicidad (Junio 2007)]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[Jesús Bonet Navarro
Laicidad, pluralidad y dinamismo
La laicidad es uno de los frutos de la mente pluralista y sinceramente democrática. No hay que confundir laicidad (que es un concepto incluyente de la diversidad, religiosa o no) con laicismo (que excluye del quehacer social común lo que huela a religioso).
Una sociedad laica, madura, no confesional, no organizada [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: right;">Jesús Bonet Navarro</h4>
<h4>Laicidad, pluralidad y dinamismo</h4>
<p>La laicidad es uno de los frutos de la mente pluralista y sinceramente democrática. No hay que confundir laicidad (que es un concepto incluyente de la diversidad, religiosa o no) con laicismo (que excluye del quehacer social común lo que huela a religioso).</p>
<p>Una sociedad laica, madura, no confesional, no organizada sobre el principio de sacralidad, es un espacio de encuentro entre diferentes, sin renunciar a la identidad de cada uno, con tal que esa identidad no sea excluyente de las demás. Por eso, acoger un clima laico de convivencia y desenvolverse en él no significa abandonar o descafeinar nuestras creencias y convicciones, pero sí aceptar que los otros pueden ofrecer un complemento, una apertura e incluso una corrección a nuestro modo de entender la realidad y el sentido de la vida.</p>
<p>Nos hallamos, querámoslo o no, en una sociedad cada vez más laica, más postreligional (quizá aún no postreligiosa), pero que no tiene por qué ser antirreligiosa. Dicho con otras palabras: pasaron los tiempos en que la comunidad civil de un lugar era, al mismo tiempo, la comunidad religiosa de ese lugar; por otra parte, aún no estamos en la época en que la religión haya dejado de existir individual o socialmente; pero, desde luego, el cambio de ejes sociales no significa que estemos en una sociedad antirreligiosa.</p>
<p>Esta sociedad en que vivimos será cada vez más plural y más pluralista. El monolitismo fundamentalista, más basado en la ignorancia y en el miedo que en la seriedad de las convicciones, dará todavía muchos quebraderos de cabeza y provocará mucha violencia, pero tiene poco futuro, porque va contra la evolución natural: desde el Big-bang, la naturaleza, sobre todo la viva, se ha enriquecido progresivamente pluralizándose y diversificándose, pero sin impedir la convivencia y la coherencia de la biodiversidad; una especie que se queda sola o no se adapta, termina desapareciendo. “El pluralismo, como dice Raimon Panikker (Entre Dieu et le cosmos, 166), es una de las experiencias más ennoblecedoras que puede experimentar la conciencia humana”. Nadie que conozca un poco el dinamismo de la vida interior del ser humano, buscador inquieto por naturaleza, puede dejar de ser pluralista y, en el fondo, dejar de ser laico en el sentido explicado.</p>
<p>Cuanto más profundizamos en la experiencia personal, incluida la religiosa, más tomamos conciencia de que nuestra visión de la realidad, particularmente de la Gran Realidad, que es fundamento de todo, es limitada. Cuanto más abiertos estamos a aprender de otros, menos dispuestos estamos a enseñarles visiones dogmáticas de las cosas; es más, difícilmente podemos tener la pretensión de enseñar a los demás cuando no tenemos la humildad de aprender de los demás. Por eso, la laicidad es ese juego dinámico de aprender y compartir, admitiendo que algunas cosas nuestras que queramos compartir con otros no las aceptarán ellos, y viceversa; pero no nos sentiremos frustrados ni experimentaremos eso como ofensa a la verdad.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-medium wp-image-740" title="62 Reflexiones 2" src="http://www.revistautopia.org/wp-content/uploads/2009/11/62-Reflexiones-2-300x187.jpg" alt="62 Reflexiones 2" width="300" height="187" /></p>
<h4>La laicidad como oportunidad</h4>
<p>Quienes entendemos por fe religiosa una búsqueda, un camino, un compromiso, una confianza en la existencia de un Ser que nos ama y que da sentido a nuestra vida, y al que imperfectamente, con nuestras palabras, llamamos con diferentes nombres (según cada tradición religiosa), pero que verdaderamente es el innombrable, el inexpresable, el inexplicable, &#8230; tenemos que aceptar que la visión religiosa de la vida, especialmente tal como muchos hoy la entienden (o la malentienden), no es el único mapa que orienta a las personas hacia la liberación humana. Hay pluralidad de sentidos de la vida, de cosmovisiones, de sistemas de orientación. Nadie abarca la totalidad de la verdad, que, sin embargo, todos buscamos.</p>
<p>La progresiva secularización, que ha ido de la mano del desarrollo de la democracia y de la autonomía de la razón, ha introducido muchas sospechas sobre los absolutismos. La Gran Realidad, el Gran Misterio de la vida, nos abraza a todos, aunque no lo busquemos, pero nadie tiene los brazos suficientemente largos para abrazarlo a Él.</p>
<p>Por eso, la laicidad, con su secularización por un lado y su pluralismo por otro, es la gran oportunidad de coger manos de otros (sin que nos creamos obligados a lavar las nuestras después) para buscar juntos y hacer un mundo más humano y más habitable. La credibilidad de un mensaje nunca nace del aislamiento de quien lo transmite ni de la imposición a los otros de ese mensaje o de sus aplicaciones concretas. No se trata de negar la parte de verdad que cada uno tiene la impresión o la confianza de estar encontrando; lo que la laicidad niega, y con razón, es la pretensión de absoluto de cada descubrimiento y de su imposición al conjunto de las personas.</p>
<p>Aspectos de la oportunidad</p>
<p>La laicidad es una oportunidad tanto para creyentes como para no creyentes, porque la búsqueda y el encuentro son una necesidad de todos; pero aquí vamos a referirnos a la oportunidad que representa para los creyentes, después de una historia de dogmatismos, hogueras para herejes y brujas, e intolerencia fanática en algunos casos, aun reconociendo que todo eso no tiene nada que ver con la fe y que tampoco todos los creyentes, ni mucho menos, se han comportado así.</p>
<p>El primer aspecto de la oportunidad que se presenta es renunciar a los conceptos de personas elegidas, pueblo elegido, religión elegida, revelación exclusiva&#8230;, aceptando, a cambio, el papel de ser testigos de una fe que se expone pero no se impone.</p>
<p>Inmediatamente detrás, iría la convicción de que la razón y la ciencia (desde la genética y la física hasta la antropología, la psicología y la sexología) no son siervas de la fe (o de la teología), como todavía algunos parecen seguir considerando. No se puede estar al acecho de casi cada nueva aportación de la ciencia para armarse de prejuicios y de moralismos que, muchas veces, se demuestra al poco tiempo que sólo sirven para hacer el ridículo. Siguiendo la actitud de Jesús, podría decirse: “dad a la ciencia lo que es de la ciencia y a Dios lo que es de Dios”.</p>
<p>Seguidamente, iría la ética: una moral laica, no religiosa, autónoma, compartida con todos, basada en la razón y en la experiencia, aprovechando la herencia y las aportaciones actuales de las tradiciones religiosas, pero sin que ninguna de éstas intente imponer su ética de máximos a las otras tradiciones ni a quien no quiere saber nada de ninguna; confiando, sobre todo, en que la persona humana tiene capacidad de descubrir, evolucionar y rectificar.</p>
<p>Como consecuencia inmediata (¡ojalá se hubiera hecho esto hace mucho tiempo!), tiene que darse la separación efectiva entre Iglesia y Estado (financiación, exención de impuestos, enseñanza académica de la religión, acuerdos bilaterales privilegiadores&#8230;), con la certeza de que, emancipándose cada uno de los dos respecto al otro, la sociedad laica puede llevar mejor las relaciones pero sin intromisiones; y, por otra parte, con la aceptación, por parte de la Iglesia, de que el Estado tiene que legislar para todos los ciudadanos y no sólo para los creyentes, no dependiendo únicamente de los valores o principios éticos de éstos.</p>
<p>De ahí se derivaría una mayor libertad de la Iglesia para criticar algunas religiones laicas cuyos ídolos son, frecuentemente, tan dogmáticos como los de las religiones sagradas: el mercado, el neoliberalismo, el socialismo totalitario, el consumo, el culto a la eterna juventud del cuerpo, el materialismo, el disfrute del presente sin responsabilidad hacia el futuro, el individualismo&#8230;, cada uno de estos ídolos con sus mitos y dogmas.</p>
<p>Si queremos un mundo sin fronteras, ese mundo tiene que ser laico. La fe seguirá teniendo valor en el ámbito personal y en su proyección social y política (compromiso por la justicia, participación en la elaboración de la ética de mínimos), pero sin pretender ser siempre la directora de una orquesta en la que hay instrumentos de todos los tipos; ayudará a iluminar, a ofrecer caminos y sentidos, pero no tratará de exigirlos a todos. La Iglesia, sobre todo en sus estructuras y en sus áreas más conservadoras, tendrá que curarse del reumatismo crónico que padece, para que funcionen sus articulaciones y no lance gritos de dolor, en lugar de gritos de alegría, cuando la humanidad camina. “El papel de la Iglesia –dice Juan Masiá, Tertulias de bioética, 184-, no es el de ser gendarme de la moralidad, sino el de ser proclamadora de esperanza”; y –añado yo- proclamadora de libertad. Sin ello, no será signo de los tiempos, porque se exculturará y perderá el lenguaje imprescindible para comunicarse, o sea, el lenguaje que todos podamos entender. Y entonces, si la sal ha perdido el sabor, ¿para qué sirve? (Mt 5,13).</p>
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		<title>Laicidad: un estado laico con organismos públicos laicos en una sociedad civilmente laica</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Nov 2009 22:37:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[2007]]></category>
		<category><![CDATA[Nº 62. Un mundo sin fronteras 2. Laicidad (Junio 2007)]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.revistautopia.org/?p=736</guid>
		<description><![CDATA[ Javier Domínguez
Europa ha vivido durante siglos en un régimen de cristiandad. En este régimen, la Iglesia participa directamente en el poder político, legislativo y judicial a través del clero, sobre todo de los obispos. Hubo tiempos en que algunos obispos eran Señores feudales, con poder absoluto en sus feudos, para cuyo ejercicio contaban con ejércitos.
En [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: right;"> Javier Domínguez</h4>
<p>Europa ha vivido durante siglos en un régimen de cristiandad. En este régimen, la Iglesia participa directamente en el poder político, legislativo y judicial a través del clero, sobre todo de los obispos. Hubo tiempos en que algunos obispos eran Señores feudales, con poder absoluto en sus feudos, para cuyo ejercicio contaban con ejércitos.</p>
<p>En Europa se produce una auténtica revolución que dura siglos y termina con el régimen de cristiandad, quita el poder político a los obispos y en parte al Papa y establece un régimen laico.</p>
<p>      Concretándonos al caso de España, el régimen de cristiandad, ya muy evolucionado porque ya no existen obispos con ejército o con tribunales que condenan a muerte, se perpetúa con Franco a través de lo que se llamó “nacional catolicismo”. En este régimen los obispos participan del poder legislativo (están presentes en las Cortes), del ejecutivo (están presentes en el Consejo del Reino y el Consejo de Regencia) y del judicial (en cuestiones matrimoniales el tribunal competente es el del obispo) . Además,  los clérigos y los obispos gozan de privilegios y no se les aplican las leyes generales del país. (Por ejemplo,  los sacerdotes reos de delitos graves como pederastia o violación no cumplen la condena en las cárceles del Estado, sino en conventos o lugares determinados por el obispo).</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-medium wp-image-737" title="62 Reflexiones 1" src="http://www.revistautopia.org/wp-content/uploads/2009/11/62-Reflexiones-1-300x107.jpg" alt="62 Reflexiones 1" width="300" height="107" /></p>
<p>Con este nacional catolicismo termina la Constitución de 1978, que establece un régimen laico. Cuando se discutía la Constitución, el Parlamento estaba de acuerdo en la laicidad del Estado (eran tiempos de consenso), pero la Conferencia Episcopal no estaba conforme con la absoluta laicidad de las instituciones y propusieron una fórmula, que fue aceptada por los políticos del consenso y pasó al texto constitucional: “Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica”…A esta propuesta de la Conferencia Episcopal, los legisladores añadieron “y las demás confesiones”.</p>
<p>Hay una lucha indudable entre los partidarios de la confesionalidad del Estado y los que opinamos que el Estado debe ser laico, absolutamente laico. Esta laicidad no se ha conseguido todavía. Incluso hay muchos que pretenden que la Constitución Europea incluya un artículo semejante al de la Constitución Española, reconociendo que Europa es lo que es por el cristianismo. Esta campaña está dirigida por el Papa personalmente.</p>
<p>Las relaciones entre la Iglesia y el Estado todavía no están claras. Sobre todo porque hay por medio un tratado internacional con el Vaticano, que tiene el valor normativo de todos los tratados internacionales .</p>
<p>Hemos puesto un título largo a este artículo: UN ESTADO LAICO, CON ORGANISMOS PUBLICOS LAICOS PARA UNA SOCIEDAD CIVILMENTE LAICA.</p>
<p>Un Estado laico,  es decir, un Estado en el que el poder legislativo, ejecutivo y judicial sean laicos, es decir,  neutros con respecto a la Iglesia o las iglesias o las confesiones.</p>
<p>En España todavía la Iglesia mantiene un poder judicial importante con respecto al matrimonio de los creyentes y en su delirio llega a no admitir como válido el matrimonio civil de los creyentes ni el divorcio. Pretendió, sin conseguirlo, que para los matrimonios de creyentes no fuera válido el divorcio. En tiempo de Franco los sacerdotes no podían contraer matrimonio, porque el celibato regía como ley civil.</p>
<p>En el poder ejecutivo y legislativo tiene también participación directa a través del Vaticano, que es un Estado internacionalmente reconocido y subscribe tratados  que incluyen el que los obispos y los párrocos reciben un sueldo salido de los presupuestos generales del Estado.</p>
<p>Propugnamos un Estado laico, es decir,  un Estado secularizado y democrático: un Estado para el que ser católico  o judío o islámico no suponga una condición especial que matice los derechos y los deberes de los ciudadanos.</p>
<p> Organismos públicos laicos. La secularización en este aspecto de los organismos públicos es imparable, aunque todavía quedan algunos aspectos inquietantes. Los hospitales públicos no tratan de distinta manera a una persona porque sea creyente o atea. Las ventanillas de la administración son tan tediosas para un cristiano como para un musulmán y hoy en día podemos afirmar que los organismos públicos son laicos, gracias a Dios. Queda el problema de la educación pendiente y en litigio y el de las misas y actos religiosos en el ejército.</p>
<p>Para una sociedad civilmente laica. Hubo tiempos en que la sociedad civil se estructuraba por la religión, con barrios distintos para judíos, islámicos y cristianos, que se regían por normas distintas. El Rey se titulaba, el Rey de las tres religiones. Al propugnar una sociedad civilmente laica propugnamos una inserción en la sociedad civil por la ciudadanía y nada más que por la ciudadanía con igualdad de derechos y de deberes</p>
<p>¿Y la Iglesia qué? El Estado garantiza la libertad religiosa y la libertad de asociación religiosa. La Iglesia debe buscar su acomodo en un mundo secularizado, que debe empezar por la renuncia de una vez al poder temporal.</p>
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		<title>La Laicidad, reflexiones desde una perspectiva internacional</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Nov 2009 22:29:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[2007]]></category>
		<category><![CDATA[Nº 62. Un mundo sin fronteras 2. Laicidad (Junio 2007)]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevista]]></category>

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		<description><![CDATA[Raquel Mallavibarrena
Elfriede Harth, Frida, aporta en esta entrevistasus opiniones y convencimientos sobre la laicidad. Se sitúa para ello en una posición de privilegio: europea de origen colombiano participó activamente en el inicio del Movimiento Internacional Somos Iglesia, y sigue estando muy presente en otras redes de cambio social y eclesial (Red Europea Iglesia en Libertad, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: right;">Raquel Mallavibarrena</h4>
<h4>Elfriede Harth, Frida, aporta en esta entrevistasus opiniones y convencimientos sobre la laicidad. Se sitúa para ello en una posición de privilegio: europea de origen colombiano participó activamente en el inicio del Movimiento Internacional Somos Iglesia, y sigue estando muy presente en otras redes de cambio social y eclesial (Red Europea Iglesia en Libertad, grupo de trabajo del Parlamento Europeo sobre la separación de lo religioso y lo político). Desde hace varios años es la representante europea del movimiento internacional Católicas por el Derecho a Decidir, que tiene también su versión española (www.catholicsforchoice.org). Ha estado por aquí varias veces, la última en el Congreso de Teología del pasado setiembre. Su ponencia se encuentra en las actas de dicho congreso y también en <a href="http://www.redescristianas.net">www.redescristianas.net</a></h4>
<p style="text-align: right;"><img class="alignright size-medium wp-image-732" title="62 Entrevista 1" src="http://www.revistautopia.org/wp-content/uploads/2009/11/62-Entrevista-1-300x225.jpg" alt="62 Entrevista 1" width="300" height="225" /></p>
<p><strong>Frida es una mujer con una capacidad de trabajo formidable, sus iniciativas y propuestas dan muestra de su compromiso auténtico con el mundo y con el cristianismo. Los lectores de Utopía tendrán la ocasión, al leer esta de entrevista, de conocer puntos de vista de una persona cercana a nosotros pero que no vive en España. Su perspectiva europea, americana y en definitiva internacional, enriquece sin duda la visión que en este número de Utopía queremos dar al importante tema de la laicidad.</strong></p>
<p><strong>En España el termino «laicidad» se confunde a menudo con «laicismo», por otro lado, al venir de una etapa de confesionalidad del Estado, creo que estamos aún en un proceso sin terminar sobre la idea que tenemos católicos y no católicos sobre la laicidad de nuestra sociedad. ¿Puedes expresar en unas frases qué es la laicidad?</strong></p>
<p>Se habla de laicidad en los países latinos, donde el catolicismo fue la religión monopolística durante mucho tiempo, mientras que se denomina secularización en países que conocieron en su historia la diversificación religiosa (como en Alemania cuya población católica es aproximadamente igual de numerosa a la protestante) o al menos la independencia de Roma (como los países nórdicos, predominantemente protestantes). Lo que se quiere circunscribir es que los ámbitos de la política y de la religión son diferentes, separados, se rigen por su propia lógica y en todo caso, la autoridad política se emancipa de la religión. El soberano ya no detenta  la autoridad «por la gracia de Dios». La autoridad reside en el pueblo, y es su voluntad la que determinará las reglas del convivir.</p>
<p>Una diferencia importante que se ha dado entre ambas variantes de esa emancipación de lo político de lo religioso es que en el caso de naciones «católicas», la lucha era entre una autoridad nacional (el Estado) y una autoridad extra- y supranacional (la «Iglesia universal» encarnada por la Santa Sede) mediada por un episcopado cuya lealtad está primero que todo con el Papa, mientras que en los países protestantes se trata de una religión «nacional» que en el fondo está sometida al Estado.</p>
<p>Cuando la libertad religiosa triunfa como ideal &#8211; y se la reconoce como derecho humano &#8211; resulta imposible la existencia de un monopolio «religioso». La política debe legislar para todas y todos y no es posible imponerle a la totalidad las ideas de un solo grupo, por muy grande que éste sea.</p>
<p>La laicidad por  consiguiente es un principio que hace posible el pluralismo, que no debe confundirse con relativismo. La laicidad es un conjunto de valores profundamente humanistas, una moral que define reglas de convivencia. Hay que tener bien claro que la laicidad no proporciona al individuo respuestas a sus interrogantes existenciales. Estas respuestas las encontrará en las filosofías de vida y las religiones. Lo que proporciona la laicidad es las reglas para que esas filosofías y religiones convivan pacíficamente unas con otras en un espacio social y político determinado.</p>
<p><strong>Más allá del debate surgido sobre la mención de las «raíces cristianas de Europa» en la Constitución Europea, y desde tu participación en el grupo de trabajo sobre estos temas en el Parlamento Europeo, ¿cómo ves la situación en Europa, crees que se está yendo en la buena dirección a la hora de afrontar conflictos como, por ejemplo, la presencia del velo o símbolos religiosos en los estudiantes, profesores, funcionarios? ¿Está reñida la laicidad social con la libertad para que una persona muestre signos de sus creencias religiosas?</strong></p>
<p>Europa es el continente más «secularizado» del mundo, en el sentido que para la mayoría de la población la tolerancia religiosa y filosófica es un valor fundamental. Es un valor que fue conquistado con guerras desastrosas que diezmaron las poblaciones europeas. De la idea de un Dios intolerante y celoso que no admitía a ningún otro Dios al lado suyo, pasando por la idea de la muerte de Dios llegamos a la idea de un Dios misericordioso que respeta (el Dios del profeta Oseas). Las mismas religiones cristianas buscaron y encontraron en sus tradiciones elementos a favor de la libertad religiosa.</p>
<p>Con la globalización productora de exclusiones sociales gravísimas (y antievangélicas), estamos asistiendo al surgimiento de una instrumentalización de la religión como símbolo de identidad, es decir de espacios en donde encuentren el sentimiento de integración, de inclusión, de pertenencia quienes se sienten excluidos.</p>
<p>Ahora, una enfermedad nunca se ha curado combatiendo los síntomas y dejando intactas sus causas profundas. Es necesario crear inclusión, más allá de las diversas identidades particularistas. Prohibir los signos religiosos no sólo no basta, puede hasta ser contraproducente. Lo que toca es romper los mecanismos de la exclusión. &#8211; Y es necesario que el valor de la libertad religiosa, que tanto nos costó, sea protegido. Y debemos intentarlo por la vía no-violenta. Todo esto es un desafío muy grande. Pero al mismo tiempo se trata de cuestiones muy profundas y graves que nunca son fáciles, sino que tienen un precio muy alto: por algo se habla de «valores».</p>
<p> <strong>En lo que se refiere a las relaciones entre las iglesias y el Estado, ¿crees que las religiones deben tener ayudas económicas o algún tipo de privilegios por parte del Estado o más bien situarse como un grupo humano mas dentro de una sociedad plural y democrática?</strong></p>
<p>Como religiones no deberían sino confiar en que Dios les proporcionará la ayuda que necesiten. Desde cuándo necesita Dios depender del óbolo de César? Pero en cuanto a las obras que puedan llevar a cabo las religiones: se les deberían acordar según los mismos criterios que existen para cualquier otro grupo humano: los colegios religiosos deben recibir ayuda si se ha decidido ayudarle a colegios privados. Los hospitales católicos deben recibir los mismos subsidios que otros hospitales privados, pero en contra-partida deben respetar todas las normas vigentes para poder recibir estos subsidios. (Pienso por ejemplo en servicios de planificación familiar, aborto, etc.). Por otro lado me pregunto si realmente es necesario tener por ejemplo colegios católicos. Son como ghettos dentro de la sociedad. ¿No sería mejor que los maestros católicos trabajaran en colegios públicos, siendo allí la levadura del pan? Igual con médicos y enfermeras.</p>
<p><img class="alignleft size-medium wp-image-733" title="62 Entrevista 2" src="http://www.revistautopia.org/wp-content/uploads/2009/11/62-Entrevista-2-300x225.jpg" alt="62 Entrevista 2" width="300" height="225" /></p>
<p><strong>Tu conocimiento de muchos países de América Latina puede aportarnos cómo se plantea la laicidad allí, ¿cuál es tu experiencia y valoración de las inquietudes sobre este tema fuera de Europa?</strong></p>
<p>En América Latina sigue existiendo una gran influencia de la Iglesia católica, que quizá sea más fuerte desde un punto de vista cultural que legal. Pues la mayoría o quizá todos los países latinoamericanos tienen constituciones modernas en las que la laicidad es elemento constitutivo. Pero durante muchísimo tiempo hubo una alianza muy fuerte entre las élites que gobernaban y la Iglesia católica. La Iglesia proporcionaba todos los elementos necesarios para JUSTIFICAR la explotación de una mayoría pobre, y excluida de la instrucción (que se encontraba en manos de la Iglesia  y estaba reservada a las élites) por una minoría rica y culta. Y la Iglesia reclutaba a todos sus dirigentes y dignatarios entre las familias de la élite.</p>
<p>Pero la modernidad no dejó de producir efectos. También en América Latina se ha dado un desencantamiento del mundo y un cuestionamiento creciente de la religión dominante. La casta latifundista, la más aliada a la Iglesia, perdió el monopolio del poder. Las élites empezaron a perder el interés por la Iglesia que ya no lograba reclutar cuadros en estas capas sociales. Al mismo tiempo el éxodo rural cada vez más masivo, que creó ciudades muy grandes, desarraigó a amplios sectores de la población. Los cataclismos de la primera mitad del siglo XX tuvieron como resultado la descolonización.</p>
<p>Descolonización que también se produjo en la Iglesia. Pues también la Iglesia católica, una institución profundamente europea y tanto actor como producto de la historia de ese continente se vio afectada por ese movimiento histórico. La respuesta fue por un lado el Concilio Vaticano II. Y en América Latina más específicamente llevó el nombre de Teología de la Liberación.</p>
<p>Cuando hablo de descolonización dentro de la Iglesia pienso en el cuestionamiento profundo de las bases de la autoridad dentro de la Iglesia. ¿El sensus fidelium qué más es sino la idea de que Dios, el Espíritu está encarnado en el Pueblo, en la Comunidad entera y no se transmite (sólo y de manera privilegiada) a través del ritual de la imposición de las manos y la unción con óleos sagrados? Es una idea profundamente democrática y por lo tanto que no admite ya que aquellos que han sido ungidos con santos óleos y a quienes se les haya impuesto las manos tengan el monopolio de la Verdad y de la Revelación.</p>
<p>Como en muchos asuntos de la vida cotidiana la jerarquía de la Iglesia opta por conservar pautas muy rígidas y desconectadas de la realidad, (por ejemplo en materia de matrimonio, familia, moral sexual, anti-concepción, aborto), pierde su autoridad dentro de la misma comunidad, que entonces se «seculariza», prefiriendo que el ámbito político organice la vida de la comunidad de manera operativa, relegando la religión a un ámbito opcional.</p>
<p>Creo que, a pesar de una profunda religiosidad persistente en América Latina, la mayoría de los católicos son muy laicos: la libertad religiosa y la tolerancia religiosa son algo que se ha arraigado muchísimo. Esto explica por un lado la facilidad con que se está dando el éxodo de católicos a otras comunidades religiosas cristianas, que se ve acompañado por una especie de emigración interna dentro de la Iglesia católica, en la cual se sigue siendo católico pero sin compartir el canon de los preceptos morales y dogmáticos que constituyen lo que la jerarquía pueda considerar «ser católico».</p>
<p><strong>En los últimos años estamos asistiendo a una presión grande de la jerarquía católica a favor de una vuelta a una Iglesia &#8211; Cristiandad, con presencia e influencia social fuerte en los distintos países (indicaciones a los políticos católicos, manifestaciones públicas que no reflejan la pluralidad de opiniones de los católicos, etc.), ¿hay que volver la vista al Evangelio para rescatar al Jesús laico?</strong></p>
<p>Es extraño que la jerarquía de la Iglesia insista tanto en una Iglesia-Cristiandad cuando se trata de cuestiones de la vida privada de los individuos: la familia, los derechos sexuales y reproductivos&#8230; Como dice una teóloga feminista colombiana, los obispos excomulgan por un aborto, pero nunca han excomulgado por una violación. Ni se ha oído que amenacen con excomulgar a políticos que empiecen guerras, perpetren masacres o que se opongan a políticas sociales en sus países o que les nieguen la entrada a sus países a personas que llegan huyendo de la violencia o la miseria, etc&#8230; y esto a pesar de la «opción por los pobres».</p>
<p> <strong>La laicidad es un valor deseable para una sociedad, pero a la vez presenta retos importantes para las personas, uno de ellos, a mi juicio básico, sobre todo para los jóvenes, es la construcción de la propia identidad en un ambiente que no te lleva de la mano, sino que te da muchas opciones y ante las cuales hay que situarse y elegir. El riesgo es la existencia de mujeres y hombres con perfiles muy difusos que se mueven en una sociedad que no presenta referentes claros y que no te invita a tomar opciones serias, etc. ¿Cómo podemos trabajar para que la laicidad aporte enriquecimiento a nuestras vidas y no empobrecimiento, confusión y superficialidad?</strong></p>
<p>Cada sociedad crea sus valores en un proceso largo y complejo y este proceso es interminable y no es inmutable a lo largo de la historia. Es como el idioma en el que se expresa y comunica un grupo o una sociedad. Cuando nacemos ya existe. Lo aprendemos, aprendemos su léxico, su morfología, su sintaxis&#8230; y todos aprendemos a hablarlo, más o menos bien, aunque quizá nunca tomemos clases de gramática. Pero aprender un idioma y utilizarlo es un proceso activo. Ahora, cuando se dan mezclas de poblaciones que hablan lenguas maternas diferentes, se crean los «pidgins», las lenguas francas. De estas puede surgir un idioma nuevo. El castellano, el francés, el italiano, el portugués, el catalán&#8230; son por ejemplo idiomas que se crearon al mezclarse el latín con los idiomas que hablaban poblaciones no latinas. Cuando una persona no domina el idioma que habla la mayoría sufre de una especie de discapacidad social: la calidad de su comunicación con los demás es deficiente y esto con frecuencia es frustrante y hasta traumático. Quizá logre algún día dominar el idioma extranjero a perfección, pero quizá también le imponga a éste nuevos vocablos, como «pizza», «internet», «marketing», «ipod» etc.</p>
<p>Así es con los valores: cada individuo es socializado a través de la vida que vive concretamente y aprende las reglas y los valores que dominan en el grupo en el que crece. Quizá reciba clases en las que se le enseñe la gramática de estos valores, pero, aunque nunca la conozca, la vida le habrá enseñado concretamente que hay cosas que «pagan» y otras que no, que hay cosas que están prohibidas y otras recomendadas, que ciertas cosas son muy valiosas y otras no. A mi modo de ver esto no tiene que ver con religión ni con laicidad. Depende sencillamente de lo que entre todas y todos hagamos de nuestra sociedad, de la forma en que practiquemos los valores.</p>
<p>Todas las sociedades tienen valores. lo que sí puede ser es que no compartamos esos valores. Es como con el idioma: también la lengua franca tiene su léxico y su gramática, pero puede que nos duela la forma en que se «violente» la propia lengua. ¿Qué se puede hacer en tal caso? Por ejemplo ingeniarse métodos para promover la instrucción del idioma «correcto». El éxito será limitado y dependerá de muchos factores. Pero al final es posible imaginar que de la lengua franca resulte un idioma nuevo muy rico, que produzca poetas y premios nobel de literatura&#8230;  Cada uno de nosotras y de nosotros está bebiendo día a día en el sistema de valores que es nuestra sociedad pero al mismo tiempo lo está forjando. Como con el idioma que hablamos, depende de nosotras y nosotros cómo éste siga evolucionando, cómo lo aprendan nuestros hijos, los extranjeros que lleguen a nuestro país&#8230;. Y «siempre habrá pobres entre vosotros»&#8230;  Creo que no puede decretarse un sistema de valores, debemos entre todas y todos construirlo y cuidarlo. Yo reconozco muchos signos esperanzadores en medio de lo que algunos califican de «pérdida de valores y referentes».</p>
<p>Y pienso que como cristianas y cristianos debemos confiar en el Espíritu y en la bondad de la especie humana: vivimos esclavitudes y atravesamos desiertos, pero existe una Tierra prometida por Dios a la que Dios sabrá llevarnos. Aunque no todos lleguemos hasta ella, existe como horizonte y es la esperanza que puede guiarnos y animarnos. Y en el camino podemos animarnos mutuamente y apoyarnos cuando sintamos que alguien está desfalleciendo. Me parece buen signo que haya gente preocupada por los valores.</p>
<p><strong>Al interior de la Iglesia católica tenemos una situación de clericalismo, y en ese sentido, falta de laicidad, importante. Dada tu larga trayectoria a favor de la renovación dentro de la Iglesia católica, qué ideas aportarías sobre cómo avanzar pese a las muchas dificultades y desánimos?</strong></p>
<p><strong>Aquí también diría yo que hay que confiar y no perder la esperanza</strong>. ¿No nos prometió Cristo que donde estén dos o tres en su nombre él estará en medio de ellos? Pues está entre nosotras y nosotros. Está haciendo camino con nosotros. Está, pero muchas veces no somos capaces de reconocerlo, en particular cuando nos sentimos agobiadas y cansados. Es que el camino a través del Desierto hacia la Tierra Prometida no es precisamente un paseo fácil y de recreo, pero es el camino de la liberación de la esclavitud. Y no debemos olvidar que después de nosotras y de nosotros vendrán otras generaciones que también deberán caminar por el Desierto, pues también esas generaciones tienen derecho a la aventura de la utopía de la Tierra Prometida.</p>
<p>Aunque parezca absurdo y un trabajo de Sísifo: el ser cristiano es tener fe en la promesa, es avanzar hacia el horizonte que nunca se alcanza, es despertar cada mañana para construir humanidad y un mundo mejor. Un pedacito de mundo mejor, con nuestro prójimo concreto, con las personas que encontramos por el camino. No es nuestra tarea salvar el mundo ni resolver todos los problemas de la humanidad y de la historia, pues no somos Dios y Dios tampoco lo hace. Pero sí podemos cada día ser sal y luz para alguien. Y eso ningún clericalismo ni ninguna estructura prepotente nos lo puede impedir. ¿No es esa la mejor forma de subversión y de resistencia y de laicidad?</p>
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		<title>Iglesia católica y medios de comunicación en una sociedad laica</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Nov 2009 22:14:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[2007]]></category>
		<category><![CDATA[Nº 62. Un mundo sin fronteras 2. Laicidad (Junio 2007)]]></category>
		<category><![CDATA[Vivir de otra manera]]></category>

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		<description><![CDATA[Teresa Barbado Pedrera

La presencia de la Iglesia Católica en los medios de comunicación parece lógica y necesaria desde su significación en nuestra realidad social e histórica. Precisamente es en función de ello por lo que se justifica su derecho de acceso a la radio y televisión públicas, como se compila en diferentes leyes que también [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: right;">Teresa Barbado Pedrera</h4>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-medium wp-image-728" title="62 Vivir 3" src="http://www.revistautopia.org/wp-content/uploads/2009/11/62-Vivir-3-300x200.jpg" alt="62 Vivir 3" width="300" height="200" /></p>
<p>La presencia de la Iglesia Católica en los medios de comunicación parece lógica y necesaria desde su significación en nuestra realidad social e histórica. Precisamente es en función de ello por lo que se justifica su derecho de acceso a la radio y televisión públicas, como se compila en diferentes leyes que también atienden a otras confesiones religiosas. En la actualidad, si nos paramos detenidamente a analizar la relación entre medios de comunicación e Iglesia, observamos con claridad la utilización de este derecho por parte de la institución eclesiástica que además tiene alguno en propiedad, como es el caso de la COPE.</p>
<p>Una vez establecida la premisa desde la que se justifica social y legalmente el uso de los medios por parte de la Iglesia, cuando abordé el presente trabajo me surgieron fundamentalmente muchas preguntas que aún no he podido responder. Por ello he creído que lo más coherente era interactuar con todos aquellos que decidan leerlo, esbozando mis interrogantes y algunas de mis respuestas, todas ellas muy sencillas y aún abiertas en mi reflexión personal.</p>
<p>En un primer momento cuando se me planteó el abordar este tema me surgió cuestionarme sobre a qué nos referimos cuando decimos Iglesia, ¿estamos pensando en obispos y sacerdotes, o en cualquier creyente que pueda realizar una aportación? Mi experiencia me habla de la rareza de encontrar grupos que utilicen los medios como plataforma para reivindicar posiciones o posturas que difieran del mensaje institucional, y si así se ha hecho, lo común ha sido la tendencia a su silenciamiento de diferentes formas (casos recientes tenemos todos en nuestra memoria). Ante esta situación se me ocurrió apuntar hacia la posible existencia de una doble moral, por una parte, la Iglesia institucional se siente legitimada para hablar sobre cualquier tema social desde su perspectiva ideológica, pero por otro no considera que se deba comunicar lo que ocurre en su fuero interno o que desde fuera se opine sobre cómo debe funcionar la Iglesia. ¿Es la “razón de estado” más importante que los hermanos?</p>
<p>Avanzando en la materia pensé: ¿qué creemos como cristianos cabría esperar de un medio de comunicación de la Iglesia católica, en la que incluyo a todos y cada uno de los creyentes? Mi respuesta tomó la dirección de los caminos de la denuncia profética ante situaciones de desigualdad, el apoyo a los desheredados, el diálogo ante los avances científicos, la necesidad del respeto en las manifestaciones con las opiniones del otro, etc. Recordé en ese instante alguna alocución hiriente dirigida a personas concretas en una radio propiedad de la Iglesia en función de unos intereses políticos y entonces desde una profunda tristeza e impotencia me vino a la memoria la máxima atribuida a Maquiavelo: ¿el fin justifica los medios?</p>
<p>Y en estas lides me encontraba cuando empezó a rondarme la conciencia  que me interpelaba sobre cómo manifestar mis respuestas sin que fueran arrogantes, sin que las formulase o sonasen como verdades absolutas (nada más lejos de mi propósito). Y en este ejercicio de autocrítica me vino otra pregunta, la cual considero de vital importancia: ¿cómo debe la Iglesia formular su mensaje?</p>
<p>En este sentido mi respuesta fue en la línea de que el mensaje que transmita la Iglesia no debe hacerse desde una especie de altillo de la verdad, sino desde un humilde compartir un propio punto de vista sobre las cosas. Por una parte, creo firmemente que la Iglesia no debe tener  complejos para poder decir todo aquello que crea que tiene que aportar a esta sociedad desde su cosmovisión religiosa, a través de todos aquellos medios de comunicación propios o de otros, pero, por otra parte, debe aprender a hacerlo desde una búsqueda común de la verdad –y en este caso de la veracidad informativa- más que desde una especie de posesión de “la verdad” que no es entendida ni aceptada por el común de la sociedad, ni parece justificable en un entorno como el de los medios de comunicación social, que se rigen por leyes autónomas como la veracidad de las fuentes, la contrastación de los datos, etc.</p>
<p>Por último me cuestioné sobre la calidad, el aporte a la intelectualidad del pensamiento de los creyentes. En la transición democrática no era extraño leer, escuchar o ver en un debate televisivo a teólogos que eran requeridos por los medios para ofrecer sus opiniones. Es verdad que cada día nos movemos en una sociedad en lo que lo religioso queda en la esfera de lo privado,  pero eso no es óbice para estar presentes de forma activa en la misma con un mensaje abierto al dialogal. Quizás contribuyan a ello entre otros factores: la escasa pluralidad, los complejos adquiridos, el no responder lo suficiente al espectáculo mediático, etc;  pero personalmente creo que se puede confirmar la existencia de un considerable sector de la población que demanda los contenidos religiosos como demuestran la difusión de esta y otras publicaciones.</p>
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